Al día siguiente, cuando el sol apenas se está asomando por el horizonte, Emil termina de soñar y descansar. El enano se prepara antes de despedirse de los pocos romaníes que han madrugado o se han desvelado; en especial se despide de Grigore, a quien le promete que regresará mañana temprano.
Ya listo, Emil monta a su poni, ordenándole cabalgar a toda prisa. En solo un minuto, Víctor llega a una de las puertas disponibles de la ciudad, donde varios guardias amigos lo dejan entrar. Ahora Víctor y Jensen tienen que atravesar un gran portón, el cual se encuentra en medio de un muro alto y largo; esta muralla interna divide el territorio monárquico de los plebeyos, artesanos y comerciantes.
Gracias a su círculo de amigos, Jensen logra entrar al castillo sin nada de dificultades. Primero acompaña a Víctor hasta las caballerizas reales, donde lo deja encargado con el mozo de cuadra; el siguiente destino de Jensen es su recámara, escondida en uno de los tantos rincones profundos del castillo. Posee lo básico que necesita: una cama, un escritorio simple, un banco, un cofre y una mesa; casi todos los muebles del cuarto están elaborados a su medida. En una esquina y adentro de un arcón, que es el único mueble de gran tamaño, están sus ropas y cobijas. Una pequeña ventana con su cortina rasgada es la responsable de darle frescura al cuarto. Jensen se acuesta y duerme otros minutos más, hasta la mañana avanzada; antes del mediodía despierta, listo para empezar su acostumbrado paseo por los pasillos retorcidos del hogar de la realeza.
En pocos minutos se encuentra con Reginald, quien está acompañado del príncipe y la princesa.
Como dije antes, Reginald es solo cinco centímetros más alto que Jensen. Reginald tiene pelo muy corto, lacio y tono castaño, por el momento cubierto con un sombrero con picos curvados, en la punta de cada pico, hay un cascabel colgando. Reginald está usando su traje de arlequín, incluyendo ese sombrero tan extravagante, ruidoso y multicolor; toda la ropa está teñida de colores «vivos» y llamativos. Los ojos de Reginald son de color verdes, poco usuales en cualquier persona. Esos rasgos faciales y físicos son los más resaltantes.
En cuanto a los hijos de la realeza, Niamh tiene cabello largo (hasta la cintura), lacio y color castaño claro, junto con un par de ojos color terracota; su hermano Evans tiene cabello corto, lacio y de color negro, aparte de unos ojos color marrón. Como siempre, ellos están usando sus ropas caras y lujosas de una princesa y un príncipe, incluyendo sus pequeñas coronas.
—¡Jensen! ¡Que bueno que regresaste! —exclama Niamh, feliz, corriendo los pocos metros necesarios para abrazar a su niñero favorito. Su hermano la sigue, también saludando al enano de la misma manera. Se tienen que agachar un poco para lograr rodear con sus brazos al mismo Jensen; debido a sus cuerpos en desarrollo y cercanos a la pubertad, los niños superan a Jensen y a Reginald en estatura. Son otros veintidós centímetros más altos que el bufón (un metro con veintisiete centímetros)
—Ya estábamos resignados de que la ogra de Mildred nos cuidaría todo el día otra vez —menciona Evans con nerviosismo, después de acabar el abrazo.
—Lo siento, lo siento niños, pero ya tenía que saludar a unos viejos amigos y hermanos —se disculpa Jensen, apenado, juntando sus manos y desviando la mirada durante unos segundos.
—Ahora ya puedes cuidarlos todo el día para que olviden a esa vasalla gruñona. Después platicaremos; tengo curiosidad de la vida de tus hermanos. Apenas me has dicho lo básico; lo necesario para aumentar mi curiosidad durante los últimos días —expresa Reginald mientras se acerca con su paria, saludándolo con un apretón de manos y otro abrazo, sonriendo muy feliz todo el tiempo.
Una vez que el saludo acaba, Jensen ya pensaba responder ese comentario, sin embargo, aparecen el rey y la reina justo atrás de Reginald; los niños y los enanos estaban tan distraídos, que no los vieron acercarse.
—Reginald, querido bufón. Ven de inmediato; necesito de tus consejos y de tu entretenimiento —ordena el rey Derek con seriedad y estoico, manteniendo en alto ese ego y esa soberbia de un monarca poderoso. Manteniendo ese porte de altivez, voltea con Jensen, ordenándole con el mismo tono de voz—. Tú. Como te llames. Cuida a mis hijos todo el día; que no se pierdan las clases de hoy.
—Con mucho gusto su majestad —responde Jensen con suma tranquilidad y sonriendo, realizando una reverencia completa y lenta; para cuando vuelve a levantar la mirada, se da cuenta que el rey, la reina y Reginald ya se marcharon.
Acostumbrado a esta actitud indiferente de los monarcas hacia su persona, Jensen comienza a caminar feliz por los pasillos del castillo, seguido de cerca de los menores de edad. Niamh, Evans y Jensen deambulan por todo el hogar de la realeza y sus alrededores, excepto cuando los herederos tienen que tomar sus clases diarias, aprendiendo parte de los conocimientos necesarios para seguir con el legado familiar. Los cursos básicos de Evans son: lectura, escritura, religión católica, equitación y adiestramiento con armas de guerra; Niamh solo tiene que aprender a tejer y cuidar de los hijos, aunque debido a su puesto privilegiado de la realeza, también puede tomar los mismos cursos de su hermano, excepto el adiestramiento con armas, ya que a ella no le interesa nada de eso.
En la tarde, durante un descanso después de la clase de escritura, el trío de baja estatura está disfrutando del aire fresco en el jardín real; los tres personajes están sentados en el pasto: Jensen hojea una de las libretas de los niños, mientras que Evans y Niamh acomodan en una cesta varias flores que han recolectado, una vez que las han contemplado por varios segundos.
—Niñero Jensen —le llama Niamh con serenidad.
El enano deja la libreta en el pasto, volteando con la princesa cercana.
—¿Le entregaste mis regalos a tu amiga especial? —pregunta la jovencita con mucho interés.
#1401 en Fantasía
#280 en Magia
magia aventura personajes sobrenaturales, batallas de fantasia y medievales, dragones.
Editado: 12.09.2026