—¡Me duele!—
—Lo siento Hunter estoy haciendo lo mejor que puedo...— dudé por un segundo. —¡Estupido, tú eres un Droit, no te debe doler!— Grité aventando la soldadura contra la pared.
—¡Tu expresión hizo que valiera la pena!—
Las risas de todos estallaron mientras veían como reparaba las descomposturas de Hunter.
Al final del pasillo tras una delgada cortina Alisson sostenía la mano de su hermano. Nos miraba como si todos fuéramos unos idiotas.
Brandon con el cuello vendado solamente dormía.
"Toc-toc" Alisson volteó al escuchar. Era Luis sosteniendo dos vasos de leche y un panqué con pasas en el hombro.
—¿Tienes hambre?— Preguntó, sabiendo que ella diría que no.
Alisson sonrió débilmente y bajando la cabeza hizo "no" pero le señaló la silla frente a ella; invitándolo a sentarse.
Luis dibujó una sonrisa más alegre en su rostro.
—Se que no es la mejor cena del mundo, solo no quiero dormir con el estómago vacío... ¿Cómo sigue?— dice abriendo el panqué cuidando de no hacer ruido.
—Solo duerme...— Responde sin esperanza. —No debí decirle que viniera.—
Dejarlo con Eliot sería lo mismo, sólo era cuestión de tiempo.
—Tranquila, se que no fue a propósito.—
—Yo sé que no, pero estoy tan enojada con el mundo ahora, no merecía perder la vida por mis errores. -- Réplica.
—Yetzel hizo lo que pudo, ha hecho lo imposible por mantenernos con vida. -- Dice Luis.
—Claro... Yetzel. ¿Sabías que mi hermano era el fan número uno de él?, incluso estaba ahorrando para poder construir su propio Droit.— Dijo recordando ese momento de vulnerabilidad.
Conocer a tus héroes siempre es decepcionante, ojalá que no haya sido mi caso.
Al menos el tema había cambiado y ahora Alisson pudo darle un mordisco a una rebanada de panqué.
El Sol comenzaba a salir, aún así con dudas si era un refugio seguro caímos en un sueño profundo.
Tres horas después, sollozos me hicieron despertar. Era Alisson sentada junto a Luis.
—Murió.— me dijo. No quería sonar grosero diciendo que era inevitable. Solamente me levanté y salí al bosque.
Vi a Hunter cavando en la tierra, a un lado el cuerpo de Brandon cubierto por sábanas blancas y tanto el Arquero como Alberto estaban fumando.
Pase de largo cuando se detuvieron a verme.
—Hunter, no olvides cavar uno para cada uno de nosotros.—
El Arquero me alcanzó buscando respuestas de un próximo plan.
— Espérate, ¿a dónde vas ahora?— dijo agitado.
— Deberías dejar de fumar, un doctor en estos tiempos sale carísimo.— le respondí.
—No vas a cruzar el zoológico sólo.— me ordenó sujetando mi playera del hombro.
Mientras tanto, Alberto y Hunter bajaban el cuerpo de Brandon para poder cubrirlo con tierra yo solo recordaba en qué mi búsqueda le arrebató la vida a alguien, tenía que darle la razón a Eliot una vez más.
—Necesito unas refacciones para Hunter, y debo hacer más navajas para mis dispensadores. ¿Quieres venir? — Era el plan que tenía para el día de hoy, de hecho era el único y es muy bueno.
—Revisé los planos del ejército, se dónde hay otro refugio instalado. Espérame aquí y yo te llevaré.—
El Arquero regresó con una mochila y una pistola, que encontró en la base improvisada que tenía el pelotón.
—Muy bien, te acompañaré y me contarás porque estás evitando el funeral. -- Dijo el Arquero con una rebanada de panqué.
—Gracias pero no voy a retomar mi terapia contigo. -- Respondí a la defensiva, sin saber que el Arquero juega muy bien sus cartas.
—Tranquilo, el camino es largo. Tienes todo el día.— Replicó.
Estuve a dos segundos de regresarlo si no fuera porque no quería cargar todo yo sólo.
Llegó el medio día, y no había visto una sola ardilla en todo el trayecto. Si no están muertas posiblemente lograron escapar.
O quizás estén infectadas...
—¿No se te hace raro que el ejército haya caído tan rápido en esta zona?, No vimos ningún cuerpo tirado desde que llegamos y ahora que vamos a la mitad del trayecto. Es como si hubieran desaparecido— dijo el Arquero.
—El ejército no cayó, mucho menos el gobierno. Prefirieron salvarse ellos en lugar de cuidar de la gente. Quiero pensar que no pero la muerte te hace revelar tu verdadera cara cuando viene por ti. Tan solo ver cuanto tiempo tardo Eliot y su gente de matarse entre ellos...—
Llegamos a un extremo del lago de Chapultepec, y nos detuvimos, el Arquero levantó piedras del suelo y las arrojó al lago haciendo patitos en el agua.
—¿Crees que la humanidad se extinguirá?— preguntó viendo viendo hasta donde cayó la piedra y volteo a verme esperando una respuesta.
Me acerqué al lago y también tomé una piedra y la arrojé haciendo una curva hacia el cielo, lejos, como una pelota de golf. Antes de que tocara el agua, liberé el seguro del dispensador en mi brazo derecho.
El disparo fue seco. La navaja cruzó el lago rasgando la superficie; quebró las ondas como vidrio y alcanzó la piedra en pleno aire.
La partió en dos.
Ambas mitades se hundieron, mientras el lago volvía a cerrarse…
El Arquero permanecía más que sorprendido. Inmóvil y sin palabras.
—¿Porque me preguntas esto?— Dije como si creyera que tengo la respuesta.
No le diré lo que quiere escuchar, es la única verdad que puede esperar de mí, una muy cruel.
Aunque mi intención no era retarlo ni discutir y tampoco hablé con actitudes de estar a la defensiva.
—Para tu fortuna soy la única persona del grupo que te ha hecho entrar en razón y viceversa, solo quiero hablar de esto contigo porque sé que eres una de las grandes mentes del mundo. -- Dijo levantando más piedras.
—Me halagas pero aún queda gente más talentosa que yo. -- Le respondí. — Y soy tan listo como dices,—¿por qué has tenido que cuestionarme a la defensiva en más de una ocasión?— respondí viendo el contador del dispensador. Me quedaban siete navajas más.