—Debemos hacer algo, no podemos quedarnos aquí sin esperar a que ellos nos encuentren. ¿Que tal si Yetzel regresa y los infectados lo atrapan?— Advierte Alisson al grupo.
Alberto se levanta de su silla en pro de la situación, —Tienes razón, no podemos esperar a que Yetzel haga todo. Debemos poner de nuestra parte. Hunter ve a matarlos a todos.— Dijo Alberto dando una sarcástica solución.
—Pudrete, mejor ve tú.— Protesta.
—¿De que hablas? ¡Tengo una vida por delante!—
—¿Y mis circuitos no valen nada?, no puedo pelear ahora hasta que Yetzel repare parte de mi columna.—
Alberto estaba ansioso, el grupo no estaba tranquilo sabiendo que hay una horda allá afuera.
Posiblemente más de los que Hunter podría contener...
Luis buscaba algo con que defenderse y encontró una granada simplemente.
—¡Oigan, miren lo que encontré!—
Todos voltearon
—Es una granada.— Dice Alisson.
—Una de fragmentación.— Responde Hunter.
—Perfecto, dámela, ¿sólo tengo que quitarle el seguro no?—
Alberto sale diciendo que el tomará el mando si Hunter no piensa pelear.
—¡Esas horas jugando call of duty Mobile en la oficina, por fin darán sus frutos!—
Detrás de la reja, Alberto libera el seguro y lanza la granada.
El grupo se tiró al suelo. Hunter empujó a Alisson dentro del refugio y cubrió con su esqueleto a Luis y Alberto.
Solo escucharon el retumbar de la granada contra el suelo, hasta que explotó.
La gran mayoría de los infectados aún orbitaban el cuerpo de los gorilas. No muy lejos de dónde cayó.
Aúnque la explosión fue demasiado fuerte.
Vieron a los infectados mutilados, los que se salvaron daban círculos desorientados buscando el origen de la explosión.
Y los más afectados se desangraban arrastrándose por el suelo.
Hunter se levantó al igual que el par que se tiró al suelo también.
Alisson salió del refugio abriendo la puerta con cautela...
El plan había funcionado pero Hunter detectó una fuerte llamarada. Era la camioneta. La granada había caído debajo de ella...
Alisson salió con los demás al ver la camioneta carbonizada. —Alberto la próxima vez que no quieras hacer tu parte con el grupo, voy a estar de acuerdo.— Dijo con enojo y sarcasmo.
Luis únicamente se llevó las manos a la cabeza pensando en que fue una estupidez.
—Hay que decir que fue Alisson. El Arquero no la regañara y Yetzel tampoco le dirá nada.—
—No te van a creer.— Duda Alisson.
—¿Por qué no?—
—Por que tú eres el más miedoso de los tres.— responde con justa razón.
Mientras tanto la incursión de Yetzel estaba lejos de terminar.
—Y es por eso que estan infectados, bueno eso es lo que creo yo.— Dije, claro que solo era una suposición.
—Tienes suerte que esa cosa no te haya devorado. Se te pudo aventar a la cara como una araña.— responde el Arquero.
—Espera... ¿Escuchaste eso? Sonó a una fuerte detonación.— Interrumpe Yetzel mirando el camino que dejó atrás.
—Si, lo escuché.— Desde que la ciudad se infectó ahora todo se escucha aún más.
—Debemos regresar.— Le dije al Arquero.
—Tranquilo, están con Hunter. Dudo que hagan algo estúpido. Además ya estamos cerca.—
Antes de llegar al próximo refugio, el Arquero se dobló el tobillo, cuando cayó en una pequeña sanja, sabía que el bosque era peligroso pero no tanto como para dejarlo fuera de combate.
Yo me reí de tan duro de él que logré guardar silencio cuando noté que realmente le dolió y que sólo me miraba con coraje. Me alegro de ser yo porque si fuera Alberto ya me habría agarrado a golpes.
Antes de entrar el Arquero me dice:
—Es aquí. Muy bien, Entonces, ¿Qué necesitas entonces?—
—Unas pinzas de crimpado, una tarjeta gráfica, vendas y diclofenaco.
El Arquero voltea a verme otra vez.
Y con una sonrisa traviesa le respondí: —Fue chiste... Carga tu arma y abre la puerta.— Antes de que acabe con su paciencia.
Lo primero que hicimos fue revisar el lugar, no había nadie, únicamente cubículos.
—Toma todo lo que puedas y vámonos.— Le ordené al Arquero.
Yo fui al arsenal, encontré únicamente botellas de licor vacías, partes armamentistas y una granada de fragmentación.
—Basura.— Viendo todo el armamento que podría servirle a cualquiera pero ningun arma se acerca a la letalidad de Hunter.
Abrí una pequeña nevera que aún funcionaba, y encontré quizás algo más importante que las balas. Un pedazo de pastel de chocolate con licor Hennessy.
Pasó un minuto cuando el Arquero salió con una escopeta.
—Yetzel mira lo que encontré, y hay una caja completa de municiones.— Dijo y se quedó frío al verme con el rostro manchado de chocolate.
Cómo si me descubriera haciendo algo que no debía.
—Soy débil contra el chocolate.— Apenas entendible.
—Es una escopeta corta cañon cerrado.— corregí sin ocultar la escena que el pastel se había ido por completo.
Hasta que se escuchó ruido de las últimas dos habitaciones al fondo.
El Arquero preparó su arma dejando la escopeta en una barra de trabajo mientras yo liberé el seguro del dispensador.
Fuimos silenciosamente, él quedó en la última puerta y yo seguí derecho a la última.
Cuando llegué nos vimos simultáneamente y al mismo tiempo entramos a las habitaciones.
El Arquero encontró la habitación de una militar, asumió que le pertenecía a una por los cosméticos y el maquillaje sobre un buró con un espejo.
Inspeccionando más a detalle, encontró la foto de una mujer; únicamente fotos de ellas dos.
Pero debajo de la cama encontró una maleta llena de municiones.
Más que encontrar balas, encontró aquello que le había sido arrancado. Y viendo las fotografías, volvió a recordar que lo que le dijo Yetzel: que nunca tuvo la oportunidad de ser feliz.
Por otro lado en la última habitación, Yetzel encontró un mural lleno de reportajes, fotografías, y un poster de Yetzel con una leyenda escrita: "Asesino" con un cuchillo clavado entre los ojos.