Libertad cautiva

Ser Coffer

Perdida entre la tristeza que la consumía, aquella fotografía era solo un recuerdo de su madre.

-Caer en las manos del recuerdo mismo solo te hará palidecer ante tu futuro.

En ausencia de saber qué actitud debía tener, la señora solo puso una mano alrededor de su brazo para llevarla lejos de la fotografía.

El piso amaderado producía un sonido con cada paso al caminar. Llegaron hasta lo que parecía ser una sala de estar. Una mesa ocupaba el centro de la habitación, robándose toda la atención, mientras dos sillas enfrentadas hacían que el lugar se sintiera menos acogedor de lo normal.

Cuatro vitrales, dos de cada lado de la habitación, reflejaban la guerra que había ocurrido no más de 30 años atrás.

-Esta habitación...

-Sí, estás en lo correcto -dijo Lenora antes de que Addy pudiera terminar.

Ella conocía casi todo el lugar, con excepción de esa sala. Solo su madre había entrado ahí.

Lita estaba a un lado, quieta, esperando alguna indicación.

-Muy bien, señoritas, comencemos. Adira, voy a necesitar que esperes aquí unos minutos hasta que yo te llame.

A su vez, cerró la puerta. El rápido movimiento solo dejó ver una pequeña parte del rostro de su hermana antes de desaparecer detrás de ella.

Se quedó ahí, parada. Había unos silloncitos del tamaño justo para una persona, incómodos a propósito, o al menos eso parecía.

Pasaron alrededor de veinte minutos y no había señal de que terminaran pronto. Caminó un poco; necesitaba aire fresco.

Regresó hasta la puerta principal y la abrió.

Ahí estaba él.

-Tú...

Un tono sorpresivo salió de sus labios. Sus ojos se abrieron de golpe; aunque el muchacho tuviera parte del cabello cubriéndole el rostro, sabía con exactitud que ese era él.

-¿Qué haces aquí? ¿Acaso me estás siguiendo de nuevo? ¿Quién eres?

No terminaba una pregunta cuando ya comenzaba otra.

-Levanta la mirada -dijo enfurecida.

Él apartó el cabello de sus ojos y la miró fijamente con una pequeña sonrisa.

El corazón le dio un vuelco. Sus latidos iban más rápido de lo normal y respiraba con dificultad. Abrió la boca, pero ninguna palabra salió de ella.

-Me llamo Rowen.

Le extendió la mano para que la estrechara, pero ella aún no lograba contener la impresión.

Al ver su mano, se apresuró a estrecharla.

-Addy... bueno, no. Adira.

Su semblante cambió; ya no estaba a la defensiva, ya no era confusión ni mucho menos enojo. Era curiosidad.

-Un placer, Adira. Si te parece, puedes llamarme Rowy. Así es como me llama mi...

-¿Qué pasa? -dijo Lenora, sorprendiéndolos.

-Emm... nada, solo estábamos...

-Te hablé dos veces, señorita, y estás aquí con...

Quedó mirándolo por un momento.

-Ah... Rowen, querido. Veo que ya conociste a Adira. Ella es...

-Sí, lo sé. Hija de Diliana Coffer.

Su sonrisa apareció despacio, tímida, casi sin querer.

La expresión de Addy cambió al instante. El nombre de su madre había salido de entre sus labios con demasiada naturalidad.

Desvió la mirada por un momento; intentaba comprender cómo alguien a quien no conocía podía saber de ella.

Lenora los observó a ambos, desconcertada. Era más que notable que no estaba al ritmo de la conversación.

-Es tu turno, querida.

-Sí, enseguida voy.

-Las acompaño.

Rowen iba detrás de ellas. Addy volteaba hacia atrás a cada momento, observándolo sin disimulo alguno.

Lita salía de la habitación. Rowen la saludaba mientras Lenora y Addy se dirigían hacia la sala.

-Todo va a ir bien -susurró Rowen.

-Bien... -dijo Lenora.

Permanecía recargada en el marco de la puerta, con una pierna cruzada sobre la otra y los brazos firmemente acomodados sobre el pecho, observándola en silencio.

-Toma asiento.

Addy obedeció sin discutir. Frente a ella, un par de hojas descansaban sobre la mesa. Una en particular llamó su atención de inmediato.

La fotografía de su madre ocupaba casi toda la página.

Diliana Coffer

Vigía

Tiempo de servicio: 15 años

Fecha de nacimiento: 12 de marzo de 2050

Año de inicio de servicio: 2065

Año de retiro: 2080

Fallecimiento: 24 de enero de 2095

-¿Lo leíste?

-¿Qué es esto, Lenora?

Tomó las hojas entre sus manos y comenzó a revisarlas. Las dejó caer con fuerza sobre la mesa y se puso de pie.

-¿Intentas decirme que debo unirme?

-Yo no intento nada, señorita -palabras firmes y secas salieron de su boca-. Toma asiento. Ahora.

Intentó relajarse; inhaló y exhaló lentamente varias veces.

-Nadie obliga a las personas a cumplir el mandato del legado, Adira. Sin embargo, debo decirte que, siendo tú la mayor de edad en este caso, alguien debe responder.

-Lita se ofreció orgullosamente, pero aún le falta un año para alcanzar la mayoría de edad... lo que nos lleva a ti.

-No. Esta es mi vida; yo decido -se aseguró de que cada palabra fuera entendida perfectamente, pronunciándolas despacio, una por una, con calma.

Lenora la observó en silencio durante unos segundos.

-El mundo se ha ablandado.

Caminaba lentamente alrededor de la mesa.

-Antes ni siquiera podían pensar en contradecir.

Detuvo sus pasos.

-Las oportunidades que tienes y la seguridad en la que has crecido existen porque hubo personas que nunca tuvieron la oportunidad de decir que no.

Bajó la mirada por un instante hacia los documentos sobre la mesa.

-Y ahora estamos regresando a aquello que nos llevó a la desdicha...

Sus ojos volvieron a encontrarse con los de Addy.

-A los marginados.

-¿Marginados...?

Su mirada cambió por completo. Un recuerdo, uno que con todas sus fuerzas había intentado reprimir, volvió a su mente.

Ella conocía a los marginados.

Fue un verano. Caminaban hacia un pequeño parque situado cerca de su casa. Addy iba tomada de la mano de Lita mientras su madre caminaba detrás de ambas.



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Editado: 26.05.2026

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