Después de lo que Rowen había terminado de decir, Addy volteó a verlos. Estaban conversando de algo. Se inclinó un poco para intentar escuchar, pero fue en vano.
Hubo un momento en que sus miradas chocaron, aunque ambos actuaron como si no hubiera ocurrido.
Giró nuevamente para verlos y, en ese momento, la chica se percató. Le sonrió y se puso de pie. A los pocos pasos ya estaba frente a ella.
—Lea Lofwell.
Su mano permanecía alzada, quieta, esperando un saludo mutuo.
—Adira Coffer.
Le devolvió el saludo mientras también se ponía de pie.
—Amiga, no es necesaria tanta formalidad. Siéntate, solo vine a presentarme.
Inclinó ligeramente la cabeza hacia Rowen.
—Y tú, pues me conoces, así que...
Solo sonrió.
Luego volvió su atención a Addy sin dejar de mirar a Rowen.
—Quiero creer que tienes presente que con quien te sientas probablemente será tu compañero durante toda tu estancia en el entrenamiento.
Por fin dejó de mirar a Rowen y clavó los ojos en Addy.
La sonrisa había desaparecido. Ahora tenía una expresión retadora.
—Claro que lo sé.
Ciertamente eso no era verdad. Simplemente había visto a Rowen.
Le sonrió y palmeó su brazo ligeramente.
Rowen, petrificado por lo que acababa de ocurrir, no emitió sonido alguno. Mientras tanto, Dira mantuvo una expresión burlona, aunque procuró que no fuera demasiado evidente.
Parecía que Lea iba a decir algo más cuando alguien se puso de pie en la parte delantera, junto al chófer.
—¡Lea! —gritó—. A tu lugar.
Era Lenora.
Ninguno de ellos se había dado cuenta de cuándo había subido al autobús.
Las dos chicas voltearon a verse con una sonrisa hipócrita antes de que Lea regresara a su asiento.
Matt observó toda la escena sin decir una sola palabra.
Rowen, por otro lado, ni siquiera volvió a dirigir una mirada a Addy o a Lea durante el resto del trayecto.
Simplemente permaneció mirando por la ventana.
Vetlire estaba justo al lado de Rocosas, por lo que el viaje no duraría más de una hora.
Poco antes de llegar al límite de la región, el conductor informó que bajarían para tomar un tren rumbo al centro de Vetlire. Ahí se encontrarían con más seleccionados provenientes de Llaras y Brua.
Los de Llaras eran conocidos por ser extremadamente sociables. Addy recordaba la excursión de campamento que había hecho años atrás en aquella región. Era como si vivieran en una fiesta perpetua; la alegría parecía desbordarse de sus rostros y rara vez se les veía molestos por algo.
Los de Brua eran completamente distintos.
Sinceramente, jamás había conocido a alguien de aquella región, pero los periódicos hablaban constantemente de ellos. Sus entrenamientos intensivos, sus simulacros ante inundaciones y la disciplina con la que enfrentaban cualquier desastre les habían dado una reputación de fortaleza difícil de igualar.
Brua también era una de las regiones más importantes de Terlia. Al encontrarse más cerca del Colosal, mantenía contacto frecuente con los líderes del continente de los marginados para mediar conflictos y resolver cualquier situación que pudiera poner en riesgo la frágil estabilidad entre ambos territorios.
—Cinco minutos. Tomen sus cosas para abordar el tren.
Apenas terminó de hablar el conductor, todos comenzaron a moverse por el autobús. Se escucharon cierres, maletas siendo bajadas y conversaciones apresuradas.
El transporte seguía en movimiento cuando Addy se puso de pie para alcanzar su equipaje. Una curva la tomó desprevenida y perdió un poco el equilibrio, por reflejo extendió el brazo para sostenerse y terminó apoyándose en Rowen.
Retiró la mano rápidamente y siguió buscando su maleta. Rowen carraspeó un poco y desvió la mirada hacia la ventana.
—Bien, bajen, bajen todos. Ni siquiera intenten quedarse a propósito, los estaré vigilando.
Todos comenzaron a descender.
Lea pasó por el lado de Dira y la golpeó con el hombro al pasar. Addy alcanzó a voltearla a ver, pero Lea, por ir mirando hacia atrás, terminó topándose de frente con una mujer.
Era alta, de postura firme, grande y medianamente atlética. Tenía una ceja muy marcada y una mirada profunda que no reflejaba emoción alguna.
Addy supuso que debía ser alguna instructora de Brua.
Lea se quedó inmóvil por un instante, acomodando torpemente sus cosas mientras intentaba mantener la postura.
—Baja —dijo la mujer con una voz demasiado serena, casi susurrando.
Lea pasó rápidamente a su lado.
Rowen avanzó después. La mujer lo observó mientras pasaba y él hizo lo mismo. Durante un segundo, Addy creyó haber visto una pequeña sonrisa en el rostro de Rowen.
La mujer continuó bajando detrás de él.
Solo quedaba Dira.
Observó la escena con una expresión de asombro.
No sabía si aquello había sido una muestra de amabilidad o si simplemente se conocían. Fuera cual fuera la respuesta, le resultaba extraño que Rowen conociera a alguien de Brua, son demaciado reservados en ese aspecto.
Bajó del autobús. Había tres filas para abordar el tren. Caminó lentamente hacia la suya y les echaba un ojo a los de Llaras; todos estaban conversando con un tono alegre y demasiado alborotador. Los de Brua, por el contrario, permanecían en silencio mientras, sin disimulo, la veían sin apartarle la mirada. Dada la incomodidad, le quitó relevancia a la situación.
Desviando la mirada, llegó al final de la fila. No podía evitar pensar por qué los hacían formarse en filas distintas si todos iban a tomar el tren. Todos quedaron inmóviles, observando al frente. La misma mujer estaba de pie frente a ellos.
De pronto, algo hizo que perdiera la atención. Un chico de baja estatura comenzó a correr intentando alejarse, pero fue en vano. Dos guardias de gran tamaño lo tomaron de los brazos y lo llevaron de regreso a su lugar.
Y pensó: he ahí la respuesta de las filas.