Leyendas De Eteria

CAPÍTULO 2: ENEMIGOS Y ALIADOS

Ya con Lyra, Arin y Kael habiendo unido fuerzas para detener a Karius, después de una pequeña discusión y la revelación de sus sentimientos, partieron de la casa de Kael. Sin embargo, antes de reanudar su curso, Kael tenía un asunto pendiente.
—Bueno, jóvenes —dijo Kael—, tengo que hacer algo antes de irme. ¿Qué les parece si me esperan en la Cantina de Agua Dulce y de ahí nos vamos?
—Más que perfecto —asintió Lyra—. Sí, elegiste un buen lugar para hacerme esperar, ya que tengo algo de sed.
—Solo espero que tengas dinero —advirtió Arin—, no pienso pagar lo tuyo de nuevo.
—Tranquilo, caballerito —Lyra le guiñó un ojo—. Te juro que solo será una.
Así, Arin y Lyra se dirigieron a la Cantina de Agua Dulce para esperar a Kael. El sitio parecía ahora vacío, como si el negocio de repente se hubiese vaciado de gente, dejando una tranquilidad inusual. Esto le agradó a Arin, a quien no le gustaba estar cerca de muchos maleantes.
El tiempo pasó, y los dos héroes se relajaron un poco.
—Vaya —comentó Arin—, en serio no entiendo dónde cabe tanta agua. Llevas como cinco de esos.
—Esto es solo para quitarme la sed, no pega mucho esta bebida —dijo Lyra—. He tomado mejores, no te ofendas, amigo.
El cantinero, que los observaba desde la barra, asintió: —No, es cierto, no me quejo.
—Oye, tengo unas preguntas para ti, Lyra —dijo Arin, cambiando de tema.
—¿Qué, te quieres aprovechar solo porque estoy tomada?
—Sí, es más fácil así sacar información.
—Sí, me imagino que sí, ¿tú qué opinas, amigo o amiga?
—¿A quién le hablas? —preguntó Arin, mirando alrededor.
—Nada, no lo entenderías. A ver, dime, caballero de la realeza, ¿qué quieres saber de esta bella damisela?
—Dime qué le pasó a tu familia.
Lyra azotó el vaso de vidrio con fuerza sobre la mesa. Su expresión, que antes era de confianza, se volvió seria de golpe. De un solo sorbo, terminó su bebida y pidió otra.
—Te estás aprovechando de la confianza que te di, ¿no es así?
—¿De qué hablas? —respondió Arin, confuso—. Solo quiero saber qué le pasó a tu familia y por qué tienes una parte de esa cosa contigo.
—Es algo que no te debe importar. Yo no te estoy preguntando por qué no regresó tu hermano de ese matadero, ¿o sí?
El ambiente quedó silente de golpe. Ningún sonido de alguien hablando se escuchaba, solo un absoluto silencio.
—Perdón, Arin —dijo Lyra, su voz más baja—. Es el maldito alcohol hablando. Lo siento, créeme que no quise hablar de eso.
—No te preocupes, estás algo tomada —Arin la miró—. Si sobria eres algo bocona, ya con alcohol no me imagino.
—Sé que soy algo dura a veces, pero créeme que no siempre soy así. Al menos no antes. Sí me gusta beber, pero créeme que no me dura mucho el efecto, tal vez por mis habilidades o por el fragmento, pero solo sé que maldigo esto de la magia. No me ha traído más que dolor y problemas. ¿No te ha pasado que, aunque lo intentes, no puedes escapar de tu destino, o al menos comprenderlo?
—Sí, entiendo eso —dijo Arin, con una melancolía que se le escapaba de la voz—. Sabes, me recuerdas a mi hermano. Él era algo bufón, pero sabía respetar, y la gente lo respetaba. Me decía que hay que aprender a vivir con la vida que se nos dio, ya que no sabremos cuándo se acabe. Me tocó a la mala reconocer eso que me dijo mi hermano, cuando entendí que él ya no regresaría. Claro que estuve triste, pero no me quedaba de otra, ya que ese fue el destino de mi hermano. Su tiempo ya se había acabado. Créeme que no hay día en el que no recuerde esos momentos que viví con él, y aunque sé que el tiempo un día me los quitará, sé que mientras yo viva, él seguirá vivo en mi corazón.
—Vaya, eso es conmovedor —Lyra le dedicó una pequeña sonrisa—. Oye, ¿en serio no quieres beber un poco? Créeme que me ayuda.
Un enorme estruendo sacudió las afueras de la cantina. Se escucharon gritos y llantos de personas. Arin y Lyra salieron a toda prisa para ver qué estaba sucediendo. Tropas de soldados habían aparecido y atacado la aldea. Arin no pudo reconocer a los soldados; no eran del Reino del Sur. Sus armaduras eran diferentes. De repente, un soldado alzó la mano para que el ataque cesara.
—Escuchen, escorias de Khron —proclamó el soldado con voz potente—, los fieles seguidores de Karius han venido a salvarlos del cruel destino que su gente tiene. Pronto, nuestro salvador Karius, junto con el Corazón de Eteria, salvará a toda alma pura, y todo aquel impuro será torturado hasta su fin. Pero nuestro salvador necesita a varias personas voluntarias para ser sacrificadas y otorgar su vida para el Corazón de Eteria y salvarnos a todos.
La gente se quedó inmóvil, ninguno dispuesto a ser sacrificado. El siervo de Karius esperó, pero al ver que nadie se entregaba, no le quedó otra opción más que actuar él mismo.
—Es triste ver cómo todos ustedes no desean la libertad, la paz —continuó el siervo de Karius—. No desean vivir tranquilos, que sus hijos vivan tranquilos, que puedan salir a jugar seguros. Por lo visto, veo que no. Pero no se preocupen, el amo Karius los salvará a todos. Solo necesitamos a varios de ustedes. ¡SOLDADOS, atrapen a todos los que puedan y llévenlos para el sacrificio! ¡El día pronto está por llegar!
Los soldados comenzaron a capturar personas por igual, tanto hombres como mujeres y niños. Nadie se salvaba. Sin embargo, los aldeanos se defendieron, y Arin y Lyra también se unieron para proteger a la gente. Arin demostró no solo ser alguien fiel y respetuoso, sino también hábil en el combate. Lyra no se quedó atrás, exhibiendo el poder de su magia. Canalizó su energía hacia su colgante, donde residía el fragmento del Corazón de Eteria, que al parecer potenciaba su ráfaga de energía.
Así, Arin y Lyra derrotaron a muchos soldados de Karius, pero sin darse cuenta, una flecha hirió a Arin en el hombro, dejándolo en el suelo. Lyra apartó a Arin y, usando su poder, canalizó su energía hacia la herida para acelerar su recuperación. Los soldados de Karius se retiraron después de haber dejado una masacre y muchos heridos. Se estimaba que se llevaron alrededor de veinte personas.
Lyra logró curar la herida de Arin, pero ella misma quedó inconsciente por la pérdida de sangre. Sabía que necesitaba reposo, pero se preguntó qué había pasado con Kael. No podía dejar de pensar si Kael estaba bien o si también lo habían atacado. No podía ir a buscarlo, ya que Arin estaba inconsciente. En ese momento, una mujer joven, de unos veinte años, apareció de la nada. Se acercó a Lyra, preguntando si necesitaba ayuda. Lyra se negó, pues no la conocía. La mujer se presentó, diciendo que su nombre era Eira, que no tenía nada que temer y que había escuchado que Lyra también tenía que buscar a alguien más, por lo que se ofreció a cuidar de Arin mientras Lyra buscaba a Kael.
—Sé lo que piensas, no me conoces, es normal —dijo Eira con una sonrisa amable—. Pero te juro que no tengo malas intenciones. Soy curandera de la aldea. Me sorprende cómo curaste la herida de este muchacho. Tengo curiosidad, me gustaría saber más de cómo lo hiciste.
—¿Qué te parece si te quedas con Arin y te callas, okey? —respondió Lyra, todavía aturdida—. Ya, si estoy de humor, hay veo qué te invento, digo, cuento de mí.
Lyra dejó a Arin en manos de Eira, la curandera de la aldea. Así, Lyra salió a buscar a Kael. Decidió primero buscarlo en su casa, ya que sabía que él los había mandado a la cantina a esperarlo porque antes necesitaba hablar con su mujer sobre el asunto de la misión. El ambiente era muy triste; gritos y cadáveres cubrían los suelos. La aldea de Khron tenía sus tensiones internas, pero era pacífica la mayor parte del tiempo, y ver aquella masacre resultaba abrumador.
Lyra llegó a casa de Kael, y el miedo la abrumó. De sus ojos brotaron lágrimas mientras aceleraba el paso. Kael estaba en el suelo y su casa, destruida. Lyra trató de buscar a la mujer de Kael y a su hijo, pero no encontró nada.
—Lyraaa... —murmuró Kael con voz débil.
Kael seguía vivo, pero estaba gravemente herido. Lyra corrió para ayudarlo y curar sus heridas. A diferencia de Arin, que solo tenía una herida en el hombro, Kael estaba maltrecho, con un corte profundo en el párpado izquierdo.
—¡Mi familia, Lyra! —exclamó Kael, con desesperación—. Esos malditos se llevaron a mi familia.
—Tranquilo, Kael, no te muevas —dijo Lyra—. Te juro que los rescataremos.
Lyra se desmayó por el esfuerzo de curar a Kael, ya que la magia tiene límites, y el límite es su usuario. Lyra había usado una cantidad irresponsable de energía para curar a Arin. Al usar su energía de forma brusca dos veces, la dejó sin fuerzas. Kael no estaba curado por completo, pero sus golpes estaban mitigados. Él la tomó con cuidado y la cargó.
—Oye, niña, despierta —dijo Kael, zarandeándola suavemente—. ¿Ya te moriste o qué?
Lyra, con voz débil, le contestó:
—¿Qué, está prohibido dormir o qué? El alcohol te tiene mareado, es todo.
Lyra se levantó. Aunque débil, sabía que estaría bien. Kael permanecía inmóvil. Los siervos de Karius se habían llevado a su familia para su cometido. Sin decir una palabra, se levantó y se dirigió hacia donde estaba Arin.
—Levántate, niña —dijo Kael, con una determinación férrea—. Escucha, a mí no me interesa Karius ni qué quiera hacer con este mundo, pero juro que ese desgraciado pagará por atacar a mi gente y llevarse a mi familia. No podemos perder tiempo.
Decididos, fueron a ver a Arin, quien estaba al cuidado de Eira. El ataque a la aldea les había hecho ver a nuestros héroes que Karius no jugaba, y la idea de lo que habría pasado si hubieran venido solo por Lyra no dejaba de rondarles la mente. Todos pensaron lo mismo: si eso hubiera ocurrido, no habrían podido detenerlos.
Lyra y Kael llegaron con Arin, quien ya había recuperado la conciencia.
—¿Y qué te pasó a ti? —preguntó Kael.
—Me lastimaron con una flecha —respondió Arin—, y por lo que veo, a ti no te fue tan bien que digamos.
—Escucha, Arin —dijo Kael, con la voz cargada de dolor y rabia—. Esos malditos se llevaron a mi mujer y a mi hijo.
—¿En serio? —Arin sintió un escalofrío—. Vaya, lo lamento.
—No tienes por qué lamentarlo. Yo mismo iré por mi familia y mataré a Karius.
—Sabes, viejo —Lyra se puso de pie, su expresión endurecida—. Estoy contigo. Por más que no quiera estar en esto, sé que debo hacer algo, o si no, ellos volverán y no busco que me maten.
Eira, con una sonrisa, solo escuchaba al trío de héroes. Podía ver claramente su determinación por encontrar a Karius. Al notar la herida aún abierta de Kael en el párpado, sacó unas vendas y decidió ayudar.
—Espere, señor —dijo Eira, acercándose—. Su herida está sangrando. Déjeme ayudarle.
—¡Oye, oye! ¿Qué haces? —Kael se apartó, sorprendido—. Oigan, díganme quién es ella.
—Es una curandera de la aldea —explicó Lyra—. Vio a Arin herido y decidió ayudar, pero ahora no me puedo deshacer de ella.
—Una disculpa por las molestias —dijo Eira.
—Dices que eres de aquí —observó Kael—. Qué raro, nunca te he visto.
—No, no soy de aquí. Soy una curandera del Reino del Sur —aclaró Eira—. Vine aquí a conseguir medicamentos, pero al parecer no tuve buena suerte. Esas personas atacaron y, bueno, estoy aquí con ustedes.
Los tres héroes se quedaron pensativos, sin convencerles del todo la historia de Eira. Lyra era la que más desconfiaba. Desde que apareció, no dejaba de sentir algo extraño en esa mujer, pero un comentario de Arin la confundiría aún más.
—¿Qué tal si nos acompañas, Eira? —sugirió Arin.
Lyra, con el ceño fruncido y expresión de sorpresa, no podía creer lo que Arin había dicho.
—Necesitamos alguien que sepa de medicina y curación —razonó Arin—. Lyra nos puede curar con su magia, pero no lo puede hacer mucho tiempo.
—No le digas magia —le corrigió Lyra.
—Es favorable si llevamos a alguien con conocimiento no mágico en curación con nosotros.
Kael y Lyra se quedaron pensando. Era muy repentina la aparición de Eira, y que no quisiera irse era aún más sospechoso. Pero después de lo que dijo Arin, ellos ya no sabían qué pensar.
—Oye, dime la verdad —Lyra le susurró a Arin—, te gusta, ¿verdad? Por eso te la quieres llevar, ¿verdad? Jajaj.
—No empieces —Arin negó con la cabeza—. Tú sabes que no podemos depender al cien por cien de ti, y menos si hablamos de curación.
Lyra solo volteó la cabeza hacia un lado, con un gesto enojado.
—Pues haz lo que quieras.
—Kael, ¿qué opinas?
—Que estás loco —respondió Kael, pensativo—, pero que es verdad, necesitamos proteger a Lyra.
—¡Vaya! —exclamó Lyra, indignada—. Jamás me sentí tan traicionada. ¡Ya no me hablen!
Así, Arin, Kael y, porque no le quedaba de otra, también Lyra, confiarían en Eira, quien los seguiría en su misión por detener a Karius y salvar a la familia de Kael. Pero primero necesitaban información y, más que nada, saber qué día Karius sacrificaría a todos los que había secuestrado. No podían perder tiempo. Nuestros héroes salieron de la aldea de Khron y se dirigían a la frontera entre el sur y el este.
Pero, por el otro lado, en un lugar lejano del este, más específicamente en una cueva dentro de un cráter, unos hombres encapuchados habían llevado a alguien amarrado y con los ojos vendados. Ese hombre no sabía dónde estaba, pero sabía a dónde lo llevaban. Lo condujeron a ver a Karius para que le informara de lo ocurrido en la aldea de Khron.
—Y bien, habla, ¿dónde está esa niña? —exigió Karius.
—No lo sé, señor —respondió el hombre vendado—. Salió de mi rango de vista, pero logré herir a uno de su grupo. Creo que era del Reino del Sur.
—Así que Sauldur se animó a ser el primero en rebelarse —murmuró Karius con una sonrisa cruel—. Mmm, muy bien.
—Escúchame —ordenó Karius—. Busca a esa mujer y roba el fragmento del Corazón de Eteria. Haz eso y yo cumpliré con lo que acordamos.
—Se lo agradezco, señor —dijo el hombre vendado—. Y tranquilo, yo me encargaré. Daré mi vida por la misión.
El hombre fue sacado de la habitación y del escondite de Karius. Se quitó la venda y partió, listo para buscar a los héroes y atrapar a Lyra.
La pregunta ahora era, ¿quién sería ese hombre y cómo se darían cuenta nuestros héroes del peligro que les esperaba?



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En el texto hay: humor negro, fantasy adventure, enemies to loves

Editado: 29.05.2026

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