Leyendas de un mundo viejo: El origen de la Chuquiragua.

Capítulo 8

El médico tras revisar al inconsciente muchacho de pies a cabeza, no podía descubrir lo que lo había llevado hasta ese punto. No despertaba y habían pasado ya varias horas después de que quedó así; los criminales estaban siendo llevados al panóptico en Quito y mientras lo subían al caballo, Seborón Mite habló con el capitán, tenía una petición.

-Capitán, ¿Me puede hacer un favor? -El capitán sin tomarle mucha atención, se detuvo.

- Mientras que no sea liberarte, eres libre de pedir lo que sea.

-Escuche, al pelirrojo ese que me ganó, dele esto. -Dijo sacando su navaja del bolsillo trasero del pantalón. -Espero le sirva al chico ese, creo que en algún futuro tal vez sea alguien importante.

-Está bien, se lo daré. ¡Sube! -Lo empujó al caballo y lo vio alejarse.

Mientras el pelotón entero se alejaba, el capitán observaba aquella navaja, era interesante, medía 20cm de largo y 2cm de ancho, la hoja era muy resistente y el mango era delicadamente elaborado de asta de venado. Cuando vio que no eran ni siquiera siluetas a la distancia, ingresó a la casa grande para ver a los heridos y contar las bajas, debido a que despues debía levantar el informe.

Mientras tanto el tío de Jérémie conversaba con el general debido al estado de Juan.

-¿Cree usted que se mejore el muchacho? -Exclamó el señor Leroy.

-Para serle sincero. No lo sé. -Dijo el general haciendose el desentendido. -Por cierto, ¿Dijo usted que se llevaría al muchacho a estudiar en Francia?

-Sí, así es.

-Entonces, hagamos algo. -Dijo el viejo sonriendose. -Mire, el muchacho es pobre y creo que usted no ha de querer ese tipo de gentuza en su casa, si desea llevarse a alguien de estos lugares llévese a mi nieto.

-No, lo lamento. Pero al parecer mi sobrino le hizo una promesa a este niño y en mi familia no nos permitimos faltar a nuestra palabra.

-Está bien. -Respondió el general a regañadientes.

Acto seguido todos salieron de la habitación, "ojalá se recupere" decían. La madre, los hermanos y Amada lloraban, les preocupaba el saber si viviría, Jérémie intentaba calmar a su ahora prometida, pero era una tarea dificil, ella quería mucho a su pequeñín y el solo hecho de pensar que se podría morir, la espantaba. Lo mismo por parte de familiares y amigos.

Por otro lado la prima menor del rubio había logrado colarse dentro de la habitación, durante la pelea había logrado verlo, pero de cerca era mucho más interesante, su cabello, su piel y hasta la forma en que dormía, ella lo observaba sin miedo alguno, algo de él le llamaba la atención además de lo descrito, era como una duda, un aura o algo por el estilo.

Mientras lo observaba, un movimiento de los dedos la hizo alertarse, sus ojos empezaron a abrirse. Sin pensarlo, salió corriendo y fue a decirle a su padre lo ocurrido. Sin pasar mucho tiempo entraron rapidamente el Sr. Leroy seguido por su sobrino, el general y el médico. En efecto, Juan había recuperado la conciencia y se hallaba sentado en la cama, las lágrimas de tristeza se convirtieron en lágrimas de alegría, su madre se abalanzó sobre él descargando un potente abrazo y una enorme cantidad de besos, entre llantos y regaños le hablaba. El chico intentaba reconfortarla, pero no pudo. Amada también se acercó, le dio un beso en la frente y entre lágrimas le agradeció por haber ayudado arriesgando su vida, Jérémie también lo hizo, incluso el general y el Sr. Leroy.

Mientras la conversa se amenizaba ahí, el tío llamó a su sobrino aparte.

-Dime, tío. -Exclamó Jérémie hablando en francés.

-Mañana mismo partiremos, debemos llevar al chico con nosostros. -Respondió el hombre también en francés.

-Pero tío, ni su familia ni él saben que lo vamos a llevar a Francia. Además estoy seguro de que su madre no lo dejará ir.

-¡Si serás! -Dijo el hombre a manera de regaño. -Se Lo diremos hoy. Tranquilo. Además hablando de la madre, necesito una críada para que cuide nuestra residencia en Quito, Dionisia parece capáz. Además algo me dice que si nos llevamos al chico y la dejamos en este lugar el general le hará la vida dificil, porque al perecer al general no es partidario de la educación de las masas.

-Entiendo, tío. -Exclamó Jérémie algo avergonzado por no haberle explicado eso a él en la carta una carta. -Entonces, si les vamos a decir ahora, creo que deberías ser tú, tío.

-Para tí todo es facil. Ya que no tuviste el valor de decirselo por carta, tendré que ser yo quien lo diga.

Acabaron de conversar e ingresaron a la habitación. El Sr. Leroy se acercó a Manuela/Dionisia y tocándole el hombro empezó a hablar.

-Dionisia. Tenemos una buena noticia para usted y su hijo. -Dionisia se dio la vuelta y lo observó, por otro lado también trató de poner atención mientras el matasanos lo examinaba.

-Díganos, ¿Cual es esa noticia? -El alto hombre sonrió y habló.

-Pues verá, mi sobrino se ha sentido agradecido por la ayuda de su hijo, y ahora yo también poseo ese sentimiento, tanto así que he decidido patrocinar a su hijo en un importante colegio en Francia, el Colegio "Saint-Louis". Un internado católico y mixto. -A la gran mayoría de los presentes se les abrieron los ojos como platos al escuchar esto. -No se preocupe por la residencia, alimentación, uniformes ni nada, todo va de mi cuenta.

-P...pero...¿Es esto una broma acaso? ¿Mi hijopodra ser aceptado a estudiar allí? Si apenas sabe leer y escribir, tambien sabe hacer unos pites cálculos, además no conoce a nadie allá.

-Tranquilícese. Primero, no va a vivir solo, irá a un internado y podrá ir a mi casa en sus días libres, lo cuidaré como a alguien más de mi familia. Además también tengo una propuesta para usted. -Pausó un momento y continuó. -He escuchado que trabaja en una fábrica de mala muerte y que no cobra lo suficiente, por lo mismo le ofrezco trabajo de cuidadora para mi residencia en Quito, ganará usted un poco más y podrá vivir allí.

Dionisia no sabía que decir, estaba completamente en shock, no podía confiar en cualquier desconocido para que cuide a su hijo, podría ser una trampa tendida por quienes los persiguieron años atras, no sabía que responder, se había quedado sin palabras y no sabía que decir. Pero algo en ese hombre le daba un aire de seguridad, le había dicho por su nombre. Ni siquiera sabía que pensar. Pero si ese hombre hablaba con total seguridad debía creerle, pero se le ocurrió una idea.




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