Let's Play.

Veintiocho

REMOVIENDO AGUAS

Algunas personas juegan tranquilamente, otros con más tensión y agresividad

 

Arabella

Me sentía terrible. Aunque estaba cómoda, bañada con ayuda sin mi consentimiento y metida en un pijama, me sentía horrible. El dolor de cabeza no ayudaba, el peso de mi cuerpo tampoco, me sentía cansada y con ganas de vomitar y el que Rush estuviera observando cada mínimo movimiento estaba estresándome aún más.

—¿Me están diciendo que estuve más de dos semanas en coma? —Volví a repetir, roncamente.

Sí, mi voz también se escuchaba de la mierda y dolía hablar.

—No hables, solo come —me regañó Rush, apurando mi sopa.

Rush. Al espécimen sexy traído por el mismísimo Dios a la tierra fue quien vi de primero al despertar. En cuanto me vio abrir los ojos, lo primero que hizo fue resonar el nombre de Justine por toda la habitación. Ella arribó segundos después.

Me revisaron, tomaron todos los exámenes posibles para saber si de verdad estaba bien, me ducharon, me abrazaron y lloraron. Kendall más que todos los demás. Curiosamente, nadie habló absolutamente nada de lo que me había perdido mientras que estaba inconsciente por más que pregunté al acordarme. Pregunté mi razón por caer en coma, pero lo único que pudo decirme Justine fue que mi cuerpo estuvo bajo muchísimo estrés, por lo que tenía que tomarme las cosas con calma de ahora en adelante.

Ahora, me encontraba en la sala, conectada a un suero multivitamínico, rodeada de las miradas de los hermanos Anderson, los hermanos Massey, mi mejor amiga y mi doctora, tomando una sopa que por más que intentaba tragarla, mi estómago no la procesaba. Resoplando, dejé el plato a un lado, ganándome miradas desaprobatorias de Rush.

—¡Bueno, basta! —Gruñí, ignorando el sonido rasposo de mi voz y lo terrible que tenía la garganta. Sentí el pinchazo proceder de mi brazo cuando me arranqué la intravenosa, y me levanté—. No necesito de sus miradas. Gracias por estar al pendiente de mí, de verdad lo agradezco, pero llevo más de dos horas preguntando qué demonios ha sucedido mientras me encontraba en coma y ninguno de ustedes me ha contestado una mierda —sentí mi ansiedad elevarse al techo—. Lo único que sé es que Las Sombras están hechas un caos y todo es por el maldito club, así que, ¿alguien sería tan jodidamente amable de explicarme qué es lo que ha sucedido?

Todos instantáneamente miraron a Rush. Dándoles una mirada mortificada, miré a Rush encarnando una ceja, esperando respuestas. Él suspiró y empezó a hablar:

—Montalbano nos está exigiendo el club —habló entre dientes—, la mafia italiana, Los Cloud, la Bratva Rusa y Las Tríadas ha matado a la mayoría de sus contrincantes por los lugares que el maldito lugar acapara, y tenemos una gala ahora obligatoria a la que tenemos que asistir todos nosotros —señaló a sus hermanos y a mí—. Harrison se ha estado comunicando conmigo para saber cómo estabas y me ha estado informando de todo —hizo una mueca—. Las cosas están sangrientas y todo es una matanza —suspiró, pasando una mano por su rostro—. Aún no hemos resuelto qué demonios hacer.

Me volví a sentar, dejando caer mi cabeza en el respaldar del sofá. Sabía que estábamos jodidos, lamentablemente no sabía qué tan jodidos. Además de la tediosa gala que ahora tenía que asistir sí o sí, no sabía en qué más pensar hasta que el ascensor se abrió, dejando ver a la increíble hermana de Rush.

—¿Se ha muerto alguien o...? —Mila quedó boquiabierta cuando me vio e inmediatamente saltó fuera de la caja de metal y corrió para arrollarme en un abrazo—. En tu vida vuelvas a asustarme de esa maldita manera —susurró en mi oído.

Sentí las gotas calientes de sus lágrimas. No sabía que le agradaba tanto, pero riendo, le devolví el abrazo lo mejor que pude, ignorando los pinchazos de dolor en mi cuerpo.

—Mila... —reprendió su hermano mayor, haciendo que ella me soltara—. Está débil.

Mila quitó las manos de mí, no sin antes darle una mirada gélida a Rush.

—¿Cuándo pensabas avisarme? —Cuestionó molesta—. ¿Cuándo estuviéramos en Nueva York ya?

Me interesó saber que Mila sabía de mi estatus, pero aun así, no soportaba la idea de que la gente me tratara de manera tan vulnerable, por lo que dije:

—No es para tanto —rodé mis ojos.

—Es para tanto —replicó Rush.

—Eres estúpida —secundó Riden.

—Es lo que más estábamos esperando —saltó Drake más atrás.

—Imbécil —se escuchó la voz de Zacharias.

Resoplé, pero cerré el pico. Estaba segura de que si decía otra cosa, posiblemente me comieran viva.

—Chica lista —habló Rise, guiñándome un ojo cuando se dio cuenta.

Le puse la mejor sonrisa sarcástica que pude tener bajo la manga haciendo que él me sonriera más.

—¿Crees que estará lista para...?

—Ahora no, Mila —tajó Riden, haciendo que me saltaran muchas preguntas a la cabeza.

—Pero hay que irnos ya...

—Ahora no —cortó, dándole una mirada insistente.

—¡Estoy aquí! —Gruñí.

Rush rió y se acercó para darme un beso en la frente.

—Lo que Mila está tratando de decir es que tenemos que tomar un vuelo a Nueva York hoy mismo —me susurró él, dándome escalofríos—. Si no quieres ir...

Me separé de él para darle una mirada divertida a Riden.

—Eres la cosa más adorable —reí yo.

—Muérdeme —ladró y miró a su hermano—. Y se supone que no le diríamos nada.

Rush se encogió de hombros.

—Es su decisión.

—¿Desde cuándo dejas que ella decida? —Inquirió él, incrédulo—. Hace dos semanas te estaba rogando para ir a una misión suicida y le dijiste que no.

Buen punto.

—Hace dos semanas no la tenía en coma —protestó Rush—. No va a estar encerrada aquí sola mientras yo estoy lejos.




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