Libro 1 Historias de un bosque y un gitano (1)

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Los gitanos obedecen a su jefe, avanzando hasta llegar a la orilla del bosque, deteniéndose antes de la pradera que separa a Arth-Lizz de Piim-Asud, evitando salir al descubierto. Los líderes de ambos batallones realizan una segunda junta, debido a que han olvidado trazar la primera fase del plan: entrar a la cueva de los dragones sin ser descubiertos.

—¿Alguna idea? —le pregunta Sir Terrence a Grigore.

Rudolf «El líder» no responde, porque está contemplando la montaña cercana, estudiando con atención la ladera.

—Podemos escalar por este lado; no está tan escarpado, además de que hay varias salientes amplias —opina Grigore al tanto que señala hacia el frente.

—Es cierto, lo malo es que nos tardaremos demasiado en llegar a la cueva. Si todos subimos por el mismo camino estaremos demasiado expuestos. Tiene que haber un sendero o una zona aún menos empinada —opina Sir Terrence en voz alta, estudiando la ruta de asalto propuesta.

—De hecho, sí hay una ruta más rápida —comparte Ozu con sus compañeros.

Los más cercanos voltean con el oso café, muy atentos a sus palabras.

—Más adelante hay una zona menos empinada, más amplia y más fácil de subir, incluso los dragones han labrado unas anchas escaleras básicas en ese lugar —informa el oso parlante al tanto que señala la dirección correcta.

—¿Escaleras? ¿Y para que quieren los dragones unas escaleras? Ellos pueden volar y evitar subir caminando —pregunta todo confundido un joven romaní, cuyo nombre es Bavol, hijo del húngaro Cosmin.

—No todos pueden; existen dragones peones que carecen de alas y son incapaces de volar. De seguro labraron esas escaleras para ellos —corrige Grigore.

—Lo malo es que esa ruta está muy al descubierto, aparte de que siempre hay guardias dragones vigilando la entrada. Si subimos por ese camino, nos descubrirán muy pronto y muy fácil —advierte Ozu demasiado serio, añadiendo información valiosa al final—. Si subimos por esta ladera, llegaremos a un lado y a escasos metros de la cueva de los dragones; si subimos por las escaleras labradas, tendremos que caminar más para llegar a la entrada de la cueva. Son pocos metros, pero sí es un trecho considerable.

—¿Y tú cómo es que sabes todo eso? ¿Ya intentaste infiltrarte en la cueva de los dragones? —le pregunta Sir Ahren con mucho interés.

—Platiqué con la pareja de golondrinas acerca de los dragones; ellos lograron acercarse lo suficiente para descubrir esos detalles —aclara el oso pardo.

Llegan unos momentos de silencio mientras que los líderes piensan en una nueva estrategia. Gracias a las tantas historias que escuchó por parte de su padre, Rudolf «el patriarca» logra concebir el plan perfecto en menos de un minuto.

—Entonces haremos lo siguiente. Yo y unos cuantos de mis arqueros subiremos por este lado de la montaña; cuando lleguemos a la entrada de la cueva nos encargamos de los guardias. Una vez que nos libremos de ellos, les avisaremos a ustedes para que suban por las escaleras labradas —propone Grigore a sus hermanos y compañeros guerreros.

—Unos cuantos también podríamos subir por este lado, así llegaremos todos más rápido a la cueva —opina Sir Terrence.

—¿Y cómo sabremos nosotros el momento para subir? ¿Cuál será la señal? —indaga Sir Ahren.

—Dispararemos cuatro flechas o virotes hacia aquí abajo, hacia la pradera —esclarece Rudolf, señalando el extenso tapete de pasto verde cercano.

—Esa es una buena idea —expresa el gitano Rylan.

—Hagamos eso antes de que pase algo —gruñe el oso pardo.

Grigore, Andrei, Sir Terrence y Sir Ahren aprueban el único plan que se ha compartido. Los batallones se organizan una vez más, escogiendo cuales soldados se quedan en la retaguardia y quienes se adentran para atacar a «Humo negro». Ya con todo listo, Emil se acerca con su mejor amigo, seguido de cerca por su gatote naranja con rayas negras.

—Entonces yo te acompaño en la retaguardia, en la entrada de la cueva, ¿verdad? —le pregunta Emil a Grigore, sin poder ocultar la emoción que siente.

—No —responde Grigore, seco, tajante y distraído, preparándose para la batalla, envolviendo sus manos y muñecas con tiras de cuero delgado, improvisando un tipo de vendaje.

—Claro claro. Quise decir al lado de la entrada, afuera de la cueva —corrige Jensen de inmediato.

—Tampoco —asegura Grigore igual de serio e indiferente, terminándose de «vendar» la mano y muñeca izquierda.

—¡Oooh! ¿En serio me das el permiso de adentrarme a la caverna junto con Sir Ahren y el gigantón Andrei? Eso es bueno, porque te quería dec… —expresa Emil más entusiasmado que al principio, pero es interrumpido por su colega, quien ya tiene ambas manos y muñecas envueltas con tiras de cuero.

—Menos. Tú y el tigrillo se quedan aquí, en el bosque —asevera Grigore con determinación, después de voltear con su amigo enano y señalar el suelo.

—¡¿Queeeé?! ¡Oye! ¡Prometiste dejarme acompañarte! —le recrimina Emil todo enojado.

—Yo no juré nada. Dejamos en claro que te quedarías lo más lejos posible de la batalla; el bosque es lo más alejado y seguro, además, así podrás cuidar mejor del tigrillo —contesta Grigore, sacando a relucir su carácter de líder autoritario.

—Pero… —intenta objetar Jensen, siendo interrumpido por segunda ocasión.

—Pero nada. Te quedas aquí junto al tigrillo y punto final.

Una vez acabado el dictamen Grigore se acerca con su gente, seleccionando a doce gitanos; esos trece romaníes empiezan a subir por la ladera de la montaña, aprovechando las salientes para descansar unos momentos y analizar cuál es el camino más corto. Ya habiendo subido por varios minutos, los zíngaros y el patriarca llegan a medio camino de la montaña, divisando la entrada de la cueva detrás de unos árboles y arbustos; antes de subir por completo a este «piso» de Arth-Lizz, Grigore les ordena a seis hombres separarse y avanzar más adelante, hacia el otro lado de la cueva. Esos valientes aprovechan una saliente extensa para caminar sin ser vistos por los guardias, ocultándose con esa ladera que falta por escalar. Sincronizándose a la perfección, los arqueros se acercan a la caverna, escondiéndose atrás de los arbustos y arboles cercanos.




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