Leyenda Viva

Capítulo 11: Después del intercambio

La enfermería de Saint Aurora había recuperado ya su habitual tranquilidad. La luz cálida del mediodía entraba por los grandes ventanales, iluminando las camas, todas perfectamente tendidas y ordenadas. En una de ellas, sin embargo, reinaba una pequeña escena de caos.

—¡Ay! —Gael dio un brinco sobre el colchón—. ¡Arde como si me hubieran echado fuego!

Akane volvió a presionar con suavidad un algodón empapado en líquido transparente contra su mejilla magullada.

—No exageres tanto —respondió ella con paciencia fingida—. Es solo desinfectante.

—¡Pues desinfecta demasiado bien!

—Quédate quieto de una vez.

—¡Pero duele!

Akane soltó un largo suspiro, negando con la cabeza.

—Hace apenas unas horas estabas intercambiando golpes con el profesor más fuerte y antiguo de toda la academia... y ahora te quejas por un poco de medicina.

Volvió a acercar el algodón.

—¡Y ahora lloras por esto!

—¡No estoy llorando! —protestó él, apartando la cara.

—Casi.

—¡Ni casi tampoco!

Cada vez que Akane se acercaba, Gael retrocedía unos centímetros, encogiéndose como un niño pequeño.

—¡Quédate quieto, te digo!

—¡Es que arde, te lo juro!

Anastasia observaba la escena desde un lado, con los brazos cruzados y una sonrisa divertida. Freya, sentada junto a la ventana con una tableta mágica entre las manos, ya tenía que taparse la boca con una mano para no soltar la carcajada.

—No puedo creer lo que veo —murmuró esta última entre dientes—. Derrotó al profesor Valerius en menos de un segundo... y ahora está perdiendo la batalla contra un simple algodón.

Anastasia no pudo contenerse más y soltó una pequeña risa.

—Es bastante irónico, ¿no crees?

Gael infló las mejillas, mirándolas con indignación.

—Ustedes tampoco ayudan nada, ¿verdad?

Akane aprovechó ese momento de distracción para sujetarle suavemente el rostro con una mano y aplicar el medicamento con rapidez.

—¡Quieto!

—...

—¡Ay!

Freya ya no pudo aguantar más y estalló en risas.

—Jajajaja... ¡perdón! —dijo entre risas—. Pero es demasiado gracioso.

Gael la miró con el ceño fruncido.

—No tiene ninguna gracia, de verdad.

—Claro que sí —respondió Anastasia, uniéndose a las risas—. Toda la academia ya habla de ti como si fueras algún monstruo imparable... y aquí estás, derrotado por un trozo de algodón.

—¡No estoy derrotado!

—Lo dices mientras intentas escapar de la medicina.

—¡Porque arde, te lo digo!

Unos segundos después, Akane retiró el algodón y dio por terminada la curación.

—Listo. Ya está.

Gael suspiró profundamente, relajando los hombros como si le hubieran quitado un peso de encima.

—¡Al fin!

La presidenta sonrió con aire satisfecho.

—¿Ves? No era para tanto.

—...

—Nunca más me dejo poner esto —murmuró él, frotándose suavemente la mejilla ya curada.

Mientras tanto, Freya volvía a concentrarse en su tableta mágica. Sobre la pantalla aparecía una grabación tomada por varios drones de observación que había colocado estratégicamente alrededor de la arena antes del combate, esperando registrar cada detalle del enfrentamiento.

Ahora reproducía la imagen a la velocidad más lenta que permitía el sistema, avanzando casi fotograma por fotograma. Pero incluso así, el resultado seguía siendo desconcertante.

Freya frunció el ceño, pasando la mano por la pantalla para ampliar la imagen.

—No... no puede ser...

Volvió a reducir la velocidad al mínimo posible, ajustó el enfoque y filtró la luz. Pero el resultado no cambiaba. En la grabación solo se alcanzaban a distinguir dos formas borrosas: una de resplandor dorado y otra de tono violeta oscuro, que desaparecían de sus posiciones iniciales para encontrarse en el centro de la arena, y un instante después solo quedaba la estela de la explosión y la nube de polvo.

Freya se recostó lentamente en la silla, con una expresión de asombro.

—Es increíble...

Anastasia se acercó a mirar por encima de su hombro.

—¿Lograste captar algo útil?

—Nada que nos sirva para entenderlo —respondió Freya, girando la pantalla para que las demás lo vieran—. Este es el límite máximo de ralentización que soporta el equipo de la academia. Aun así, solo logra registrar dos siluetas difusas. No se distinguen brazos, ni movimientos, ni siquiera la trayectoria exacta.

Akane también observó la imagen con atención.

—Ni siquiera se ve cuándo empezaron a moverse...

—Exacto —asintió Freya.

Volvió a inclinarse sobre la tableta y comenzó a escribir rápidamente sobre su superficie luminosa: fórmulas complejas, cálculos de tiempo, distancia, aceleración y vectores de energía. Pasaron varios minutos en silencio, mientras ella revisaba una y otra vez cada cifra.

De pronto, se quedó completamente inmóvil, con la mirada fija en los números que aparecían en pantalla.

—No puede ser... no encaja con ninguna ley física que conozcamos.

Akane se acercó preocupada.

—¿Qué pasa? ¿Qué indican los cálculos?

Freya mostró la pantalla lentamente, con voz casi susurrada.

—Según las distancias recorridas y el tiempo que marca el sistema... la velocidad necesaria para moverse así en ese lapso... es...

Hizo una pausa, respirando hondo para asimilarlo ella misma.

—Muy cercana a la velocidad de la luz.

Un silencio denso cayó sobre toda la habitación. Anastasia abrió los ojos con sorpresa, sin creer lo que escuchaba.

—¿Estás completamente segura?

—Repetí el proceso cinco veces, cambiando variables y ajustando márgenes de error —respondió Freya con seriedad—. Siempre obtengo un resultado prácticamente idéntico. No hay forma de que un cuerpo normal soporte esa aceleración, y sin embargo... ahí están los hechos.

Akane desvió la mirada lentamente hacia Gael. Él seguía sentado en el borde de la camilla, frotándose todavía la mejilla con una expresión tranquila.



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Editado: 10.08.2026

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