Let's Play.

Treinta y cinco

SENSACIONES Y SENTIMIENTOS

Soñaba toda su vida con esa jugada y soñaba con el acompañante más cuanto más cansada estaba

 

—¿Qué pasó cuando se enteró? —Logré preguntar cuando Rise me sentó delicadamente en su silla.

Rise se colocó su camisa en un veloz movimiento para sentarse, quedando frente a mí para tomar mis manos en las suyas, dándome un reconfortante apretón. Sus ojos verdes aun brillaban levemente con dolor grabados en ellos, pero ahora la mayoría era reemplazada por la ira e ironía.

—Alexey terminó en el hospital privado y Katherina, su madre, con un puñal en su pecho —respondió él sin un deje de preocupación por también dejarme saber que él y Rush no compartían madre. Por otro lado, quedé atónita momentáneamente. ¿Por eso aquella mujer tenía tal cicatriz en su pecho? ¿Pero por qué la enmarcaba como si fuese un jodido trofeo? ¿Ella acaso estaba feliz de que su propio hijo intentara matarla?—. Tenía tan solo quince años. Nunca había visto a una persona moverse tan rápido y mortal como lo había hecho Rush —la mirada de Rise se alejó, perdiéndose en sus pensamientos por unos momentos—. Parecía una sombra. Una maldita sombra negra y rápida que tumbaba a cada soldato de mi padre que se aparecía para cubrirle el culo, pero desde aquel día Rush les juró a ambos que si llegaban a ponernos un dedo encima iba a terminar lo que había empezado, sin la piedad que tuvo para dejarlos vivos.

Apreté las manos de Rise, dejando que la historia que me acababa de contar hiciera eco en mi cabeza.

—¿Por eso es que me sobreprotege tanto? —Cuestioné intentando entender todo.

Rise rió entre dientes.

—Preciosa, mi hermano te protege tanto porque no quiere que salgas herida igual o peor que yo por confiar de más. Puede ser condenadamente feliz cuando expones tu punto de vista, cuando le pateas el culo de todas las maneras posibles, cuando ejercitas a tu equipo y nos callas la boca, ¿pero dejar que vayas tú sola a enfrentarte con los perros u otras personas sin su ayuda? ¿Y qué te confíes de todo en el intento? Eso lo está matando.

—Desconfía de mí —susurré bajando la mirada, revelándole a Rise mi preocupación.

Tenía que hacerlo. Iba a volverme loca si seguía conteniendo la ansiedad con respecto al tema y Rise era quién podía entenderme porque seriamente dudaba que Riden me diera alguna palabra de aliento que no fuese deja de joder.

—No, no lo hago —su voz llenó la estancia. Rise dejó salir otra risa por debajo mientras que yo me erguía en la silla.

—Por favor dime que no es él —le articulé a Rise, dándole un apretón mortal a sus manos sin voltearme al umbral de la puerta.

—Les doy un momento —dijo el mayor de los Massey, levantándose de su silla. Voy a matarlo cuando tenga la oportunidad, prometí mentalmente nadando en vergüenza. Rise pasó de mí no sin antes depositar un leve beso en mi cabeza—. Continuaremos esto más tarde —me susurró rápidamente para luego dejarme a solas con mi espécimen.

Respiré profundamente el olor corporal de Rush cuando éste se sentó en la misma silla en donde su hermano estaba, quedando frente a mí. Levanté mi miraba hasta toparme con esos ojos grisáceos que me hacía estragos mis bragas.

—¿Cómo puedes pensar eso? —Inquirió yendo al grano. Mi corazón dio un vuelco completo al notar que en su mirada había desilusión marcada—. ¿Te he hecho dudar alguna vez que no confío en ti?

Su tono de voz me estaba matando pero tenía que sacar mi preocupación y molestia de una vez antes de que me desgastara viva.

—Tus acciones...

—Princesa, lo único que quiero es protegerte —me interrumpió cansadamente—. ¿Si sabes lo que significas para mí? ¿Si te haces una idea de que tanto ardería el mundo si te pierdo? —¿Mi corazón podía aguantar tal confesión de por su parte?—. Arabella, te buscaría hasta en el mismísimo infierno con tal de tenerte a mi lado toda la vida, ¿cómo es que no puedes ver eso?

Oh... Por... Dios...

—Sé que eso es lo que quieres, pero me estas ahogando —me sinceré, luego de que sus palabras se clavaran aún más profundo en mi corazón—. Rush, no necesito un hombre de brillante armadura que venga a salvarme. Nunca lo necesité y nunca lo necesitaré. Lo que yo necesito es a alguien que pueda mantenerme el ritmo, apoyarme y barrer el mundo conmigo hasta las cenizas para conseguir lo que se necesita si es necesario.

"Te amo, pero no te amo porque pienso que vas a salvarme —respiré hondo, perdiéndome en el torbellino de emociones que resaltaban sus ojos—. Te amo porque sé que vas a hacer lo que esté a tu alcance para hacernos flotar a través de las adversidades con las que nos tengamos que topar. Te amo porque me discutes cuando crees que no tengo razón. Te amo porque, para ti, soy tu igual. No soy menos, no soy más y eso me encanta.

"Desde que llegamos de Nueva York me has tratado como una jodida vajilla de cristal y eso me está volviendo loca. Lo he dejado pasar un par de veces porque has sabido cubrirlo con ciertas acciones en las reuniones que hemos tenido con el equipo, pero hoy... —gemí exasperada, colocando los ojos en blanco—. Hoy cruzaste la línea, así que te pregunto, ¿hay algo que me tengas que decir que excuse tu extraño y agobiante comportamiento?

Rush quedó en silencio un par de minutos para luego negar con la cabeza. Cerré los ojos y maldije internamente. ¿Cuántas oportunidades tenía que darle para que se sincerara conmigo? ¿Qué era lo que no me quería decir?

—No es mi intención ahogarte, princesa —dijo lentamente, cambiando de tema—. Mi única intención es protegerte, pero si mis acciones te están asfixiando...

—Quiero que me sigas tratando como tu igual, Rush —lo interrumpí, abriendo mis ojos para volver a encararlo—. Necesito que dejes de tratarme como si fuese una princesa que necesita un caballero de brillante armadura —repetí—. No soy una princesa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.