Leyendas de un mundo viejo: El origen de la Chuquiragua.

Capítulo 3

Los gallos cantaban de manera asincrónica, el sol se colaba por un pequeño espacio de la ventana. Rosa Amada que era un poco perezosa empezó a despertar, a sus 14 años no era muy enérgica que digamos, pero a su vez era muy alegre.

La criada, una indígena gorda la ayudó a vestirse y tras varios minutos, al fin salió, el mayordomo y los peones la saludaron, nadie la perdió de vista por un buen rato, no era facil dejar de mirarla, los peones en su vida habían visto semejante belleza, era alta, casi 1.70, tenía una hermosa piel blanca como la porcelana y una armoniosa voz que parecía un reflejo casi límpio de su alma, su cabello negro como el azabache se combinaba perfectamente con el mar de sus ojos café oscuro.

Caminó por el pasillo y se sentó en la mesedora para ver el trabajo de los hombres. Le interesaba tanto la fuerza que tenían para trabajar que quería plasmarla en cuadros, no solo la fuerza sino los sentimientos de la condición humana, el odio, la ira, el disguto, la inocencia, por eso cuando la jornada de trabajo terminaba, ella llamaba aparte a cualquier peón para plasmarlo en su arte de pintar, acompañada con alguien más si era un hombre joven o adulto y sola cuando era una mujer o niños.

Todo iba bien hasta que algo en especial llamó su atención, un niño vestido de blanco como los indígenas, pero era pelirrojo, compartía con los susodichos el color de su tez, dicho sujeto sin querer se cayó con un costal de papas a espaldas suyas. El mayordomo sin pensarlo empezó a azotarlo, el pequeño se retorcía y a Amada que no le gustaba el maltarto se levanto y empezó a correr mientras llamaba al agresor por su apellido.

-Vargas, Vargas. ¿Qué hace? -El sombrerudo mestizo se dio la vuelta y respondió.

-¿No ve mi niña? Este guambra ocioso dejó caer la carga de papas. -El niño se retorcía de dolor en el suelo, incluso la camisa se le había desgarrado en la zona de la espalda, mostrando las cicatrices de maltratos anteriores.

-No lo golpee, es un niño, es obvio que no puede hacer este tipo de trabajo. -Dicho esto se acercó al niño, y lo ayudó a levantarse. -¿Estás bien? ¿No te aplastaron las papas? -El pequeño que a lo mucho tendría 10 años, levantó su mirada y respondió a las preguntas antes de volver a bajarla.

-Sí niña, estoy bien. No me aplastaron las papas. Gracias -Dicho esto tomó la mano de la joven y la besó.

Amada quedó sorprendida por la educación de ese pequeñín. Además notó varías cosas que le parecieron interesantes: 1. Los ojos azules del pequeño, casi como el mar y para Amada ese rasgo era hermoso, 2. El antes mencionado cabello rojo que no era algo común en la zona, a lo máximo algo rojizo pero no ese tono de rojo, muy oscuro. Era alguien interesante

El niño tomó su somberito que había caído al piso, se lo puso y se alejó, acto seguido empezó a poner las papas dentro del costal, cuando el costal volvió a estar colmado, el pequeño se lo cargó y lo llevó al almacén.

Terminada la jornada de trabajo, Amada buscó desesperadamente al pequeñín, pero por desgracia no lo encontró. ¿Sería acaso una alucinación? ¿Acaso no se mantuvo atenta? Quería pintarlo en uno de sus cuadros, quería que fuera su modelo, pero no logró encontrarlo. Así que ese día no pintó, entró a la casa cenó y tras un rato se fue a dormir.

Mientras tanto, en una choza pajiza se encontraban 4 niños, 2 de 10 años y 2 de 4 años. Uno de los niños de 10 cocinaba, con la poca luz que daba la tulpa parecía que su cabello era castaño, mientras que el otro jugaba con los más pequeños. La voz del que jugaba interrumpió el relativo silencio.

-Ñaño, ¿Qué hiciste hoy en Pirka? -Sin moverse de la tulpa el otro respondió.

-No mucho. Me dieron unos foetazos, pero a cambio de eso le conocí a la niña patrona.

-¿Enserio? ¿A quién?

-A la niña Amada, la hija del General.

-¿Enserio? ¿Es bonita?

-Muy bonita, parecida al cuadro que hay en la casa grande.

-Qué bien vos. A mi no me ha pasado nada interesante, solo una pelea en la tienda, nada más. Por cierto, ¿Por qué fuiste hoy a Pirka?

-El Inti pes. Ese bestia me pidió que les vaya a ayudar en la cosecha de papas, desque a manera de makipura.

-Con razón, Tatya Patrón ya creyó que te has largado de Minas o que te has enfermado.

-No debe creer eso, el patrón me cae bien, con él no me pegan ni seguido ni fuerte.

-Tonses, ¿Mañana vais a ir?

-Sí, no tenemos de donde más trabajar.

Dicho esto, todo volvió al relativo silencio, ¿Por qué cuatro niños estaban solos? A veces en la pobreza no es que estén completamente solos, normalmente los padres trabajan mucho y por eso no están presentes. Pero este no es el caso, Juan y José crecieron junto a sus padres hasta qué cumplieron 6 años, Juan que era el más apegado a sus padres era quien más sufría. Sucede que un día mientras Juan y su padre se dirigían a Otavalo, fueron asaltados y su papá Mariano fue asesinado en el acto. El niño intentó hacer todo lo posible, pero lo único que logró fue ver a su padre morir frente a sus ojos. La madre frente a tal caso se deprimió y por poco se muere apasionada. Tras varios días, al fin se decidió, no podían seguir así, debía trabajar, pero el sueldo de criada no le alcanzaba, así que decidió ir a la capital para trabajar en una fábrica textil, no podía llevarse a los niños debido al riesgo que implicaba, así que los dejó encargados con una vieja que era su vecina, pero ella no hacía más que alimentarlos. Fue tarea de los otros dos aprender a hacer los quehaceres y a cambiarles los pañales a los pequeños.

A los 7 años, Juan aprendió a cocinar y empezó a hacerlo, tras la muerte de la vecina él era quien cocinaba en casa, su madre los visitaba los domingos y les dejaba lo necesario para comprar comida.

Por suerte el patrón que era un viejo "Buen cristiano", tarde o temprano los conoció y decidió contratarlos de mensajeros y "guardaespaldas", este último cargo era solo de adorno ya que el viejo a pesar de ser un alto cargo del ejército y expender aguardiente burlando el estanco, no tenía muchos enemigos.




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