Tras un largo repique de las campanas, toda la trifulca se aglomeró en el patio central del colegio, las risas se dejaban oír cual trinar de aves en un trigal. Todos se mantenían vestidos con sus uniformes, los profesores casi no se daban abasto para controlar a la muchachada y deseaban con todo su ser que el director hablara y acabara con semejante problema.
Cuando al fin salió, creyó ver como una revuelta similar a la revolución del 48, como si los jóvenes intentaran derrocar a un gobierno.
-¡Jóvenes! -Gritó desde el balcón. -Hoy tendrán su primer fin de semana libre de este periodo académico, no lo verán hasta el próximo mes, disfrútenlo y hagan sus tareas. ¡Hasta el lunes!
-¡Hasta el lunes, director! -Gritaron al unísono todos los estudiantes.
Una multitudinaria marcha salió rumbo a la puerta de entrada. Todo el grupo de amigos y conocidos de Juan caminaban juntos, incluído el pequeño Antonio, esto para no perderse en la multitud de estudiantes. El niño los acompañaba debido a que desde que conoció a Juan no se apartaba de él y solía llamarlo "Bruder" que en alemán significa hermano, por lo mismo el monje a cargo se lo dejó a Juan para que lo cuidara completamente.
Cuando lograron atravesar la salida, el grupo empezó a dividirse, Tatiana y Dimitry se separaron debido a que sus padres irían por ellos. Naomy y André se separaron después, irían a la plaza de la Estrella para ver el arco del triunfo y consecutivamente se irían a casa.
Por lo mismo el grupo quedó reducido a los hermanos Morales, las Leroy, Jean, Camille y el niño.
-Jean, ¿tus padres vendrán por ti? -Preguntó José algo curioso.
-No, iré con ustedes. -Dijo calmadamente.
-¿Enserio? ¿Por qué? -Inquirió Juan asombrado
-¿Manuela o Pauline no les han dicho? -Masculló algo enojado.
-No es nuestra obligación. -Dijo secamente Pauline.
-Perdón, me olvidé. -Contrarió Manuela.
-Bueno. -Exclamó antes de suspirar. -Pues la situación es muy simple. Soy primo de ellas. -Dijo mientras señalaba a las hermanas. -Mi madre es hermana de su padre.
-Vaya, que familia tan grande y rara. Nadie se parece. -Exclamó José con una cara de indiferencia. -¿Por qué no nos lo dijiste Seniergues?
-Me dio pereza. -Dijo mientras dirigía su vista a otro lado y hacía un puchero.
-No somos raros. -Exclamó Manuela de la nada.
-Sí claro, solo falta que Gourmont sea tu hermana perdida y sea pelinegra. -Exclamó Juan sarcásticamente.
-Cállate, no deberías pasarte de la raya. -Dijo tajántemente Camille.
-Va a ser un fin de semana muy estresante. -Masculló Pauline tan bajo como si hablara con ella misma. Esa cantidad de bulla le parecía muy estresante, un sentimiento de que algo iba a cambiar poco a poco le estremecía las entrañas. Me mantuvo de pie mientras observaba la escena que ocurría entre el grupito.
Tras un buen tiempo, ella fue quien dio voz de marcha y todos cual patitos con su madre la empezaron a seguir rumbo a la residencia Leroy. Las calles y sus nombres pasaban casi desapercibidas, pero en algún lugar recóndito de la mente de los Morales se guardaba el croquis del camino hacia la casa de su benefactor. Ya por la mitad de trayecto, ya adentrándose más en lo rural de los distrítos periféricos de París, cruzaron su camino con el Sr. Leroy, iba a pie, vestido con un frac morado, a dicha vestimenta solo la camisa, los calcetines y los zapatos se alejaban del color del sombrero, chaleco, levita y pantalón.
-Vaya, a usted le gusta vestir bien señor. -Exclamó Juan al estar cerca del hombre.
-Gracias. Este es mi frac favorito. -Dijo sonriendo con una extraña expresión de nostalgia en el rostro. -Me lo hizo mi esposita.
-Que hábil. -Exclamó Juan observando detenidamente el conjunto.
Tras esa exclamación, Manuela se acercó a abrazar a su padre, todos le saludaron y acto seguido continuaron caminando rumbo a la casa Leroy. El Sr. Leroy se pasaba el tiempo trabajando en Marsella, solo iba a su casa los fines de semana, su oficina en la capital estaba atendida por Jérémie y él vivía en la casa junto con Maríe, antes también se incluía Manuela, pero ahora ella ya está en el colegio. Para ser sinceros acerca de la ubicación de la casa, solo basta contar que se encuentra en la zona este de París, no muy lejos del colegio, a lo mucho 40 km. Por aquellas fechas, en esa zona se asentaban muchos colegios de señoritas y era un lugar semirural. El distrito no tiene un nombre fijo y por lo tanto no será mencionado, pero basta saber que está a una buena distancia del centro de París.
Para Juan el Sr. Leroy le parecía muy llamativo, lo ponía a pensar mucho el hecho que hubiera salido tan bien vestido solo para recogerlos.
-Bruder, ¿me cargas? -Exclamó Antonio algo cansado.
-Claro, ¿por qué no? -Respondió el pelirrojo. Acto seguido se arrodilló y permitió que el niño subiera a sus hombros.
-Vaya, eres muy buen hermano mayor. -Exclamó Seniergues. -Seguro algún día serás un gran padre.
-Sí, lo será. Pero para dar misa. -Exclamó José a manera de chiste.
Una sonora carcajada llenó el ambiente, todos allí se rieron, incluídas Camille y Pauline. Mientras caminaban observaban a su alrededor, las casas del lugar se veían de estilo semicampestre, en toda su curiosidad Juan no paraba de hacer preguntas sobre todo lo que veía, gracias a eso, hasta que llegaron a la casa el grupo no dejó de conversar.
Un elaborado portón de hierro anunció su llegada a la propiedad del señor Leroy. Los hermanos quedaron sorprendidos con la cantidad de detalles de aquella obra de arte usada como puerta. Con unos giros de la llave, el dueño de casa lo abrió y ni bien Juan puso un pie dentro, Jupiter le cayó encima. Jupiter era un enorme mestizo entre San Bernardo y Golden Retriever, lo habían recogido de la calle hace un año, aún era un cachorro y aún así era enorme. Olfeteó a Juan y luego le terminó lamiendo la cara.
-Auxilio, este bestia me mata. -Exclamó Juan con la lengua del perro en su cara, y con sus patas en el pecho.