Let's Play.

Veintiséis

EL BOSS

 

La complejidad crece cuando todos los jugadores saben tirarse faroles y responder a un farol con otro.

 

Arabella

Todo era un caos. Caos que se había desatado de la peor manera por la inexistente cordura de Drake, quien había sido avisado por Harrison cuando no pude contestar el jodido teléfono, dándole la noticia de que Nóvikov había recibido la invitación por parte de los Massey y ya se encontraba en Miami. Decir que lo que había hecho el rubio había sido un golpe bajo era quedarse corto. ¿Entregar él mismo a su hermano? Eso era algo que nunca me vi venir, pero tal y como estaba la situación me quise reventar la cabeza en la pared por no haberlo visto venir mucho antes. 

¿Algo más por lo que quería reventarme la cabeza contra la pared? Sí. ¿Quizás sería esa parte en donde le confesé con un maldito megáfono a medio equipo que era hija de Nikolay? Por supuesto. Si nunca en la vida me imaginé estarle confesando a alguien que era hija de Nóvikov, ahora imagínate cuando mi boca se abrió, contándoselo a más de tres personas. Supe que había perdido el sentido común un poco más allá de lo imaginable en cuanto Kendall abrió la boca con furor, para reclamarme por tal insensatez. Me guardé una sonrisa a medias cuando eso me bastó para darme cuenta que nadie se lo había esperado, ni siquiera ella. 

Me alegraba internamente que Harrison aun no supiera de mi desquiciada confesión porque estaba lo bastante segura que iba a sacarme de la misión a rastras si era necesario. Una cosa era arriesgarme a en una misión suicida y otra muy diferente era repartir casi que de manera gratuita la información que él se había esmerado en enterrar por siete años enteros. Amenacé fervientemente a Kendall cuando nos concedieron un momento a solas de que no le contara nada a mi jefe y ella aceptó a regañadientes, luego de un soborno. 

Dios mío, para amigas así, ¿para qué tener más? 

Había resoplado entre dientes tan pronto Rush cruzó sus brazos por su indecente pecho, hace media hora, dejándome saber que estaba malditamente jodida. Él claramente no me iba a dejar buscar al suicida de Zacharias y nadie en aquel maldito departamento iba a ir en contra de sus deseos, ni siquiera mi mejor amiga quien, a pesar que me defendió con uñas y dientes del espécimen, una vez que le pedí ayuda para que me sacara de ahí, no esperó ni dos segundos para ir a chismosearle a Rush, dejando de forma instantánea sus peleas de lado.

Soplona de mierda.

Ahora estábamos de nuevo en la oficina del espécimen, repasando hasta el último detalle del lamentable plan que habíamos armado velozmente. No teníamos tiempo para armar uno mejor. Era obvio que la reunión con el Boss se haría en las oficinas del club, ¿pero cuándo? Ese era el dilema. Nóvikov era impredecible. Él podía estar recorriendo Miami, cerrando tratos, como también podría estar cazando al idiota de los Anderson, esperando el momento perfecto para meterle un tiro en su cabeza. Entonces, ¿lamentable plan? Sí. ¿Tenía que funcionar? Sí. De eso dependía la mísera existencia de Zach, pero, para mi desgracia yo no podía pisar un pie en LP para estar presente en la reunión, y no porque no quisiera, sino porque Rush no me dejaba si quiera pisar la línea de salida de su oficina.

—¿Esto es lo mejor que tenemos? —Riden hizo un gesto de decepción al verme. 

—¿Es que tienes otra cosa en mente? —Cuestioné con sarcasmo. 

—Entregar a Zacharias es nuestra mejor oportunidad para salir vivos de la Bratva —contestó, rascándose la ceja, sin importarle lo más mínimo. 

—Cuatro veces con lo mismo, y cuatro veces con la misma respuesta, Riden —llegué a su asiento para encararlo. Él fijó su mirada aburrida en mí—. Nadie va a entregar a nadie así sea un suicidio. Nóvikov no se va a quedar tranquilo únicamente porque se le entregue a Zacharias. 

—Bells... —Oí el suspiro de Kendall a mis espaldas. Lo pasé de largo. Iba a terminar ahorcando al pequeño Massey con mis propias manos si seguía repitiendo lo mismo y él lo sabía. 

—Conociendo a Zacharias, posiblemente abra la boca y suelte comentarios suicidas —Habló el espécimen al mismo tiempo que me tomaba por la cintura, plantándome de nuevo en mi esquina, alejándome del mezquino de su hermano—. Entregarlo no le hará ningún bien a su familia y lo sabes, Riden. 

Riden me dejó ver una sombra de su sonrisa. 

—Verla defender a un saco de mierda me alegra el día —fue todo lo que dijo. 

—El que tengas algún rastro de humor me sorprende —dije mordaz, haciéndolo sonreír más. 

De reojo vi como Rush sonreía entretanto Rise sacaba su celular para colocarlo sobre su oído. Agradecí a todo lo que fuese sagrado cuando lo volví a ver, llegando con un Zacharias inconsciente y con el rostro irreconocible cargado en su hombro. El rubio al ver el estado de su hermano comenzó a despotricar contra el mayor de los Massey, pero Justine lo calló haciéndole saber que su hermano estaba armado y preparándose para su muerte. 

—¿Qué? —Dijo cuándo contestó. Verlo cambiar de gesto fue lo que necesité para entender que el Boss había arribado—. Vamos para allá —suspiró y colgó. Levantó la vista para clavarla en Rush—. Hora de irnos. 

En cuanto abrí la boca para advertir otra vez que iba a ir a la maldita reunión, las cosas se complicaron un poco. Rush y yo nos pasamos los últimos quince minutos discutiendo mi ida al club mientras que el resto del grupo plantaba sus miradas en nosotros, intentando no partirse de la risa. 

Momentos atrás, me sorprendió lo bien que todos aceptaron que era hija de Nóvikov. Tanta aceptación por todos lados me mantenía en un estado de alerta sutil, pero lo dejé estar. A la única que tuve que explicarle un poco más las cosas fue a Justine, pero ella volvió a ser la misma dulce persona conmigo cuando se dejó todo claro como el agua, explicándole porque no pude decir algo sobre mi identidad. Ella me creyó y lo dejó pasar, haciéndome saber que no tenía la culpa de lo maldito que podía ser Nóvikov.




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