Leyendas de un mundo viejo: El origen de la Chuquiragua.

Capítulo 6

Dos largos años habían pasado, un caballo manzano corría a toda prisa por el camino de herradura que conducía a cada una de todas las parroquias de la ruta escondida. El viento parecía un caracol comparado con el caballo y su jinete, aquellas personas que lo veían pasar, apenas notaban el blanco zamarro de borrego, otros notaban su negra chaqueta militar y los más depistados solo lo veían como una sombra.

Cuando al fin llegó a su destino el cual era la casa principal de Irubí, mientras se bajaba del caballo, los criados lo observaban. No era muy alto, 1.40 de altura, era un niño aún, llevaba un mensaje para el dueño de casa.

-¡General! ¡General! -El general que estaba cuidando de su amado jardín, acudió al llamado.

-Dime, mocoso. -El general simplemente había envejecido más.

-General, al parecer Jérémie piensa venir.

-¿Qué dices Juan?

-Sí, él ha enviado 2 cartas, 1 para usted y 1 para la niña Amada. -El viejo se sorprendió.

-¿Lo dices enserio?

-Sí, ¿Cree usted que vendrá a casarse con la niña Amada?

-No lo sé, esperemos que sí, ese par se ama.

-En efecto, dado el mensaje a usted primero, me retiro a entregarle la carta a la niña.

El viejo ni sintió cuando el pelirrojo salió hecho bala de ese lugar rumbo a Pirka. En dicha hacienda, Amada pintaba, se mantenía pensando en su rubio. Cuando vio al pequeñín llegar, se entusiasmó.

-¡Juan! ¿Hay alguna noticia? -Gritó ella a lo lejos.

-Sí, le mandó una carta a usted, al general y otra a mí. -Gritó él en respuesta, no le había dicho al general que él también había recibido correspondencia.

Al fin en el patio, se bajó y le entregó la carta. Casi como en muestra de desesperación, ansiedad u otras emociones, ella abrió el sobre y empezó a leer. Sus pupilas se dilataron demasiado, sus ojos se movían de un lado al otro, casi como el péndulo de los viejos relójes.

Juan estaba a punto de retirarse cuando Amada se dirigió hacia él, con una mezcla de alegría y orgullo.

-Juan, el domingo debes ir a Irubí junto a tu madre, ¿entendiste?

-Sí, niña. Pero, ¿Por qué?

-Solo vé, ese día te lo explicamos todo. Además vayan con la ropa más formal que tengan.

-Está bien.

Después de eso, casi como por los vientos de Agosto, se levantó una nube de polvo tras el jinete. Amada que tras leer la carta se había puesto muy feliz, se dirigió hacia el interior de la casa para anunciar a sus padres la llegada de la carta y su mensaje. Los padres de Amada eran una pareja de malcasados que vivían entre peleas y problemas, don Joaquín Benalcázar, el padre de Amada es la propia representación negativa del terrateniente; era un ebrio, impulsivo, iracundo y abusador, esto último debido a que se abusaba de las críadas cuando el destino abogaba a su favor. Por otro lado doña Rosa era una mujer ciudadana (Esto porque era de Quito), religiosa hasta el punto de ser considerada beata, indiferente e infiel al esposo que tenía.

En ese instante esta pareja se encontraba en la sala, estaban centrados en sus asuntos cuando vieron entrar a su hija.

-¡Mamá! ¡Papá! -El hombre fue el primero en responder.

-¿Qué pasa? ¿Por qué tanto escándalo? -Amada bajó la mirada.

-Me voy a casar. -Doña Rosa se espantó.

-¿Enserio? Yo creo que aún eres muy joven, pero si solo es para apartarte la mano, no tengo problema.

-Lo mismo digo yo, mujer. -Dijo secamente el hombre.

-Pero ¿Acaso no les emociona el que tarde o temprano me vaya a casar? -Don Joaquín se puso más serio que de costumbre.

-¿Por qué me debo emocionar por el hecho de que mi hija se case? Casarse el algo normal. Tarde o temprano todas las mujeres se casan a menos que se hagan monjas. -El hombre era muy seco con su hija.

-Padre, si solo es la pedida de mano, ¿aceptaría hacer la recepción en Irubí?

-¿Cómo? ¿Por qué haríamos allí la fiesta de pedida de mano? Si solo son tres pendejadas . -La chica subió la mirada debido a que todo el tiempo había tenido su mirada baja.

-Pues porque Jérémie y el General se llevan bien. -Don Joaquín seguía poniendo impedimentos.

-Pero si el general ni es familia, solo es tu padrino, además ¿Quién más viene como para hacer algo tan ostentoso? Porqué eso pienso yo sobre hacer la fiesta en Irubí. -Solo ponía excusas.

-Ah, si es por eso. Deben ustedes saber que viene el tío de Jérémie y su familia, debido a que tambien intentará crear relaciones comerciales con esta zona del mundo.

Tras un buen tiempo, el hombre aceptó, puesto que podría conseguir relaciones comerciales con un gran magnate francés, y no solo él, sino también Irubí y Jatunpamba. Así que sin pensárselo más aceptó que la fiesta fuera en Irubí.

Ante el imparable paso del tiempo llegó el domingo, y Juan junto a su famila estaban listos para ir a la recepción, pero había un inconveniente, era Junio y todos los mayordomos debían ir a la fiesta, ¿Y quién era el segundo al mando? Juan. Debía supervisar la cosecha de maíz aquel día. Decidió que ayudaría en la cosecha e iría más tarde a la recepción.

Mientras tanto, la entrada al pueblo se veía vuelta una locura, algo interesante ocurría ahí, un grupo de 4 jinetes acababa de ingresar, 2 varones y 2 mujeres, casi todos eran rubios, eran Jérémie y la famila de su tío, él los estaba guiando rumbo a Irubí donde ya se encontraba todo listo, 100 asientos, 5 enormes mesas, toda la gente bien vestida, los representantes de la junta patriótica del pueblo, los 3 grandes hacendados, músicos, 20 criadas, comida rica, como: cuyes, aguacates, sopas grasosas, caldo de gallina, caldo de patas; y de postre higos con queso.

Amada salía de misa junto a su madre, vio a su amado y decidió ir a recibirlo junto a su familia, el vestido color taxo solo la hacía relucir más de lo común, su novio al notar su mirada y voltear a verla quedó deslumbrado. Al bajar el pretíl de la iglesia, cayó en abrazos cariñosos sobre su futuro esposo.




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