Leyendas De Eteria

CAPÍTULO 4: SECRETOS OCULTOS

Arin, Lyra, Kael y Eira dejaron la aldea de Khron, listos para detener a Karius y a su grupo de seguidores. Nuestro grupo, sin embargo, antes de poder detener a Karius, necesitaba recopilar información sobre su verdadero objetivo. Pero sus planes fueron interrumpidos por la llegada de soldados del Reino Imperial del Sur, quienes venían a entregar un mensaje.
—Hemos venido en nombre del Rey Sauldur Tercero —declaró el capitán de la guardia, con voz marcial— a dejar un mensaje para Arin. Dice así: "Arin, mi caballero más leal, es de gran importancia que regreses al reino y traigas contigo a Lyra."
Arin, con las cejas alzadas y un gesto de confusión en el rostro, no entendía por qué el rey necesitaba a Lyra de regreso.
—Muy bien, si así lo ha dicho el rey, regresaremos —respondió Arin a los soldados, su voz firme a pesar de la sorpresa.
—¡Estás loco, Arin! —gritó Kael, con el enojo visible en su rostro—. Ni de broma retrocederé en esto. No puedo perder el tiempo por capricho de tu rey.
—Tranquilo, Kael —pronunció Arin, intentando relajarlo—. Confía en mí, ellos solo son mensajeros.
Lyra era la más confundida. Hasta ahora, el ataque a la aldea la había llenado de miedo hacia el rey, y su mente bullía con ideas para detener a Karius. Sin embargo, no prestaba atención a lo que sucedía a su alrededor. Seguía observando a Eira. No le parecía coherente que una mujer tan callada, con rasgos faciales tiernos como los suyos, fuera capaz de embarcarse así, como si nada, en una aventura suicida. Lyra tenía una mala espina y no podía dejar de observar a Eira, por más obvia que se viera su desconfianza.
Al no tener opción, nuestros héroes decidieron seguir a los mensajeros de vuelta al reino. Arin parecía de lo más tranquilo, incluso intentaba entablar conversación con los mismos soldados.
—Oigan, ¿y cómo está el joven Dan? Escuché que está avanzando bien como caballero —dijo Arin, tratando de conversar con los soldados—. Así que díganme, ¿cómo está él?
—Sí, Dan es alguien prometedor —respondió el soldado encargado de llevar el mensaje—. Se dice que el rey pronto lo promoverá a guardia personal del mismo rey.
Arin hizo una seña disimulada a Kael, indicando que se alistara para atacar. Lyra, que iba detrás, también entendió la señal. Los tres disminuyeron su ritmo. Cuando los soldados se dieron cuenta, ya era tarde: Arin y Kael ya tenían a dos de ellos inmovilizados. Arin, con su espada, sujetaba a uno por la espalda, y Kael, con una daga, tenía a otro por el cuello. Un tercer soldado intentó huir, pero mientras Lyra intentaba detenerlo, este cayó al suelo unos pocos metros más adelante, sin previo aviso. Al parecer, fue Eira quien lo derribó usando un dardo y un pequeño tubo.
—¡Esperen! ¿Por qué nos hacen esto? —gritaba uno de los soldados capturados—. ¡El rey los castigará por esta traición! ¡Les ordenó que nos suelten!
—¿Soltarlos? —dijo Arin, con una sonrisa confiada—. Sabía que algo andaba mal con ustedes cuando pregunté por Dan. Supe que no eran del reino. Así que, ¡hablen!
A los impostores no les quedó más remedio que hablar. Confesaron que eran seguidores de Karius y que él mismo buscaba a Lyra para su plan. El gran día estaba cerca y su gran plan no podía tener obstáculos como ellos. Kael no esperó más y cortó la garganta del soldado al que tenía sujetado por el cuello. Arin y Lyra quedaron perplejos. Arin, con fuerza, empujó y detuvo a Kael, mientras que al otro impostor que él tenía lo dejó noqueado.
—¿Qué te pasa, Kael? —pronunció Arin, furioso—. No era necesario matarlo, primero teníamos que interrogarlo. Dime ahora, ¿qué haremos?
—No me vengas con tus códigos de ética como si me fueran a importar —dijo Kael con enojo—. ¿Tú crees que ellos nos hubieran noqueado y se hubieran llevado a Lyra? Claro que no, ellos nos hubieran matado sin pensarlo dos veces.
—Lo hecho, hecho está —dijo Arin, sin nada más de qué quejarse—. Está muerto, no podemos revertir eso, pero piensa que tal vez él hubiera tenido información importante, Kael.
—Todo seguidor de Karius sabe de su plan, Arin, así que relájate —Kael señaló con la cabeza—. Aún quedan dos inconscientes ahí tirados, ¿recuerdas?
Nuestro grupo de héroes se refugiaron en una pequeña cueva, donde Arin y Kael interrogarán a los impostores que ahora sabían que eran seguidores de Karius.
Mientras tanto, Lyra y Eira permanecerían afuera, vigilando. Eira, para no aburrirse y pasar el rato, le preguntó un par de cosas a Lyra.
—Oye, y dime, ¿qué haces tú con ellos? —inquirió Eira—. Es decir, ¿por qué decidiste ayudarlos?
—Eso quiero saber yo también —respondió Lyra, con el rostro serio y una postura desafiante—. Tú dime por qué demonios decidiste venir. Es decir, no te conocemos y aún no entiendo por qué Arin confía en ti.
Eira, con un gesto inocente, solo subió los hombros y le dijo a Lyra:
—No sé, supongo que no quería quedarme en la aldea y tratar a toda esa gente. Vaya, ahora que me pongo a pensar, es algo malo eso que hice, pero prefiero salir y enfrentar a un loco que estar vendando y asistiendo a la bruja de la enfermera.
—Vaya, y yo creía que Kael era el tipo malo del grupo, pero tú en serio me sorprendes —pronunció Lyra con un gran gesto de asombro. Incluso, por un instante, se le erizó la piel.
—Oye, yo ya te dije por qué estoy aquí —Eira empujó de forma amistosa a Lyra—. Te toca. Vamos, dime, el soldado mencionó magia, ¿acaso eres una de esas brujas del este o algo así?
—Me ofende que me insinúes como una bruja —Lyra, siguiendo el juego, contestó como si hablara con alguien de confianza—. ¿Acaso me veo demacrada? ¡CLARO QUE NO! No soy una bruja, tengo amigos brujos del este muy guapos, eso sí, pero yo no soy nada de eso.
—Vaya, qué pena. Yo que quería que me hicieras un truco —Eira suspiró—. Pero bueno, oye, las provisiones se están agotando. Todavía no anochece, ¿qué te parece si vamos a ese pueblo que está por allá y conseguimos algo?
—Mmm, no sé, debo preguntar eso a Arin.
Al parecer, Lyra y Eira parecían entenderse. Lyra aún tenía sus dudas sobre Eira, pero se sentía más tranquila al no mencionarle su don especial, aunque igualmente no bajaría la guardia.
Mientras tanto en la cueva Arin y kael interrogan a los siervos de karius que capturaron.
—¡Buenos días, solecito! Despierta, tenemos que hablar contigo —dijo Kael, cacheteando la cara de uno de los siervos de Karius.
—¿Qué? ¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí? —El seguidor de Karius, tembloroso y pálido, respondió—. Por favor, no me lastimen, soy soldado del Reino del Sur.
Arin y Kael estaban confundidos. ¿Por qué el seguidor de Karius insistía en decir que era del Reino del Sur? ¿Por qué mentir en esos momentos? Arin interrumpió a Kael para hablar con el supuesto soldado del reino.
—Veamos si eres del Reino del Sur, demuéstramelo —Arin, con seguridad, le pidió al supuesto soldado que probara su identidad.
—Bien, bien, te lo diré —respondió el soldado con una voz hipertensa—. Fui enviado por el gran monarca y respetuoso Rey Sauldur Tercero, hijo del gran líder de nuestra tierra, Sauldur Segundo.
—Vaya, cómo te gusta decir tonterías —comentó Kael con enojo hacia el soldado—. Veamos si con unos golpes dices algo bueno.
—¡No, espera, Kael! —respondió Arin a Kael—. Sé que no miente. En el Sur, la familia real es muy venerada.
—Eres algo estúpido, ¿verdad, Arin? —le respondió Kael con mucha arrogancia—. Cualquier maldito como él puede decir esas mierdas para ocultar lo que de verdad es. Así que déjame esto a mí.
Después de decir eso, Kael agarró un palo, listo para hacer hablar al supuesto soldado. Pero antes de golpearlo, el soldado, con un gran grito de desesperación, dijo:
—¡ESPERA! ¡YO CONOCÍA A TU HERMANO!
Toc, toc. Un sonido de golpeteo se escuchó desde afuera. Eran Lyra y Eira, que buscaban a Arin y Kael para avisarles que saldrían por provisiones.
—Oigan, Eira y yo saldremos por unas provisiones —dijo Lyra, viendo al fondo al soldado muy golpeado—. Vaya, creo que están algo ocupados, así que volvemos pronto.
—Sé precavida, Lyra —le contestó Arin—. Nadie debe saber que estamos aquí. Cuida a Eira y trata de no usar magia, aún te ves algo cansada.
Lyra, en silencio, levantó las cejas y lentamente se retiró de la puerta de piedra que cubría la cueva.
—Bien, sigamos. Espero que digas la verdad, amigo. A mi amigo Kael no le gustan los mentirosos.
—Te llamas Arin, ¿o no? —El soldado, con voz entrecortada, se dirigió a Arin—. Yo recordaba a tu hermano. Ustedes vivían en los basureros, ¿verdad? Pero todo es una mentira...
—¿Qué? ¿De qué me hablas? —Arin, con confusión, tomó al soldado por los hombros y lo levantó—. ¿De qué demonios estás hablando? ¿A qué te refieres con "mentira"?
—El reino te mintió... El mismo rey te mintió... Todos lo hicieron porque no querían que alguien con gran potencial como tú se hundiera en el camino como Karius... —Con voz baja y cortante, el soldado, sin fuerzas para hablar, le reveló cosas que Arin no entendía, pero que lo dejaron profundamente confundido.
—¡Oye, oye, despierta!
Al parecer, el supuesto soldado del Reino del Sur se desmayó por los golpes que Kael le había dado. A pesar de que tenían a uno más amarrado, él también estaba inconsciente. Las palabras que el soldado le había dicho a Arin para él no tenían sentido. ¿A qué traición se refería? ¿Qué tenía que ver con su hermano?
—Oye, Arin, ¿estás bien? —preguntó Kael a Arin, notándolo algo diferente—. Oye, no nos queda de otra que esperar a que despierten. Hay que salir y dejarlos aquí encerrados —opinó Kael sobre qué hacer con ellos.
Un silencio incómodo nubló la cueva, hasta que escucharon afuera un silbido fuerte. Salieron y eran Lyra y Eira, que habían llegado con provisiones y estaban alistando un pequeño campamento.
—¡Oigan, ya salgan! —Lyra les habló con voz fuerte—. Debemos comer algo y, además, también necesitamos energía para seguir, ya que adonde vamos es algo peligroso.
—Bueno, Arin, hay que salir. Lyra es de paciencia corta, jaja —dijo Kael, dándole una palmada en el hombro a Arin.
Arin solo se quedó mirando al soldado desmayado, sin dejar de pensar en lo que le había dicho y a qué se refería con las mentiras en el reino. Pero de todas formas, no encontraría información en ese momento, así que salió y se reunió con los demás. Pasaron un rato agradable; al parecer, Lyra sabía cocinar muy bien, brindándoles una buena cena. Risas, bailes y mucha felicidad hubo. Cuando cayó el anochecer, nuestros héroes, sentados mirando las llamas del fuego, decidieron hablar de ellos.
—¡Aaaah! Se necesitaba algo de relajación. Hemos tenido unos días algo tensos, pero a veces se necesita esto para relajarse un poco.
—Jajaja, sí, tú lo has dicho, niña —respondió Kael—. Sé que, aunque a veces se sienta que todo se va para abajo, encontraré a mi familia y le daré un buen golpe a Karius. ¡Así que, salud!
—¡SALUD! —Todos brindaron y tomaron, hasta que Eira decidió preguntarle a Lyra algo personal.
—¿Y dime, Lyra, dónde está tu familia? Presiento que son iguales a ti de enérgicos.
Un silencio rodeó el ambiente. Kael y Arin solo se voltearon a ver, ya que Lyra estaba tomando y no sabían lo que sería capaz de decirle a Eira.
—Yo, bueno, mi familia, digamos que están lejos de aquí —Lyra suspiró—. Trato de no recordar ese día, pero pues, eres tú, una tonta dulce, así que te la dejo pasar, pero no vuelvas a preguntarme eso.
Kael y Arin, con gesto de impresión, vieron a Lyra, ya que ninguno de los dos la había visto tan tranquila hablar de ese tema.
—Escuchen, el Corazón de Eteria no se puede activar mañana o pasado; debe ser en ciertas condiciones. Adonde iremos es a ver a un tipo que es como un adivino. Él nos dirá qué día es el indicado para un ritual, así como espera Karius hacer.
—¿Y por qué dices que es peligroso? —preguntó Kael, algo incómodo al mencionar las serpientes—. ¿Hay matones protegiéndolo, cocodrilos, serpientes, o cocodrilos y serpientes?
—No, el camino que debemos seguir se dice que está maldito —explicó Lyra—. Y que te hace ver tus peores miedos o te hace revivir tus momentos más traumáticos. Solo aquellos con una mente fuerte o los que fueron privilegiados y no les tocó sufrir en la vida podrán pasar sin problemas. Pero, como hablamos de nosotros, sé que nos toparemos con esa maldición.
—Mientras no me haga pelear con una serpiente gigante, por mí bien —mencionó Kael, con voz incómoda.
—Jajaja, ¿en serio te asustan tanto? —Arin, con voz burlesca, le respondió a Kael.
—¿Que no las has visto? ¡Invertebradas, largas, frías y que te pueden matar con una mordida! No, gracias, prefiero estar con mi suegra.
Fue un momento alegre para terminar este pequeño convivio. Un rato después, todos estaban dormidos. Arin decidió quedarse un rato de guardia. En el silencio abrumador de la noche, su mente no dejaba de ver a un pequeño venado que permanecía parado sobre una piedra, mientras sus pensamientos se nublaban. Sigilosamente, fue a la cueva a revisar a los prisioneros. Arin entró a la cueva y, entre susurros, despertó al soldado atado y golpeado.
—Pss, oye, despierta. Escucha, dime a qué te refieres con "mentira" y te juro que te liberaré.
—Tu... tu hermano no murió en la guerra por la separación de la aldea de Khron —el soldado pronunció, con voz apenas audible—. A Dan lo mataron por un capricho.
Arin golpeó el suelo y, con voz baja pero agresiva, le dijo:
—¿A qué te refieres con "capricho"? ¡Dime!
—A tu hermano lo sacrificaron para tratar de activar el Corazón de Eteria. Creían que si sacrificaban a alguien de corazón noble como tu hermano, el fragmento que tiene Lyra les daría la fuerza para ellos ser quienes dominaran. Pero les salió mal y no funcionó. La familia de Lyra era protegida por el Rey Sauldur, pero al negarse a experimentar más, decidieron matarlos y tratar de quitarles el fragmento y, bueno, ya sabes cómo acabó eso. Esa mujer es la clave, y el rey lo sabe, y no dejará que Karius la tenga.
Arin solo cerró sus ojos con furia, mientras unas lágrimas brotaban al saber lo que le había pasado a su hermano y a la familia de Lyra.
—¡Mientes! —exclamó Arin, con voz rota y triste, defendiendo a su rey y a su hogar—. ¡Mi hermano no fue usado y el rey no masacraría a toda una camada de sobrevivientes de guerra!
—¿Querías la verdad o no? Pues ya te la di. Esa es la verdad, Arin. Tu hermano lo usaron de sujeto de prueba, y como ves, falló. Tú sabes que Lyra está condenada, así que haz lo correcto y entrégala, o acaba con su sufrimiento y mándala con su familia.
Arin, con movimientos rápidos, sacó su espada y cortó la cabeza del soldado. Al hacer esto, Arin sería ahora un traidor, quedando nula la posibilidad de volver al Reino del Sur.
—Yo la protegeré —Arin, mirando la cabeza del soldado, pronunció esas palabras con voz firme—. Yo juro que protegeré a todos con mi vida.
Había aceptado su destino, su hermano murió por caprichos de poder pero él defendería a sus amigos de todo aquel que se atraviese.



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En el texto hay: humor negro, fantasy adventure, enemies to loves

Editado: 29.05.2026

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