Leyendas de un mundo viejo: El origen de la Chuquiragua.

Capítulo 7

En la recepción, todos celebraban, se había dado un brindis y una abundante comida, se dio paso a todo lo correspondiente a la pedida de mano. El tío de Jérémie se puso de pie y empezó a hablar.

-Muy buenas tardes con todos los invitados, personajes importantes del pueblo y quienes me han recibido. -El hombre tomó un respiro y continuó. -Mis estimados, Joaquín y Rosa, debido a que mi sobrino es huerfano, procedo yo a pedir la mano de su hija, además aclaro con antelación que por pedido de la joven he decidido que la boda se llevará acabo aquí dentro de 2 años. En este país y en este pueblo. Creo que gracias a ella mi sobrino ha encontrado al fin un buen rumbo de su vida, gracias a ella trabaja más, es más saludable y en nombre de él, mis hijas y el mío propio, les agradecemos su recibimiento.

Acabada su peroración, se sentó entre una lluvia de aplausos, vitores y silbidos, seguidamente Don Joaquín se puso de pie y empezó entre las pocas fibras de su cerebro a pensar en lo que diría.

-Agradezco sus gentilezas Señor Leroy, no se preocupe por el lugar de la ceremonia, ustedes son bienvenidos a este rincón del cielo, además no pedimos algo especial, solo que acepte a nuestra hija como parte de su familia, por lo mismo digo que con gusto aceptamos la petición de mano de nuestra hija por parte de su sobrino.

Acto seguido, Jérémie se puso de pie y caminó rumbo a donde estaba Amada, ya allí, se arrodilló y le pidió matrimonio con un anillo de oro que relucía como el sol en su cenít. Tras la afirmativa de la chica, le puso el anillo en su mano como muestra de compromiso.

Gritos de algarabía estallaron de los pechos de todos los invitados, el general ordenó a sus hombres encender los voladores y camaretas. ¡Pum! ¡Pag! ¡Pum! ¡Pag! Sonaban los explosivos como si ellos tambien liberaran sus felicitaciones al futuro matrimonio...

Pero algo no iba bien, bailaban, sonaba la música y la fiesta ya se había encendido, los voladores seguían sonando, pero al parecer ya se habían acabado las sartas de voladores y ya no quedaba ninguna camareta, pero se seguían escuchando detonaciones, en un comienzo eran lejanas, pero poco a poco empezaron a acercarse. El general no tuvo tiempo de dar aviso a sus hombres, varios de los guardias asignados ya habían caído y los que quedaban estaban dando ya sus últimas luchas.

De la nada, la cuadrilla completa de 30 jinetes entró en el centro de la hacienda, donde se llavaba a cabo el festejo, la música se detuvo, los invitados estaban nerviosos, eran muchos, pero no tenían manera de defenderse, en total eran 50 los asaltantes, debido a que habían recogido a 20 personas más entre resentidos y a algunos que tenían pequeñas rencillas con alguno de los invitados.

-Buenas tardes, mi general. ¿Cómo ha estado? -Saludó Seborón al general. -Es una pena el que haigamos tenido que venir en un día tan enfiestao, pero al parecer el Gral. Alfaro lo considera a vusté como una amenaza. -Dijo el rufián con una fea sonrisa en la cara.

-Seborón, ¿conque por eso has venido eh? No se te pudo ocurrir otro día, pendejo.

-Cállese. -Dijo el montuvio sacando su revólver.

-Voy a hacer esto rápido para que hagan fiesta y velorio hay mismo.

Todos estaban asustados, el tío de Jérémie se mantenía sereno, solo debía intentar proteger a sus hijas lo máximo posible. Por otro lado, Jérémie intentaba ayudar al general, no quería que aquel día hubiese sangre.

-Lárguense de aquí. -Dijo con voz firme y fuerte, pero sin pensarlo solo escondía su temor. -Si desean cosas, vayan por ellas, pero no dañen a nadie.

-Dime muchacho. -Dijo el tuerto agarrando al joven por la espalda. -¿Te haces el valiente? ¿O quieres morir con el general? -Jérémie temblaba.

-Yo...Yo...Soy valiliente, no me hago lo que no soy. -Dijo casi al borde del tartamudeo.

Seborón lo vio con sus ojos vivaces, y con una sonrisa en su cara, decidió hablar.

-Mira, gringuito. Hagamos algo. -Dijo con tono burlón. -Vos pelea conmigo y si me ganas, nos vamos y no sucede más, y sino, te mato a tí en vez de al viejo.

-¡No!- Gritó Amada lanzándose hacia el frente de su prometido. -No lo hagas Jérémie, de seguro ya viene la guardia nacional.

-¿Enserio creen que esos pobres pendejos van a venir? -Dijo Seborón entre risas.

Minutos antes de que todo esto ocurriera, Sayri, otro amigo indígena de Juan, logró ver al grupo sometiendo a algunos guardias, así que sin pensárselo 2 veces, corrió a decírselo al general, pero este no le hizo caso. Sabiendo que solo una persona podría ayudarlo, salió corriendo en busca de su amigo el pelirrojo.

Corrió como los legendarios chaskis, no le importaron los perros, gente o cualquier otro obstáculo, corría como si no hubiera un mañana. Cuando al fin encontró a Juan, ya habían ingresado los atacantes a la hacienda.

-¡Juanchu! ¡Juanchu! -Gritó con poco aliento.

-¿Qué pasó? ¿Por qué vienes tan rápido?

-Atacan casa grande, tayta patrón no sabe y algunos guardias ya marcharon.

-¿Enserio? -Preguntó Juan espantado y abriendo los ojos casi como platos.

-Sí, con estos ojitos que se han de comer los gusanos he visto.

-¡Pucta! -Exclamó con una mezcla de nervios, ira y miedo. -Ahora sí nos fregamos. Anda al Tablero y avisales. -Acto seguido tomó su caballo y le dio la rienda. -Toma mi caballo, te vas para el Tablero y diles que vayan para la casa grande pronto, ¿entendistes? ¡Pronto!

-Ya, ¿Y vos? ¿Qué vais a hacer?

-Yo les digo al capitán Lodoso y a los que cuidan al ganado, hoy marchan los desgraciados. ¡Apúrate!

Sayri se montó el caballo al vuelo y cabalgó rumbo a la comuna de "El Tablero", en cambio Juan corrió como bala hacia el centro del pueblo, allí se hallaba el pelotón de la guardia civíl.

La gente solo lo veía correr bien vestido y ni se imaginó lo que ocurría, sin pensar en las consecuencias entró a la iglesia, escaló por las gradas internas del campanario y por un loco arranque de valentía y adrenalina empezó a hacer sonar las campanas desquiciadamente, toda la gente, incluído el pelotón junto con el capitán, hasta el cura que estaba almorzando, se amontonaron en la plaza frente a la iglesia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.