Let's Play.

Dieciocho

SORPRESAS PLACENTERAS

En la mesa y en el juego, la educación se ve luego

 

—¿Qué hay en Chovert? —Pregunté entre curiosa y nerviosa.

Rush me tenía en su auto mientras que Zach y Kendall iban con Drake. Él no me había dicho de qué demonios trataba mi prueba. Antes, en cuanto Rush había bajado del apartamento del rubio primero y me dejó con los hermanos Anderson quiénes mantenían una sonrisa estúpida en sus caras, les pregunté al par de idiotas qué demonios era Chovert, pero lo único que pudieron decirme era un "espera y verás" y un "espero que puedas con esto".

Rodé los ojos inconscientemente. Idiotas.

—¿Es nervios lo que detecto en tu voz, princesa? —Rió el espécimen malditamente sexy.

—Puedes contestar mi pregunta anterior —dije, cabreada.

Rush chasqueó su lengua.

—Si no estás preparada puedes decirlo, todos entenderán y yo, personalmente, te dejaré en tu casa. No hay nada de malo, princesa. Es bueno saber cuándo no se puede dar más —siguió burlándose.

—Ya quisieras —murmuré entre dientes.

—¿Drake te había contado todo, verdad? —Cuestionó él repentinamente serio, cambiando el tema bruscamente.

Le di mi mejor mirada de desconfianza, pero luego suspiré. No tenía opciones y él probablemente ya lo había adivinado por mi culpa.

—Me lo dijo —confirmé—. Estaba desesperado y como todo el mundo estaba diciendo que yo era diferente, me lo contó —resumí la verdad.

En realidad, no había mentido casi. Omití la parte donde había descubierto mi identidad y la de Harrison, pero aun así todo era casi cierto, además, Drake de verdad estaba muy desesperado.

El sonido ronco de la risa de Rush se hizo presente, cerrando la conversación. Siguió conduciendo a quién sabe dónde en silencio. Eran pasadas de las doce de la madrugada según Rush, cuando el auto se detuvo en la entrada de un almacén, que a mi vista, parecía vacío. Rush bajó primero y pude ver por su retrovisor cómo hablaba con Drake quién también se había bajado de su Range Rover.

Respirando hondo, me bajé del auto para reunirme con el grupo de idiotas.

—¿Estás lista? —Inquirió Zach en cuánto llegué a ellos.

Bajé mi vista hacia algo que había llamado mi atención.

—Kendall llega llorando a mí por cualquier razón y tú serás el primero en descubrir cómo la cabeza cabe en la cavidad anal de una persona —advertí deliberadamente con una sonrisa en mis labios.

Rush, Kendall y Drake no se molestaron en encubrir sus risas estrepitosas.

—Estás loca —dijo Zach, rodando los ojos.

—Pruébame.

—Pasemos ya —habló Rush, tomando mi mano y entrelazándola con la de él—. Justine ya debe de estar adentro.

Fruncí el ceño.

—¿Es que hay alguien adentro? —Cuestioné.

Nadie se molestó en responder mi pregunta. Resoplé cómo una niña mientras que Rush me arrastraba al umbral del almacén. Cuándo Drake introdujo una serie de dígitos en un panel táctil justo igual que en su residencia, la pequeña puerta del almacén se abrió. Quedé tiesa cuando logré observar todo lo que había adentro.

—Bienvenida al campo de tiro más grande de LP en Monrrow —murmuró Rush en mi oído—. Aquí veré de que estás hecha, princesa.

¡Demonios, si!

Mis ojos admiraron la vista del campo de tiro diferente a cualquiera que había visto antes. Las paredes estaban llenas de blancos, cada línea ocupadas por hombres y mujeres soltando tiros una y otra vez, dando en el blanco. El aire estaba lleno de olor a pólvora y adrenalina.

Satisfactoriamente para mí, las sorpresas no acababan ahí. Caminando un poco más, noté el gran espacio que separaba el campo de tiro con escaleras y oficinas en el piso superior.

Este lugar no solo es un campo de tiro, detallé asombrada.

Aunque por fuera parecía un lúgubre almacén abandonado, por dentro era una pequeña edificación impresionante. Nunca había visto nada como esto. El lugar estaba tan bien distribuido que no hacía nada más que admirar cada cosa que se me cruzaba al frente.

Nos detuvimos en todo el centro del lugar enfrente de una mujer cómo de treinta y tantos años, rubia, con una melena larga castaña recogida en una cola de cabello lo bastante alta, una pequeña tablet en la mano y un cuerpo de muerte dándome una cálida bienvenida.

¿Así que aquí es donde entrenan a los nuevos?

Cortando rápidamente mi regocijo interno, mi mirada velozmente pasó a Kendall. Ella odiaba ver estas cosas y me sorprendió gratamente verla sonriéndome manteniendo su mano en la de Zach. Articuló un patéale el culo al dios sexy, haciéndome sonreír. Regalándole un guiño pudo saber que el mensaje fue recibido.

—Demonios, Rush, sigues ardiente como el fuego —saludó la mujer al sexy espécimen—. Drake, rubio precioso, cómo me hacen falta tus desayunos esplendidos.

—Cuando quieras, preciosa —respondió el rubio, riendo.

—¿Y para mí no hay saludo, Jus? —Preguntó Zach divertidamente desdichado.

Justine inmediatamente borró la sonrisa de su rostro en cuanto reparó en el hermano menor de Drake.

—Para ti hay una cubeta con agua y siete baños asquerosamente sucios esperándote, Zacharias —contestó la mujer, con una mirada reprobatoria en su rostro.

Rush rió.

—Justine —saludó de regreso, captando la atención de ella—. Ella es Larissa, mi novia —me presentó—. ¿Puedes darnos una sala privada de entrenamiento?

Justine me barrió con la mirada de arriba a abajo con una sonrisa bastante amigable plasmada al rostro.

—Ya era hora de que Rebecca fuese olvidada, precioso —le dijo, haciéndome reír—. Un placer, Larissa. Soy, prácticamente, la encargada de que éste lugar funcione —me tendió su mano y se la estreché.

—Con razón es que funciona —respondí su saludo.




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