Let's Play.

Treinta y uno

JUEGOS

Cuando me retire, mi recuerdo ayudará a ganar partidos.

 

Arabella

En cuanto dejamos la casa de Alexey las cosas y los días pasaron fugazmente. Tan fugazmente que en menos de lo que pensé ya nos encontrábamos de vuelta en Miami, en la real fortaleza que no sabía que era Chovert, con más de cinco planos esparcidos por la mesa de madera la oficina principal de Rush, planeando más caos luego de que el ultimo operativo de hace cuatro días nos saliera increíble. 

Aun así, por más que repasaba en mi cabeza todo lo que pasamos en Nueva York, aun no me creía nada. ¿Qué Rush era uno de los hijos que Alexey tenía en secreto? ¿Qué me lo ocultó todo el maldito tiempo? ¿Qué ahora la había declarado la guerra al líder de la pirámide porque tuvo un arrebato de ira y quiere verlo arder en el infierno por fin? No. Nada me cabía en la cabeza. 

Lo que sí cabía en mi cabeza era el pequeño sentimiento de traición por parte del espécimen que también se almacenaba en mi corazón, pero eso era agua de otro arroyo. Eso únicamente lo sentía y lo sabía yo. Yo y Kendall... Quien tampoco lo perdonaba del todo y estaba a favor de eso.

El arrebato de ira por parte de Rush nos tomó a todos desprevenidos, pero lo apoyamos de igual forma. Lamentablemente, aquella declaración hizo que nos moviéramos a Chovert porque ya estaban cazando nuestros culos, accionando así planes de emergencia.

—Logramos explotar un barco cargado de narcóticos de los Thamarj, asegurándonos que recibieran el mensaje —el dedo de Riden se movió a un punto del mapa—. Contamos con el apoyo de las cabezas de los clanes alemanes, japoneses y uno que otro clan del tercer eslabón la pirámide, dejando así a Alexey con menos gente.

—¿Qué tanta menos gente? —Cuestionó el espécimen, cansado.

—La suficiente para cubrirnos el trasero un par de días más —respondió Justine—. Alexey está diezmando nuestras fuerzas.

—Lo está haciendo despacio —comuniqué—. El Boss está respirando en su cuello, matando a su gente por sus puntos.

—Nóvikov está ganando mucho territorio y eso nos va a hundir —ladró la voz de Harrison por el celular—. Hay gente que nos apoya, pero no la gente suficiente para éste tipo de suicidio.

A ese otro imbécil sí que no lo perdonaba. Harrison supo todo el maldito tiempo que Rush era hijo de Alexey y nunca se le ocurrió decirme o advertirme de eso. En su jodida defensa soltó que nunca pensó que Rush pudiera llevarme a la maldita gala y básicamente lanzarme a la boca del lobo, pero no me importó mandarlo a la mierda y no hablarle por más que él intentara contactarme. 

Y solo lo intentó dos veces más en el transcurso de las semanas. 

Maldito orgullo que tiene ese hombre. 

Rush suspiró y concentré mi atención en él. Sus ojeras se hacían más oscuras cada día que pasaba y, aunque seguía viéndose sexy como el infierno, su salud estaba empezando a preocuparme. No porque no comiera, porque el hijo de puta podía comerse un elefante entero si podía, sino eran sus ánimos que estaban cambiando tan rápido como los planes, su humor era de mierda y pasaba todo el día reunión tras reunión con cabezales de los tres eslabones de la pirámide, consiguiendo refuerzos. Algunos aceptaban y otros no. Y los que no aceptaban eran porque tenían un bando decidido. Eso era lo que jodía a Rush en niveles increíbles. 

Su humor caía en picada luego de las negaciones y, aunque con un manto de seguridad falso en su tono cada vez que les decía que los entendía y luego colgaba, sabía que él mismo podía eliminarlos uno a uno cuando tuviera el poder de la pirámide. Sus ojos no admitían negociación cuando de traición se trataba, y a pesar de que ningún cabezal de la pirámide le debía algo a Rush, él malditamente bien sabía como rendirle honor a su apellido. 

Era bastante irónico como la mentira y traición no iban con él... Sabiendo que me ocultó su mierda por bastante tiempo. 

—Necesitamos más gente —masculló él notoriamente exhausto. 

—También necesitas dormir —tomé su mano y la apreté, apartando de mi sistema el rencor momentáneo que le tenía—. No has descansado en días.

Y era verdad. Ninguno de nosotros habíamos dormido bien en días, pendiente de los movimientos que el Boss y que Alexey estaban dando. Habían pasado varias semanas desde el catastrófico encuentro en la casa de los Massey, pero eso no impidió que nos dieran la purgación del año.

La gente que había entrenado Rush había disminuido lo suficiente como para poner alarmas en todo el recinto, prohibiendo la salida de las personas que no fuesen lo suficientemente buenas para eliminar las amenazas que estaban encimadas en jodernos sin perder la vida en el intento. Los entrenamientos para todos fueron triplicados, dejando casi inexistentes sus clases en la universidad a pesar que Rush les dejó elegir entre su vida común y su vida en las sombras.

Nosotros también tuvimos que elegir entre la universidad y las sombras. Los únicos que no cesaron con sus estudios fueron los hermanos Anderson. Ellos tenían que seguir pretendiendo por el bien de su familia y se entendió lo mejor que pudimos. Aun así, ellos dividían su tiempo entre sus clases y lo que se necesitara aquí, por lo que suponía un grave problema.

Rush y Riden, entretanto, pidieron un tiempo indefinido de sus carreras y la misma cabeza de la universidad de ellos rápidamente les otorgó el permiso de faltar cuanto tiempo necesitaran ya que ellos eran una parte importante para la universidad… Y sus bolsillos. Ambos hermanos Massey eran donadores importantes en obras que necesitaba la universidad, por ende, el problema no escaló a mayores.

Por último quedé yo, pero lo mío no fue para tanto. Harrison, pasándose por mi padrino, me retiró de Monrrow en cuanto volví a pisar Miami así que estaba libre de toda responsabilidad estudiantil y de todos los números por existir de esa tediosa carrera.




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