Esta obra contiene temas de violencia, muerte, guerra, genocidio, pérdida, culpa, trauma psicológico y maldiciones.
El desarrollo emocional aborda el dolor, la desesperación y relaciones marcadas por el sufrimiento y la oscuridad.
Se recomienda discreción a lectores sensibles a estos temas.
“Los dioses no los separaron: lo condenaron a no tener nombre y a ella a amarlo con un dolor tan puro”
¿Cuántas veces tuve ese sueño? Aquel hombre de cabello castaño corto, ojos ámbar, voz dulce como la miel pero grave como la obsidiana, gritaba al cielo, pero no puedo recordar qué grita. Lágrimas recorren su piel llena de cicatrices, mientras observo con la vista borrosa a él y al cielo, dos luces brillantes que cegaron a quien viera por mucho tiempo. ¿Quién… era ese chico?
Cuando tengo ese sueño, siempre me despierto como si hubiera corrido de algo inevitable. Me levanté y me dirigí al baño, me miré al espejo. Puedo olvidar cada sueño en un instante como si fuera nada, pero puedo recordar aquel con cada detalle, tanto que podría dibujarlo.
—¡Nadja, es hora de desayunar!
Escuché a mi madre gritar. Solo me digné a cambiarme e ir. No debería darle importancia a un sueño extraño; los sueños son solo cosas que jamás pasamos.
Caminaba por las calles del reino, directo a la biblioteca más cercana, buscando el libro que seguía leyendo, aquel que me encantaba leer, sobre el príncipe que peleó por su amada incluso viajando al inframundo. Era una historia que no me cansaba de leer. Caminaba con emoción ahí, viendo la hermosa vista del cielo, un lugar lleno de nubes, aves y el hermoso olor del pan recién hecho de cada día. Antes de cruzar la última esquina, sentí una punzada en el pecho, una sensación de que alguien me observa. Me quedé quieta un momento; era una sensación extraña, llena de miedo y emoción.
Miré detrás de mí y, cuando me di cuenta, no había nadie, aunque podía sentir que mi corazón latía con fuerza. Esos sentimientos se transformaron en dolores en el pecho, como si un gigante aplastara lentamente mi torso. No pensé más y entré al lugar para que esas sensaciones desaparecieran.
Me encontraba absorta en mi libro número dos del día. La historia podía verla en mi cabeza, podía escuchar cada diálogo con una voz diferente; cada palabra era una emoción que podría jurar que me sacaba de la biblioteca una vez más. Estaba tan cegada por la historia en mi mente que no me di cuenta cuando abrieron la puerta de la biblioteca. Una voz preguntó por un simple libro de magia básica.
Lista para irme a casa, observé un libro caer del estante cercano a mí: El libro de KenThali, la espada sagrada. Lo tomé y, a la par de otra mano, su mano de piel clara, me detuve por un momento y levanté mi mirada a él, donde nuestras miradas chocaron. Esos ojos ámbar, ese cabello medio largo ligeramente ondulado, con mechones sueltos; sus mejillas se ruborizan y mi corazón se siente un pellizco.
—Hola.
Dijo él. Su voz era tan masculina. Él tomó el libro para tomar mi mano y ambos nos levantamos a la par.
—Soy Sebastian, un gusto.
Por alguna razón sonreí al escucharlo, pero rápidamente me calmé. ¿Por qué reaccionaba así?
—Yo soy Nadja, un gusto. No te había visto por aquí, ¿eres un forastero?
Él asintió. Me dijo que era un aprendiz de mago. Sentí curiosidad por él, como cuando conoces a un nuevo amigo, así que ambos decidimos caminar. Había ocasiones donde me miraba demasiado, pero era entendible: una chica de 20 años, cabello rojizo, piel pálida y labios carnosos, así como mis ojos carmesíes. Entendería por qué me miraba demasiado. Es extraño ver a alguien de cabello rojizo sin pensar que es un demonio; era una suerte que nadie me discrimina por eso.
Sebastian me comentó que al principio no le interesaba la magia, pero cuando observó cómo podía usarse para ayudar a los demás decidió ser aprendiz, aunque su maestro le ordenó leer todo lo que encontrara de magia y no volver hasta que pudiera hacer levitar una hoja con solo su mente.
—Solo llevo dos meses en busca de cada libro que me sirva. Hasta ahora he leído 10 por completo, los más básicos, pero cada término es como un nuevo trabalenguas para mí.
Él se reía mientras tomaba cerveza del local. Nos habíamos quedado en el local Alcañiz, famoso por su pay de manzana, a seguir platicando.
—¿Y qué más aprendiste?
—Aprendí sobre conjurar, pero solo he logrado aparecer libros y copas vacías de una habitación a otra. Sigo intentando lograr cosas más asombrosas.
—Eso es interesante, quién diría que un aprendiz de mago es fascinante.
—No del todo. A veces mi maestro me hace exámenes sorpresa y siempre termino explotando la habitación con llamas difíciles de apagar, y me castiga persiguiendo a un abejorro azul.
—¿Un abejorro azul? Es uno de los más difíciles de ver por su rapidez.
—Sí… me di cuenta.
Podía escuchar su cansancio al recordar eso. Por un momento pensé en lo gracioso que sería ver eso. Miré por la ventana; ya casi se ocultaba el sol.
#1404 en Fantasía
#5240 en Novela romántica
amor imposible, dioses demonios gerra amor prohibido, maldicones
Editado: 08.01.2026