-¿Qué tal te fue?
-¿Dónde está Lita?
-Me dijo que te avisara que iría para su casa.
Abrió un poco más los ojos, como si quisiera confirmar sus palabras.
-Te habías tardado mucho y se aburrió -apretó los labios- pero, ¿qué pasó ahí? Preguntaba para cuando hacía otra pregunta.
-Usualmente solo te dicen algo sobre tu familiar y pues... tú sabes, decides.
-Al parecer fui difícil de convencer.
-¿Y a qué grupo te mandó al final de los tres?
-¿Tres? -preguntó desconcertada.
-¿Tres? Sí, ¿por qué preguntas? Para todos es lo mismo.
-No, solo me mostró dos emblemas y elegí el que tenía una luna.
-Vaya... entonces tú debes ser de las buenas.
-¿A qué te refieres?
-Casi siempre solo escogen a unos diez en total -sonrió sin mostrar los dientes-. Soy tu compañero.
-Vaya... ¿Qué otra sorpresa me vas a dar?
Giró ligeramente el rostro y volvió a mirar la fotografía de su madre, aunque esta vez con incertidumbre. Creía conocer la mayor parte de sus secretos. Eran grandes amigas; ella la entendía por completo y viceversa.
Pero en ese momento... era una desconocida.
-¡Ja! ¿Entrenada? -dijo entre dientes-. Sí que supiste ocultarlo, madre.
Duró unos minutos más con la mirada fija en la fotografía, apretando los dientes. Sentía dolor. Desde la muerte de su madre había vivido culpándose a sí misma; ella fue quien insistió en ir al parque, quien le rogó.
Ya no sabía qué pensar.
¿Su madre estaba relacionada con los marginados? ¿Qué buscaban ellos? Nada justificaba lo que hicieron, pero... ¿qué tenía que ver ella con todo eso?
Un toque suave en su hombro la devolvió a la realidad.
-Sea lo que sea que te haya dicho Lenora, debes saber que nuestros padres estaban obligados a guardar el secreto.
-Me niego. No es justificable.
-Siento decirlo, pero sí lo era. Tu madre hizo lo que hizo para protegerte.
-¿Sabes qué es lo peor de todo esto? Que ni siquiera te pregunté.
-Tranquila. Vives tan alejada de la realidad... esta es nuestra realidad. Tarde o temprano tenías que llegar aquí.
-¿Para que me dijeran todo esto?
Se acercó paso a paso, haciendo que él retrocediera un poco.
-¿Para que Lita quiera unirse a estos...? Estos...
La ira se le quebró en la garganta y bajó la mirada.
-Ella aún no cumple la mayoría de edad. Lo único que me reconforta es eso.
-Pero Lita...
-¿Lita qué?
-Sí piensa unirse. Va a ir a Vetlire.
Addy ya estaba por responder con enojo cuando Rowen contestó algo que ella aún no había preguntado.
-Tranquila, no con nosotros; irá con los de su grupo, solo hasta que pueda decidir.
Se dejó caer sobre el pequeño sillón y cubrió su rostro con las manos. Quería llorar. Eran demasiadas emociones.
-Sabes lo peligroso que es. El tipo de cosas que tenemos que hacer...
-Mira, obligados estamos. Solo uno de cada familia; es algo que no podemos evitar. Además, por eso existe el entrenamiento. Y si conoces la historia tanto como yo...
Se sentó en el suelo frente a ella, levantó la mirada hacia su rostro y terminó de hablar:
-Sabes que la academia es lo más seguro para entrenarnos y además... quizá Lita cambie de opinión. Lo único serio sería que alguien tuviera que quedarse.
Hizo una pequeña pausa.
-Es la ley.
Inclinó un poco los labios y le dio una pequeña palmada en la pierna.
Addy lo miró fijamente con una mirada tierna y solo dijo:
-Lo sé.
Se levantó de pronto.
-Es hora de que me vaya.
Cuando abrió la puerta, un par de chicos esperaban para entrar. Los hizo a un lado. Rowen la perdió de vista por un instante mientras se ponía de pie; ella caminaba demasiado rápido.
-¡Adira! -gritó Rowen-. ¡Espera!
Corrió un par de calles hasta que por fin logró alcanzarla.
-¿Qué haces? ¿No seguirás tú? Por la charla, digo... ¿después de mí?
-No -hizo una seña para que esperara antes de responder-. Te dije que somos compañeros; mi cita fue ayer.
Se le cayó una fotografía de su suéter. La observó rápidamente y continuó con la conversación.
-Lenora me dijo que tenías tu cita hoy y quise pasar por aquí un rato.
Addy frunció el ceño.
-¿Sabes? Aún no logro entender cómo me conoces -dijo con intriga-. Mi madre... bueno, tú la conoces.
Rowen bajó un poco la mirada antes de responder:
-Bueno... mis padres murieron cuando yo apenas tenía un año. Lenora me crió prácticamente toda mi vida; por eso te conozco.
Hizo una pequeña pausa.
-Yo estaba ahí cuando Lenora le dio el aviso a tu padre de lo que había ocurrido con tu madre.
-Así que... ¿Lenora te crío?
-Sí, ella es como una madre para mí.
Puso sus manos detrás de la espalda y veía de reojo hacia todos lados.
-Y... ¿a dónde vas?
-Pues... iba a ver a un amigo y después estaré con Lita. ¿Por qué?
-¿Con Matthew?
-Sí, con él. Es cierto... tú estabas ese día.
-Sí, era yo.
Bajó un poco la mirada; su cabello volvió a cubrir sus ojos.
-Es que me gusta verte tocar; tienes mucho talento.
Luego agregó:
-No quiero que pienses que soy un acosador, pero me quedo en una casa cerca de la de Matthew. Un lunes te vi entrar y solo fue... curiosidad.
Se puso rojo, rojo, rojo. Tanto que su cabello parecía esconderlo aún más.
-Es un sentimiento extraño. Es como si yo estuviera tocando contigo, pero bueno... no sé tocar.
Soltó una leve carcajada y Addy lo siguió.
-Bueno, no sé si agradecer o sentirme asustada.
Se acomodó un mechón de cabello suelto detrás de la oreja.
-Pero bueno... ¿quieres acompañarme?
Rowen volteó a verla directamente a los ojos. Se alegró con aquella invitación.
-Sí, me encantaría, pero es martes.
-Tranquilo. Matt siempre me presta su piano; vamos a cambiarle la rutina un poco.
Caminaron juntos hasta llegar frente a la casa de Matt.