Leyenda Viva

Capítulo 6: Un alumno imposible

El bullicio que había llenado el andén durante la emergencia se fue apagando poco a poco, como si la propia magia de la academia recuperara su ritmo habitual. Las alumnas de primer año eran guiadas en filas ordenadas hacia los edificios de los dormitorios, acompañadas por profesoras que les hablaban en tono tranquilo para calmar sus nervios. Mientras tanto, las sanadoras terminaban de revisar a las últimas estudiantes, confirmando que no hubiera daños internos ni restos de energía extraña en sus cuerpos.

Por primera vez en casi una hora, la atmósfera se relajó. Saint Aurora, que había estado al borde de la alerta máxima, volvía a respirar con calma.

A un lado del muelle, apoyada con soltura sobre su lanza Gungnir Menor, Astrid Eirsdóttir no apartaba la vista de la orilla. Frente a ella, Akane y Anastasia se quedaron en silencio unos instantes, conscientes de que lo que acababa de suceder no tenía explicación lógica.

—Así que... todo esto es culpa de ese chico —murmuró Astrid, sin tono de reproche, solo con asombro—. ¿Él fue quien resolvió todo?

Akane soltó un suspiro profundo, de esos que salen del alma cuando uno ya no sabe si reír o desesperarse.

—Sí... aunque decirlo así suena más sencillo de lo que realmente fue.

—Créeme, nosotras mismas todavía no lo entendemos del todo —añadió Anastasia, cruzándose de brazos y sacudiendo la cabeza con una media sonrisa resignada.

Freya Solberg, que acababa de guardar sus pantallas mágicas y se había acercado para unirse al grupo, levantó una ceja con clara curiosidad.

—Entonces háganmelo saber desde el principio. Necesito saber cómo es posible que alguien aparezca de la nada y termine cambiando el curso de todo lo que ocurre aquí.

Akane y Anastasia se miraron, y poco a poco comenzaron a relatar cada detalle: cómo lo habían encontrado escondido en el vagón, cómo había logrado cruzar todas las barreras sin ser detectado, cómo en cuanto llegó a la estación había trepado a la estatua más alta solo para ver el paisaje, cómo había terminado en una discusión que parecía eterna con el profesor Valerius... y finalmente, cómo había cruzado todo el lago en un abrir y cerrar de ojos para detener al Guardián del Lago con un solo golpe.

Mientras hablaban, la expresión de Freya iba cambiando: de confusión pasó a incredulidad, y de ahí a un asombro tan grande que sus ojos violetas se abrían cada vez más.

—¿Se subió a una estatua de veinte metros... solo por curiosidad? —preguntó, como si necesitara confirmarlo.

—Exacto —respondió Akane.

—¿Y en menos de cinco minutos ya estaba discutiendo con Valerius Drakos?

—Sí, y ninguno de los dos sabía por qué empezaron a insultarse —añadió Anastasia.

—¿Y luego cruzó todo el lago, golpeó a la criatura más resistente de la zona y lo dejó inconsciente sin causarle daños graves?

—Eso es lo que vimos todos.

Freya se quedó en silencio unos segundos, procesando toda esa información que parecía no encajar en ninguna lógica conocida. Al final, soltó un suspiro largo y se pasó una mano por la frente.

—Creo que mi cerebro necesita unos minutos para ordenar todo esto. Nunca imaginé que mi primer día de regreso a la academia sería así.

Mientras tanto, en la orilla del lago, la escena seguía siendo igual de extraña que fascinante.

Gael seguía de pie con las manos en la cintura, mirando fijamente a la enorme criatura que tenía frente a sí. El Guardián, con su cuerpo de más de cien metros de largo cubierto de escamas azul oscuro, mantenía la cabeza baja sobre la arena, con ese chichón enorme en la frente que parecía un recordatorio visible de su derrota.

—¿Entendido bien esta vez? —le preguntó Gael con voz firme pero sin agresividad.

La serpiente marina emitió un sonido grave y profundo, como un gruñido apagado, y asintió lentamente, moviendo su cabeza con cuidado para no lastimarse más.

—Bien. A partir de ahora, si sientes algo raro en el aire o en el agua, no te dejes llevar. Algo te hizo perder el control, y eso no puede volver a pasar.

La enorme cola comenzó a moverse suavemente de un lado a otro, levantando pequeñas olas que rompían contra la orilla con un sonido rítmico. Era exactamente el mismo gesto de un perro feliz que espera una caricia, solo que multiplicado por un tamaño monstruoso.

Las alumnas que aún estaban cerca miraban la escena con la boca entreabierta, sin poder creer lo que veían.

—¿Lo ven? —murmuró una de ellas en voz baja—. Parece un cachorrito...

—Sí —respondió otra, con los ojos muy abiertos—. Creo que... definitivamente lo ha domesticado.

Gael sonrió con más tranquilidad y dio una palmada suave sobre las escamas duras y frías de la cabeza de la bestia.

—Bueno, creo que ya se me ocurrió la forma más rápida de volver a tierra firme.

Todas las miradas se volvieron hacia él al instante.

—¿Volver? —preguntó Akane, sin saber muy bien por qué le dolía escuchar esa palabra.

—Sí —respondió Gael, señalando con la mano hacia el cuerpo del Guardián—. Él me llevará hasta la orilla opuesta. Así no tendré que caminar tanto.

La criatura soltó un sonido de conformidad, como si estuviera de acuerdo con el plan.

—No quiero seguir molestando aquí —continuó el muchacho, rascándose la nuca con una expresión un poco incómoda—. Al fin y al cabo, Saint Aurora es una academia para chicas. Sé que hay una excepción con el profesor Valerius, pero aun así... yo sigo siendo un chico. No tiene mucho sentido que me quede rondando por aquí.

Akane bajó la mirada hacia el suelo de mármol, sintiendo una sensación extraña que no lograba explicar. Había conocido a Gael apenas unas horas antes, lo había visto meterse en problemas una y otra vez, y sin embargo, la idea de que se fuera le parecía un error que no debía cometerse.

Anastasia, a su lado, compartía exactamente el mismo sentimiento. Algo en ese muchacho, en su forma de ser y sobre todo en esa fuerza que había mostrado, les resultaba profundamente familiar, como si estuvieran frente a alguien que cargaba sobre sus hombros el peso de siglos de historia, igual que la propia directora o el profesor Valerius. Y todavía no tenían ninguna respuesta sobre quién era realmente.



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Editado: 13.07.2026

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