Falta mucho para el amanecer.
Miraba a los infectados cada vez menos receptivos a su entorno.
Con los brazos cruzados no podía hacer mucho mientras mi ansiedad estaba creciendo, y solo el marco de la ventana sostenía a mi cabeza de su lado derecho.
Hunter estaba acostado con una pierna cruzada, mirando el revolver hasta que me la arrojó a unos centímetros de mi en el suelo.
—Fue a propósito.— Dijo todo y sin decir nada a la vez.
Era suficiente para mí, no me sorprendía que el revolver estaba encasquillado.
El imbécil quería matarnos... No toque más el tema.
—¿Y ella está viva?, ¿No hay una señal de auxilio ni por error?— le pregunté a Hunter.
—No. Se fue... Apenas y la conocías ¿por qué preguntar por su condición en cada oportunidad?
—No es su muerte lo que me consterna Hunter, es que sigo sin creer que ella está muerta.
Tengo la esperanza de volver a preguntarte y que me digas que Venator logró salvarla.—
—¿Sabes que exageras verdad?— Contesta Hunter.
—¡¿Sabes qué es más fuerte que Ligthcat y tú juntos verdad?! ¿Que tipo de infectado pudo matarla y seguir por allí?—
Hunter se levantó, no cuestionando la situación si no a mi. Desafiando me una vez más.
—Que te hace pensar que fue una de esas cosas.—
—¡Por el amor de Dios Hunter, viste a esas criaturas y apenas era una larva pero era más peligrosa que un infectado!— le grité, obligándolo a sentarse de nuevo y me siguió con la cabeza al baño solo para verme refrescarme el rostro nuevamente.
— Creí que eras ateo.— Suelta sin pena alguna.
En ese instante el Arquero entró a nuestra habitación algo apresurado pero bajo el ritmo apenas notó mi tensión.
—Lo siento, yo solo venía a decirte que ya estamos listos para irnos Yetzel.—
Desde el reflejo lo mire conteniendo mis emociones. —Bajo en cinco minutos.—
Antes del amanecer debemos estar lejos y a salvó en otro lugar, sólo tuve que secarme el cabello.
Los demás me esperaban en el pasillo, ninguno bajo.
—Es curioso. Está muy callado...— Dice Hunter.
Pronto entendería que el silencio no era en vano Frente a la salida Eliot estaba sentado con el bate descansando sobre el hombro.
Y no estaba sólo, sus ciegos seguidores salieron de la oscuridad con armas improvisadas.
—¿Ya no somos un equipo?— Nadie respondió.
—¡¿Ya no somos un equipo entonces... Alisson?!— Gritando, Eliot se levantó de golpe apuntando con el bate a Alisson que se escondía detrás de mí.
Me tomó de la mano, entrelazando los dedos y se aferró a mi brazo con su otra mano.
Sólo me molestó por el echo que ahora hizo que el escape sea más complicado.
—Con razón no llegaste a dormir en la noche... Así que, Yetzel, lo único que has hecho desde que apareciste fue quitar y quitar.—
La gente se acercó un paso, Eliot con la cabeza abajo le daba círculos a la silla. —Me quitaste mi refugio, mi gente, a mi Rol de canela...— Dijo entrecortado.
Genial, ahora el apodo de Alisson solo me hizo sentir más empalagodo que culpable. Podría dejarme ir, pero ella le duele.
—Te voy a extrañar...— Soltó en seco. Trono los dedos y los hombres de Eliot levantaron sus armas.
—¡HUNTER, NO DUDES EN MATAR A QUIEN SE ATREVA A TOCARNOS!— Dicté. La gente se detuvo apenas notaron el láser justo entre sus ojos.
Hubo silencio y quietud, una amarga victoria, la primera, con todo lo que ha sucedido es que aprendí que no sabe tan mal.
Alisson busco entre la multitud a su hermano sin soltarme el brazo.
—¡Brandon!, vámonos.— Dijo Alisson cuando por fin lo encontró.
—Me voy a quedar...— Dijo este con nerviosismo. Y posiblemente falsa lealtad.
En ese momento Alberto lo interrumpió con una bofetada de realidad.
—Niño, hazle caso a tu hermana. Sólo por esa razón es por la que estás vivo.— Le dijo sin advertencia.
Brandon soltó el tubo que sostenía con fuerza, ahora podría sujetarse en el grupo. Y era algo que también podría apostar.
Él sólo seguía vivo por Alisson.
Todos abrieron paso, y el Arquero tomó las llaves de la camioneta que Eliot uso para escaparse.
Nos fuimos sigilosos sin rumbo pero sin mirar atrás.
Hunter fue el último en cerrar la puerta de la camioneta y arrancamos. Yo iba mirando por la ventana en el asiento del copiloto sin decir nada.
Sólo pensando en lo que Eliot me dijo entre líneas: "No estás cansado de quitar?" Eso no dejará de perseguir me...
20 minutos camino sin rumbo y por fin la camioneta se detuvo frente al zoológico de Chapultepec
—¿Por qué nos detuvimos?— Pregunta Luis asomándose frente al cristal de la cabina.
—Ya veo porque...— Comprendió... Había una enorme muralla hecha con costales de arena, alambre de púas, y una cinta amarilla que decía:
"Riesgo de contención biologíca, prohibido el paso."
—El gobierno nos está cuidando.— comenta Luis.
Quitándose el cinturón a la par de abrir la puerta para bajarse, el Arquero le responde: —Si, el gobierno. Fueron los primeros parásitos en esconderse.—
Abrí la puerta al mismo tiempo y repliqué para Luis: —No nos cuidan a nosotros, están cuidando algo detrás de ese muro.—
Bajé para estirar las piernas, y detrás de mí se abrió la compuerta de la camioneta.
Siendo Hunter el primero, seguido de los demás con Luis aún recargado en la silla de la cabina mirando a los demás.
—Tendremos que seguir a pie.— Dice Hunter estirándose y caminando a la entrada del zoológico.
—No voy a cruzar un millón de hectáreas de bosque a las seis de la mañana.— Reniega Alberto.
No habían infectados al rededor, misma calma con la que todos merodeaban el lugar.
—Oigan, vengan aquí.— Dijo Alisson asomada a los barrotes del zoológico. Me acerque a mirar dentro del bosque. Lo que todos presenciamos era una desgracia...
El débil barritar de un elefante adulto; mareado, ya no de un tono gris oscuro, su piel era verdosa pero algo me llamó la atención.
Algo se movía dentro de él.