—¡DETENTE, ESTÚPIDO!
Todo después de eso se puso oscuro. Arin nunca se dio cuenta de que lo habían derribado.
—¡Arin! ¡Arin!
Los demás solo gritaban su nombre, pero Arin los evitaba. No quería despertar. Se sentía tan tranquilo, lleno de paz. Todo el estrés acumulado había desaparecido.
¿Qué mierda pasó? —se preguntó Arin, sin comprender por qué gritaban tanto.
—Debo despertar, pero no puedo. No puedo despertar. No puedo moverme. Y cada minuto me hace sentir más… aaaah… liviano.
Aunque quería despertar, la tranquilidad de la oscuridad que lo rodeaba no lo dejaba.
—¿Estoy muerto? ¿O por qué no siento nada?
Nadie sabe exactamente qué pasa después de la muerte. Solo cierras los ojos y tu vida, amigos, familia, cosas materiales… todo desaparece. Arin experimentaba algo similar. Su cuerpo, cada vez más liviano. Y todo el estrés, los miedos, los traumas, desaparecieron de su mente.
—Dan… Lyra… perdónenme. Pero creo que no cumplí con mi promesa. Disculpenme.
—No, Arin. Aún no es tu tiempo, hermano.
De forma brusca, Arin abrió los ojos y respiró fuerte por la boca. Estaba acostado en el árbol donde lo habían dejado Rorck y Germain.
—Carajo. Me quedé dormido. Esa sopa sí que me cayó mal; ya hasta alucinaba.
—¡Al fin despertaste, bello durmiente! Ya creíamos que no lo harías. Lyra se despertó en la noche y te vio todo dormido en ese árbol, así que ella se puso de guardia hasta el amanecer.
—¿En serio? Vaya… No sé lo que pasó, Kael. Todo es confuso.
—Más bien yo te diría que te relajes. Recuerda: cuando el oráculo te llame, por fin nos dirá dónde está ese bueno para nada de Karius y podremos recuperar a mi familia.
—Es cierto, Kael. A pesar de todo lo que hemos pasado, por fin lo atraparemos. Y con él fuera, sus seguidores no tendrán motivación para hacer lo que hacen.
—Oigan, entonces, ¿qué les parece si comen de la sopa de ayer? Ocupan energía, y qué mejor que con la sopa que preparamos —dijo Eira con expresión amable.
Tanto Kael como Arin la rechazaron por ser la responsable de haberlos envenenado.
—No, gracias, Eira, te lo agradezco, estoy bien.
—¿Qué te pasa, mocosa? ¿Quieres matarme?
—Oye, Eira, dime dónde está Lyra.
—Creo que se está tomando un baño en el río del fondo.
—Me duele mucho el cuello. No recuerdo nada de anoche. Rorck… ese nombre… no sé por qué siento que conozco ese nombre.
—Bueno, chicos, siéntense, la comida está servida. Y descuida, Kael, no tiene serpiente.
—Kael, siempre te quise preguntar: ¿tú cómo conociste a Lyra? O sea, ella solo te mencionó y parece que tienen una buena relación.
La curiosidad y la intriga ganaron en Arin. Pero antes de que Kael hablara, el oráculo Jacoblee llamó a Arin para entrar a su cuarto, ya que todo estaba listo para darle la información que conocía de Karius. Dejó a todos con intriga… bueno, solo a Arin, ya que esa pregunta también había despertado la curiosidad sobre Lyra y Kael.
—Bueno, Kael, no dejes esto pausado. Dime: ¿cómo conoces a Lyra y cómo le haces para aguantarla?
—Jajaja, cierto, es algo difícil estar con esa niña. Pero no siempre fue así, Eira. La historia no es muy larga, o al menos no detallada, pero te la contaré.
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MI PEQUEÑA NIÑA
—Aaaaah, ¿por dónde empiezo? Yo era joven. No recuerdo bien qué edad tenía, pero tendría unos veinticinco o veintisiete años. Era mi época dorada. El trabajo como mercenario iba bien; si había trabajo y dinero para mí, era perfecto. La Cantina de Agua Dulce era mi choza de trabajo, mi base, por así decirlo. Conocía al dueño, era un gran amigo, y claro, le daba una comisión. Y él, de vez en cuando, me buscaba un trabajo. Pero nunca olvidaré el día que encontré a Lyra. Fue algo que cambió todo.
—Espera un momento. ¿Estás hablando en serio? ¿En verdad todos murieron?
—Te digo que sí, Kael. Según mis informantes, el rey Sauldur Tercero mandó a sus soldados a masacrar a los sobrevivientes de la guerra por el Corazón de Eteria.
—Vaya, en verdad es algo extraño. Esas personas no dañaron a nadie. Pero quién sabe, tal vez algunos hacían cosas que no le parecían a ese gordo.
—Oye, Kael, por cierto, y tu esposa, dime: ¿ya dio a luz o todavía no?
—No, Lin todavía no da a luz. No le debe de faltar mucho.
—Oye, deberías pasar tiempo con ella. Dicen que presenciar el nacimiento de tu hijo es de lo mejor que se puede vivir.
—Estoy trabajando. Créeme, si fuera por mí, estaría con ella todo el día.
—Debes de estar agotado, Kael. Tienes como dos horas con el culo sentado y tomando esta mierda.
—Te diré algo: tu mierda es la mejor. Y con educación, te pido otro cargado, por favor.
—Sabes qué, te tomaré la palabra. Iré a ver a Lin.
De ahí recuerdo haberme levantado e irme. Y no pagué la cuenta, aunque claro que él luego me la cobraría. Caminé hasta mi casa. Ah, en ese tiempo mi esposa estaba embarazada. Iba a ser padre por primera vez. No sabía si sería niño o niña, pero créeme que no me hubiera importado. Habría aceptado todo. Menos lo que pasó ese día.
Cuando llegué y abrí la puerta, vi a mi esposa. Estaba algo cansada. Me dijo que estaba bien, pero la notaba algo mal. Estaba pálida y decía sentir punzadas en el vientre. Yo no sabía nada de esto; creía que era normal. Pasó un rato y un grito fuerte de Lin me asustó. Se puso de rodillas y tocaba con fuerza su vientre. Entre el pánico, creí que Lin entraría en labor de parto. Busqué ayuda y estuve alrededor de dos horas o más esperando. Solo escuchaba a Lin gritar. No me dejaban entrar. Pero créeme, Eira, no dejaba de pensar en lo que pasaba. El sentimiento de ser padre por primera vez es de lo más hermoso. Pero bueno, creo que me salí del tema.
Cuando nació mi primera hija, fue triste y desgarrador para mí, y más para mi esposa. Nuestra hija no tenía pulso. No respiraba. Los encargados intentaron de todo para hacer que respirara, pero todo fue inútil. Estaba muerta. Dicen que es más común de lo que parece, pero tuvimos la desgracia de experimentarlo. No te miento: estuve todo un mes ahogando mis penas en alcohol. Hasta que salí a realizar un trabajo fuera. No era algo complicado: era intimidar a un fanfarrón del Reino del Sur.