Leyendas de un mundo viejo: El libro Negro

El pícnic

Desde el cumplimiento del castigo, Juan y todo su grupo cercano habían conseguido hurtar a escondidas algunos ingredientes que según suponían casi nunca eran utilizados, los habían escondido en los cajones y en las bolsas especiales de José y Juan. Extrañamente los profesores no se dieron cuenta o tal vez no tomaron atención, a pesar que los chicos caminaban con los bolsillos de las levitas llenos. Incluso Naomy había aceptado tomar parte de este plan ya que le encantaba hacer lo mismo, pero en casa.

Juan seguía leyendo el libro, lo hacía por lo menos una vez al día. Había dejado de practicar lo ahí escrito desde que su cuerpo empezó a sentir los efectos, y también por que la última vez que intentó usar una "técnica", casi incendia varios arbustos y un árbol. Sobre los efectos surtidos en su cuerpo, había empezado a sentir frío en sus manos y se le empezaron a formar manchas negras en las uñas, extrañamente, dichas manchas no dolían y a veces parecían desaparecer, pero volvían cuando intentaba de nuevo usar alguna habilidad.

Un sábado, teniendo en cuenta que ya había pasado un mes desde su castigo, un caballito de caucho había llegado a la ventana del cuarto de las chicas, estaba atado con un hilo y en la zona de la crin tenía una nota escrita.

-Vaya, ¿Quién podrá ser? -Dijo Naomy mientras se acercaba a tomar el juguete.

-Naomy, todas sbemos muy bien que solo hay alguien aquí que juega con caballitos de hule. -Respondió Camille acercándose y desatando la carta.

-Venga Camille, ríe un poco. Intentaba que fuera un chistesito.

-Sabes bien que no entiendo muy bien el sarcasmo. -Respondió mientras abría el papel en la mesita en donde Manuela terminaba un bordado y Tatiana la veía asombrada.

-Está bien. -Dijo Naomy. -Abro hilo. -Dijo antes de carraspear e imitar la voz de Juan en falsete. - "Estimadas señoritas. Entre nosotros hemos conseguido armar un pícnic, por lo mismo, la habitación 85, además de nuestros colaboradores Dimitry y André, hemos decidido extenderles nuestra más sincera invitación hoy a las cuatro de la tarde, esperamos la presencia de todo el grupo. Firma: Juan Ramón Morales Ortiz."

-Vaya, qué linda firma. -Masculló Tatiana mientras tomaba la carta.

-Sí, aunque podría mejorarla al igual que su letra. -Dijo Naomy de manera sarcástica.

A pesar de que al principio Camille se negara a ir, todo el grupo de chicas estaba en camino hacia el punto en donde se suponía se encontrarían. Chuchicheaban un poco acerca del proceder de los alimentos y sobre que si les descubrían de una buena sanción no pasaban; pese a ello, Naomy se vanagloriaba como la parte del artificio y de que ella sabía que tal vez esos alimentos serían tirados si no se los consumía. Además de que se mostraba a sí misma como quién guió a los chicos hacia dichos ingredientes menos utilizados.

-Deja de fanfarronear, enana. -Dijo André sentado desde una rama. -Creo que la idea fue de todos.

-¡No me hagas quedar mal, André! -Dijo haciendo un berrinche.

-No peleen. -Soltó Manuela confundida.

-Qué lloronas. -Dijo mientras altaba desde donde estaba sentado. -Vamos, las llevaré al lugar secreto.

Acto seguido, el pelirrojo muchacho las empezó a llevar un un sendero mal planificado. Hablemos sobre André, es un sujeto muy parecido a su hermana hasta lo boquisuelto, pero por lo demás, su cuerpo era de mediana estatura, solía hacer mucho ejercicio y su cabello pelirrojo, con o sin luz solía tirar más al castaño que al rubio. Veía en todas las direcciones con sus astutos ojos grices que hacían que su astucia propia y su forma de actuar llevase a compararlo con un zorro.

Al llegar, les esperaba un hermoso claro del bosquecillo sobre una pequeña colina, sobre una manta se habían colocado la gran mayoría de las cosas que habían conseguido, en especial quesos, frutas y un poco de jamón entre las conservas, por su parte, Juan había logrado preparar un poco de carne asada y bebidas dulces.

-¿Cómo sacaron todo eso sin que los profesores se dieran cuenta? -Preguntó Tatiana sorprendida.

-En su mayoría son sobrantes, a fin de cuentas no les importaría si una cantidadcita desapareciera. -Dijo mientras mordía una manzana.

-Yo me hago la misma pregunta, pero con las cosas cocinadas. -Dijo Camille sentándose.

De entre los matorrales, José extrajo algunas piezas de vajilla, mientras que Dimitry sacaba cubiertos de sus bolsillos. Todos tomaron asiento mientras contaban como habían logrado conseguir cada una de las cosas sobre la manta. Al ver que su hermano sonreía ampliamente, Tatiana se sentía tranquila, observaba a Juan y se le dibujaba una pequeña sonrisa en el rostro.

-Vamos, tomen algo. -Solicitó Juan mientras se alistaba para servir a las chicas en los platos.

-Hay tanto que no se puede elegir. -Exclamó Manuela relamiéndose.

-Como nos descubran nos harán trabajar de nuevo. -Dijo Dima mientras comía un pedazo de queso.

-Vaya, parece que al ruso al fin se le soltó la lengua. -Dijo André mientras le robaba una aceituna al plato de su hermana.

Nadie tomó en cuenta aquel comentario, los pocos que lo escucharon propiamente dicho, lo tomaron como una broma y empezaron a reír, incluído el mismo Dimitry. Poco o nada de vergüenza sentía Juan al comer de sus manos, intentaba recordar como fue que la niña Amada le había enseñado a usar los cubiertos tomándole de las manos. Su hermano y el pequeño Antonio le picaban seguido las costillas pidiéndole que les pedaceara la carne, y el otro aún en su dificultad les ayudaba pedaceando la carne.

-Juan. -Mencionó Manuela. -¿Tú lo cocinaste?

-Sí, ¿está feo?

-En absoluto, sabe muy bien. -Dijo Camile comiendo muy a gusto.

-Oigan, ya llevamos varias semanas de conocerlos, pero no los conocemos a profundidad.¿Cómo es que llegaron a aquí? -Preguntó Naomy muy curiosa.

-Pues es algo relativamente enredoso. -Contestó José. -¿O no Juan?




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