Leyendas De Eteria

CAPÍTULO 5: EL CAMINO MALDITO

Al amanecer, nuestros héroes se alistaban para partir. Lyra sería la encargada de guiar a los demás por el camino que los llevaría al vidente. Mientras todos se preparaban, Kael se acercó a Arin, con un semblante serio, para preguntarle.
—Arin, dime qué diablos pasó en la cueva anoche —dijo Kael, su voz grave—. ¿Por qué está uno de los encadenados decapitado?
—El tipo me atacó —respondió Arin, sin mirarlo a los ojos—. Tenía algo escondido entre sus manos y quiso apuñalarme. Fue algo irracional haber decapitado, pero ¿qué se hace? Ellos son el enemigo, ¿no es así? Tú me lo dijiste antes.
Arin se alejó sin decir nada más. Todos montaron sus caballos y partieron hacia el oráculo. Dejaron la frontera de la aldea de Khron y se dirigieron hacia el centro de Eteria, una zona conocida por su negatividad ambiental, consecuencia de la disipación de la energía pura del Corazón de Eteria. Cabalgaron durante aproximadamente una hora. Arin no dejaba de pensar en lo que le había dicho el soldado, pero algo más rondaba en su mente: ¿era realmente alguien del reino, y lo que le había dicho era verdadero? Las ideas nublaban su pensamiento. Kael, a lo lejos, solo lo veía y sentía que algo ocultaba; Arin no se comportaba como antes. Ese espíritu fuerte y libre se veía diferente desde la mañana.
Después de un largo viaje, nuestros héroes llegaron al tal "camino maldito" que resguardaba al vidente. Un aroma fuerte cubría la zona, y el ambiente se sentía pesado. Arin percibía que entidades escondidas entre las rocas lo observaban. De la nada, unos sonidos de niños corriendo se escucharon detrás de la espalda de Arin. Dando una vuelta rápida, volteó, pero no vio nada.
—Relájate —dijo Lyra, para calmarlo—. Recuerda que este lugar juega con la mente y, créeme, no te mostrará cosas bonitas.
—Veo su choza, Lyra, no está lejos —comentó Kael.
—Lo sé, y aquí es donde empieza lo feo. Escuchen: vamos a atarnos con esta cuerda que encontré en el camino para no perdernos y llegar juntos. Si el camino nos separa, será nuestro fin.
Después de haber dicho eso, nuestros héroes se ataron y, juntos, entraron en aquel camino maldito, cuya sola presencia inundaba el ambiente de negatividad. Una ligera neblina rodeó el sendero; los árboles y el pasto de los lados quedaron cubiertos por una niebla tan densa que era difícil ver por dónde iban. Lyra, con un palo que había encontrado, usó su magia para crear una antorcha y así iluminar mejor el camino. La presencia era abrumadora. Arin, a lo lejos, sentía que alguien los observaba; no podía ver nada, pero la sensación persistía. Trató de ignorarlo, ya que la advertencia de Lyra sobre este lugar había sido clara: no debías hacer caso a lo que vieras. Arin siguió caminando, pero de la nada, una voz grave de un niño gritó su nombre a sus espaldas. Solo él lo escuchó, nadie más pareció percibirlo.
—Arin, relájate —dijo Lyra, tocando su hombro con delicadeza.
Arin estaba desorientado; la voz del niño que le había gritado por detrás no le permitía comprender qué demonios pasaba. Pero mientras Lyra intentaba calmar a Arin, una serpiente pareció estar sobre el hombro de Kael. Todos lo notaron, menos él. Eira, de forma tranquila y con movimientos lentos, se acercaba a Kael.
—Kael, no quiero que te asustes y no quiero que te muevas —dijo Eira, sacando su cerbatana y un dardo, apuntando al hombro de Kael. Él, sin saberlo, volteó la cabeza hacia su hombro.
Kael vio su hombro: era una serpiente negra. La respiración de Kael se volvía más y más fuerte mientras solo volteaba la cabeza a los lados, asustado. Al parecer, esto era un efecto de la maldición, ya que las serpientes eran uno de los miedos de Kael. La serpiente se levantó y sacó los colmillos, pero antes de intentar morder, Kael se volvió loco y empezó a correr y gritar:
—¡QUÍTENMELO! ¡QUÍTENMELO!
Kael había roto el lazo y desapareció en la neblina. Eira, tratando de seguirlo, cayó en lo que parecía ser un precipicio. La neblina se volvió más densa. Solo quedaban Lyra y Arin.
—Escucha, Arin, no te separes de mí —dijo Lyra, asustada por lo que estaba pasando—. Si permanecemos juntos, no ocurrirá nada.
Lyra se volteó para ver a Arin, pero algo había pasado: él ya no estaba. La neblina también lo había atrapado.
—¡ESTO DEBE SER UNA PUTA BROMA! —Lyra, enojada, maldijo el lugar en voz alta—. ¡Mierda, ahora qué voy a hacer!
Lyra no podía ver nada. La antorcha que tenía se le había caído en el momento en que Kael salió asustado. Pensó que con magia podría disipar la neblina, pero al hacerlo, algo notó en su pecho: el fragmento no estaba. Al parecer, se le había caído cuando empezó todo el revuelo.
—¡No, no, no! ¡Mierda, dónde pudo haber caído! —Lyra, asustada, buscaba entre la neblina, pero sin suerte.
En ese momento, vio a alguien corriendo, y parecía tener el fragmento en la mano. Lyra corrió, buscando detenerlo. No permitió que se lo llevaran, pero el sujeto se escondió en lo que parecía una casa quemada. Lyra entró sin pensar, lista para enfrentar al ladrón, pero algo estaba mal: la casa estaba vacía, no había ningún mueble. Se le hizo extraño. Lyra recuperó la cordura y salió rápido del lugar, ya que sabía que era una ilusión. Al momento de salir, una fuerte explosión hizo caer a Lyra. No podía creerlo. El escenario cambió de golpe: ya no había neblina, solo personas corriendo y soldados atacando. Lyra, hiperventilando, bajó la cabeza y dijo:
—Mierda, mierda, no de nuevo... Esto no...
Lyra se levantó y corrió, pues sabía dónde estaba. Exacto, estaba en el momento en que unos soldados atacaron a su gente y mataron a todos, el momento en que Lyra lo perdió todo. Los soldados atacaron a Lyra y ella se defendía, hasta que de lejos vio una silueta nueva que ella no parecía recordar. El ambiente se volvió lento y solo enfocaba a una persona de negro montada en un caballo. Lyra, paralizada, escuchando los gritos de las personas inocentes siendo masacradas y de soldados riendo, el ambiente, su visión y audición se distorsionaba más y más. Lyra, con hiperventilación, no podía hacer nada. Con una mano en el pecho, solo respiraba de manera brusca, y, como si fuera un parpadeo, Lyra volvió a ser una niña. Mientras todo seguía en cámara lenta —la sangre caer, los cuerpos, el fuego—, ella notó algo más en esa silueta montada en el caballo: parecía tener una corona brillante. La ahora pequeña Lyra recordaba el suceso. Entre escenas, en sus ojos pasaban los cuerpos, la sangre, los gritos. Los sonidos, las distorsiones y los recuerdos nublaron aún más su mente. Todo se detuvo. Lyra, inmóvil, veía una flecha acercarse, que venía directamente hacia ella. Lyra, entre lágrimas, solo cerró los ojos, esperando su fatal momento Cuando la flecha estuvo a punto de impactar con Lyra, una silueta la jaló hacia un lado. La cámara lenta y las distorsiones se habían esfumado. Lyra, levantando la cabeza, vio que la cargaba una mujer. Ella la recordaba, ella sabía quién era la que la salvó. La mujer se escondió en un establo y, junto con un caballo, subió a Lyra. Mientras la preparaba, le dijo las frases que ella nunca olvidaría:
—Lyra, mírame, mi amor. Escucha, no importa lo que oigas, no importa lo que veas. No vuelvas.
La mujer era la madre de Lyra. Asustada y con lágrimas en los ojos, le dio un collar a la pequeña Lyra.
—Lyra, escucha —continuó su madre—. Este collar es nuestra herencia, es un tesoro que te tocará proteger. Habrá gente mala que buscará esto, no importa quién sea. Debes esconderte, no importa lo que veas. Soldados del reino, si los ves, debes correr y esconderte. Nunca confíes en un guarda del reino.
La madre de Lyra se despidió de la pequeña, la abrazó con fuerza y soltó al caballo para que Lyra escapara junto con el fragmento del Corazón de Eteria.



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En el texto hay: humor negro, fantasy adventure, enemies to loves

Editado: 29.05.2026

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