Un par de dragones entran corriendo a la gran recámara de piedra, gritando e interrumpiendo el momento.
—¡Cuidado! ¡Ya llegaron! ¡Intrusos, intrusos, intrusos!
Un segundo después llega el pelotón dirigido por Sir Ahren, aunque los primeros en entrar a la gran recámara son Andrei, el húngaro gigante, y Ozu, el guerrero peludo salvaje. La mitad de los dragones son sorprendidos con la guardia baja, mientras que la otra mitad logra darse cuenta de los valientes que han llegado para enfrentarlos. Con ayuda de sus escudos las lagartijas se protegen; una parte se salva de ser herido por una flecha, un hacha u otra arma de cuerpo a cuerpo, hasta que aparece una espada en especial en el terreno de batalla. Se trata de la espada mandoble del romaní Andrei, envuelta con un tenue brillo color azul verdoso. El zíngaro campeón blande su arma con suma destreza e ímpetu, partiendo los escudos y armas de los escudos de los dragones como si fueran hojas de papel, incluyendo sus armas de metal; no se diga de sus cuerpos, rebanando todas las extremidades posibles, en especial los cuellos, decapitando enemigos al por mayor.
—¡+yƹΞ⅄ ║Ɲǿf& €ppΩ! ¡¿∞Σÿ ↀnK £Ἑ♦∞?! —grita y pregunta «Humo negro», quien segundos antes había alzado la cabeza para saber qué está pasando.
Espérenme unos momentos.
(Susurros inentendibles)
Muy bien, muy bien. Ya regresé. La traducción literal del diálogo de «Humo negro» en este caso es: ¡Aura mágica Ékirrfelm! ¡¿Cómo es posible?!
Por órdenes de mi patrón, no puedo dar detalles acerca de esa tal magia Ékirrfelm, así que continuemos con la historia.
«Humo negro» está tan sorprendido por los guerreros que han logrado llegar, que pierde todo el interés con respecto al valiente Emil. Notando su buena suerte vigente, el pequeño gitano se pone de pie y decide correr hacia adelante, hacia el punto más alejado de la recámara de piedra; apenas logra avanzar durante un segundo, cuando el rey dragón se acuerda del insolente que lo acaba de dejar tuerto. El dragón imperial se percata de la huida del enano, así que decide perseguirlo.
—¡Maldito cobarde! ¡Te voy a devorar! —asegura el dragón enorme a todo pulmón.
Antes de que se le acabe el espacio para correr, Emil se da la media vuelta sin dejar de moverse; logra esquivar a su perseguidor por varios metros, aunque eso no sirve de mucho. Al igual que hace poco, «Humo negro» se adelanta a los movimientos del húngaro enano; no puede atraparlo con sus garras, aunque sí puede usar su cola para detenerlo. Repitiendo la misma táctica de antes, el dragón imperial alza su cola, solo para bajarla lo más rápido posible al segundo siguiente, aparte de moverla con brusquedad hacia un lado. La explosión momentánea de la gran cola contra el suelo desconcentra a Emil, provocando que tropiece y casi caiga, antes de que reciba un golpe tremendo por parte de ese largo rabo. El cuerpo de Jensen sale volando muchos metros antes de caer al suelo; las heridas que se lleva Jensen por este ataque son pocas, por lo que logra levantarse en pocos segundos, aunque no puede moverse muy rápido por el tremendo dolor que siente en todo su cuerpo.
Antes de lograr siquiera quejarse por los golpes, Emil es envuelto por la larga y viscosa lengua de «Humo negro»; la cabeza del dragón negro se encuentra dos metros y medio lejos, pero su lengua es más larga. Se puede comparar con la lengua de un camaleón, careciendo de la velocidad y propiedades pegajosas de la misma. «Humo negro» empieza a salivar en exceso, preparándose para engullir a su pequeña presa, cuando una espada le estropea los planes. Andrei ha llegado a tiempo, cortando la lengua y salvando a su hermano Emil; un segundo más tarde y el enano gitano ya estaría adentro del cuello del dragón.
El jefe de los dragones da un grito de dolor peor que el primero, cuando Emil destruyó su ojo con el hacha. Alza su cabeza y se tapa la boca con sus garras, soportando el ardor de su lengua cercenada.
Aprovechando la oportunidad, Emil, ya libre de la lengua rebanada, y Andrei corren para apoyar a los demás aliados. Primero se encuentran con Sir Ahren y Ozu, peleando en una de las orillas del grupo mixto que se ha formado (aliados y dragones).
—¡Pequeño amigo! ¿Te has estado divirtiendo todo este tiempo? —inquiere Andrei muy feliz y sonriente, después de aniquilar a varios enemigos que los tenían rodeados.
—Yo no lo llamaría diversión, compañero —contesta serio el enano gitano.
—¡¿Tuuuú?! ¡¿Cómo has llegado hasta aquí?! —pregunta sorprendido Sir Ahren durante un tiempo de relativa seguridad.
El arma principal de Sir Ahren es una alabarda, aunque siempre guarda una espada corta de reserva en su cinturón de cuero. La hoja afilada de la alabarda es muy ancha (sesenta centímetros), sumando un pico en la cabeza y una en la parte trasera. Al final del largo cuerpo del arma, hay una contera larga y muy puntiaguda, convirtiendo la alabarda en una lanza de dos puntas.
Los míticos reptiles escupe-fuego ya casi son derrotados; ya son menos de la mitad, a comparación del pelotón de Sir Ahren.
—Al parecer encontré un túnel secreto o algo parecido —aclara Emil, recogiendo un par de armas cercanas del suelo: un escudo triangular y una espada, alistándose para pelear, aunque la batalla ya está ganada.
Sir Ahren, Ozu, Andrei y Emil voltean con el enemigo principal, el rey dragón, descubriendo que sigue retenido por el dolor de su lengua mutilada. No se ha movido de su lugar ni ha quitado las garras de su boca, cerrando con fuerza su ojo sano.
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Editado: 12.09.2026