Let's Play.

Treinta y siete

REACCIÓN ATÓMICA

Es la forma de jugar lo que hace la diferencia

 

Harrison al instante me dedicó una mirada asesina cargada de amenazas. Estaba advirtiéndome. Él de verdad quería que no le dijera nada, pero no podía. Se lo había prometido. Y yo siempre cumplía mis promesas... Aunque no me gustara ni un poco el resultado que iba a traerme después.

—Tenemos una teoría de porque Nikolay puede estar cazándote —dijo Riden por mí.

Harrison empezó a moverse hacia mi hermano con ademán amenazador e iba a sacarle la mierda antes de que siquiera diera otro paso en su dirección, pero Arabella llegó primero, colocando su mano en su pecho.

—Harrison —lo llamó. El viejo bajó su mirada furiosa a mi novia e iba a reírme al ver tal situación porque era imposible que un hombre que tocaba casi el metro noventa y cinco de altura se dejara por una mujer que apenas tocaba el metro sesenta y tres—. Tócale un pelo y te vuelvo mierda —declaró ella con suavidad y rudeza mezcladas a la perfección. Su jefe la fulminó con su mirada, no obstante, su culo volvió a su silla, resoplando cuando se acercó a la mesa. Arabella se sentó a su lado, contemplándonos a mí y a mi hermano—. ¿Decían?

—Por poder —continuó Riden con un deje de satisfacción en su voz. Le eché un vistazo de reojo y pude ver como él buceaba en la felicidad de ver a Arabella defendiéndolo. Rodé los ojos. Y luego me pedía que me comportara—. Sí, poder —repitió él cuando mi novia lo miró confundida.

—No tengo ningún poder sobre la Bratva y verdaderamente quiero que siga así —contestó ella reacia al tema.

—Nóvikov te está persiguiendo porque no puede volver a ser reelecto para encabezar la Bratva —seguí yo.

El gesto en el rostro de mi novia era de pura confusión y no dudó en que lo contempláramos debido a que arrugó más su nariz al tiempo que fruncía sus labios, dejándolos en una lineal fina. 

—¿Reelecto? La Bratva hace años que...

—Los clanes que componen la Bratva han sacado nuevas reglas, Ekaterina —la cortó su jefe de mal humor—. Nóvikov ha sido líder y cabeza de la Bratva por más de tres décadas. Él ha coleccionado votos las cuatro veces, siendo unánime la noción para tenerlo como líder una y otra vez. Desgraciadamente para él, ya no puede una quinta vez.

—¿Y yo estoy incluida de repente en su estúpida carrera electoral por qué...?

—Porque eres su hija —recalcó Harrison lentamente como si estuviera hablando con una niña de cinco años.

—Estoy perdida —suspiró frustrada, cruzándose de brazos—. ¿Qué tiene que sea su hija? Él nunca me ha reconocido como tal y mucho menos delante de los clanes de la Bratva —cuando Arabella soltó eso Harrison soltó un bufido. Mi novia lo miró inmediatamente—. ¿O sí?

Él arrastró un suspiro ruidoso y encaró a mi novia.

—Tu madre hizo que lo hiciera —Arabella, tan incrédula como le era posible demostrar, dejó caer su mandíbula—. Tenías días de nacida y tu madre, aunque estuviera malditamente drogada todo el tiempo le dejó saber a Nikolay que quería un mejor futuro para ti y ella no podía dártelo. Obligó a Nóvikov a reconocerte como su primogénita y heredera de todo lo que él poseía. No fue un trabajo fácil, pero ella lo había logrado en tan solo dos días, aun así, luego de ella haberlo logrado, desapareció de la vida de Nikolay sin dejar rastros, o eso era lo que pensaba.

—¿Pensaba? —Cuestionó Arabella tan absorta en la historia de su pasado que no conocía de la misma manera que Riden y yo nos encontrábamos.

—Nikolay no estaba dispuesto a ser chantajeado por otras mafias al ellos enterarse de que tenía una hija —indicó Harrison cómo si fuese lo más obvio de la cuestión—. Te vigiló hasta que tu madre murió y fue a buscarte cuando vio en ti una oportunidad de ganarle algo a Montalbano.

Arabella mordió su labio inferior con fuerza.

—¿Me estás diciendo que...?

—Por ley eres reconocida por ser hija del Boss de la Bratva y todo lo que él posee es tuyo —culminó Riden por Harrison, interrumpiendo a Arabella. Mi hermano sonrió calculadoramente—. Eso explica porque te quiere para él.

—Me quiere porque no desea perder su puesto en la Bratva. Quiere que lo suplante y usarme a su antojo —dijo Arabella, comprendiendo todo.

—El Boss no quiere que su apellido se extinga y no quiere perder poder por el que se partió su espalda trabajando —aceptó Harrison entre dientes. Mi novia tomó su mano cariñosamente, haciendo que su jefe frunciera su entrecejo—. Hay que esconderte, chudovishche. Nóvikov hará todo lo posible para amarrarte a su lado y no puedo permitir eso.

—Sabes que no voy a esconderme en ningún maldito lugar y no voy a dejar que él ponga sus manos sobre mí, Harrison —aclaró ella con la seguridad rebosando hasta el cielo—. Me prometiste que lo enviaríamos de vuelta al infierno y eso es lo que haremos. Yesli vse chisto? Ya nikuda ne sobirayus' pryatat'sya, i ty poydesh' so mnoy.

«¿Si estamos claros? No voy a esconderme en ningún lado y tú vas a ir a la par de mis pasos». Observé la escena con orgullo y pude ver como Harrison se relajaba visiblemente, orgulloso igual que yo. Ella era la mujer de la que me había enamorado. Terca, segura, con sus puntos de vista condenadamente claros. Así era Arabella y yo estaba más que encantado por eso.

—No va a ser fácil —rebatió su jefe con una sombra de lo que se suponía que era una sonrisa.

—No necesito que sea fácil, necesito que sea seguro —repuso ella con una risa.

—De acuerdo —accedió él—. ¿Qué era lo que decías de la mafia israelita?

Riden y yo parpadeamos por el cambio brusco de tema y parpadeamos aún más cuando Arabella rió por debajo, mostrándose acostumbrada al cambio sentimental de su jefe. 

—Conseguimos una reunión con Kaela Mizrahi —dijo ella tamborileando los dedos sobre la mesa.




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