EL SECRETO GRITÓ MÁS FUERTE
Sabía que este juego no podía sostenerse para siempre, pero aún así quise seguir jugando. ¿Estoy idiota?
Entonces, ¿tardé? No mucho más de lo previsto. Pero, ¿ir con Jus alivió la tensión y disipó las dudas que me rondaban la cabeza? No.
Claro, ella intentó ayudar. Cuando le mencioné lo mucho que Rise me tenía en la mira, me explicó con toda la calma del mundo que había sido ella misma quien había "alterado" algunas grabaciones del circuito de seguridad relacionadas conmigo. Dijo que no había nada de qué preocuparse, ya que lo hacía desde mucho antes de que mi asunto apareciera. Por lo cual, ni para Riden, Rise y Rush, los cortes menores en las grabaciones de esa área no eran nada nuevo.
No pregunté por qué lo hacía. La mirada sugestiva que me lanzó fue suficiente para entender el trasfondo de sus palabras.
Y aunque hizo lo posible por evitar que colapsara en un ataque de ansiedad, no logró tranquilizarme del todo. Jus podía jurar y perjurar que no había ningún problema, pero la mirada inquisitiva que Rise me había plantado en el comedor seguía pesándome en la cabeza. No me daba buena espina.
Sumémosle el hecho de que sabía perfectamente que no había creído ni una sola palabra de lo que le dije y la situación se volvía más complicada. Tenía una diana en la cabeza, y Rise estaba listo para dar en el blanco. Me había descuidado demasiado.
Intenté dejar correr el tema cuando llegó la hora de la última reunión, después de haber estado con Riden una media hora antes de que comenzara. Intenté concentrarme en cada detalle que el espécimen soltaba, en las palabras de Kaela y en las intervenciones del consejo, pero no pude.
Todo lo que salía de esas bocas se me hacía ruido molesto.
Incluso mi propia voz me resultaba irritante cuando tuve que explicar, paso a paso, cómo se movería todo una vez que aterrizáramos en Calabria.
Debí haber tomado como algo bueno el hecho de que nadie me interrumpiera, en especial cuando terminé de exponer. No hubo miradas de duda ni titubeos estúpidos que me obligaran a rearmar el plan. Había respeto en la sala, quizá incluso una pizca de orgullo por parte de algunos. Pero mi cabeza no colaboró.
Dejó de funcionar en el instante en que crucé miradas con Rise. Y se convirtió en un campo minado cuando, si te quedabas un segundo más mirando sus esmeraldas, podías ver que lo que relucía en ellas era más que simple orgullo.
Tuve que haberme ganado un puto premio por no trabarme y por apartar la mirada con naturalidad fingida, fijándola en cualquier otra persona en la sala tras darme cuenta de ello.
Por eso, en cuanto todo terminó, en cuanto "escuché" cada distribución, cada pro y cada contra, le hice saber a Rush que estaría en la habitación, terminando de estudiar los detalles. Lo dije solo para salir de ahí, para alejarme de la multitud.
Él solo me estampó un beso corto en los labios como señal de visto bueno y prometió que me alcanzaría en cuanto estuviera libre, ya que Kaela y los demás querían hablar con él.
Nunca había agradecido tanto un momento como ese.
Necesitaba estar sola.
Pensar.
Ahogarme en preocupación y desesperación sin que nadie estuviera preguntándome qué diablos pasaba conmigo.
Por ese motivo, cuando llegué a las cuatro paredes de mi fortaleza, lo primero que hice después de darme una ducha rápida y ponerme ropa cómoda fue dejarme caer en la cama, aplastando la cabeza contra la almohada mientras soltaba un gemido de absoluta frustración.
También me invadió una abrumadora necesidad de llorar por estúpida, pero me negué con todas mis fuerzas.
No me gustaba llorar.
Odiaba llorar.
Dos, incluso tres lágrimas de felicidad podía permitirme, ¿pero ser una maldita catarata de llanto frustrado? No, gracias. Ya había llorado demasiado en el transcurso de los meses.
Entendía que era una reacción hormonal absurda y fastidiosa de evitar, pero había tenido suficiente.
Así que, para no ceder ante las hormonas y poder ahogarme en la desesperación a gusto, salí de la cama y decidí hacer algo que siempre lograba sacarme de quicio cada vez que Harrison tenía la brillante idea de dejarme en la mansión: recrear planos a mano.
No era arquitecta.
Ni siquiera me consideraba buena en eso.
Es más, estaba segura de que si calcar algo era un trabajo, me moriría de hambre.
Aun así, me senté en el escritorio que ocupaba una esquina del cuarto, decorado con más macetas de las que debería tener, saqué lo necesario de una de las gavetas y me puse manos a la obra.
Me encontraba borrando la decimotercera línea en la hoja, a nada de agujerearla de la fuerza con la que presionaba el lápiz, cuando una actualización en la laptop llamó mi atención.
Uno de los planos de mañana se había modificado.
Segundos después, un correo de Riden apareció en la pantalla.
Para: Arabella.
Asunto: Duérmete ya.
Es estúpido. No tienes por qué aprenderte nada si no quieres. Es solo Kaela y sus ganas de joder. Por eso la corrección y la nueva formación de los equipos.
Repito, no tienes que aprenderte nada. Puedes dejar las cosas como se las expusiste a todos. Tan solo lo puse para que saliera de mi maldita sala de control.
Dejé escapar una risita, aliviada de tener algo más en qué ocupar la cabeza.
A estas horas no iba a cambiar ni una mierda. Mucho menos para darle el gusto a Kaela. Sin embargo, nunca estaba de más tener, aunque fuera, un solo plan de respaldo.
Creí que sería sencillo.
Que mis ojos leerían todo y mi cabeza lo memorizaría rápido. Después de todo, aprenderse un mapa, para mí, era una de las cosas más fáciles del mundo. No era la primera vez que lo hacía, y apostaba a que no sería la última. La cuestión aquí era que ya había pasado medianoche... y aún no entendía una mierda de lo que Kaela intentaba hacer.
Editado: 14.02.2026