Llega un nuevo amanecer y un nuevo día; uno antes del gran banquete de celebración.
Emil se despierta a la misma hora en que lo hace la mayoría del castillo. Después de una merienda temprana se prepara. Se ha cambiado la ropa por una que casi no usa: una camisa de manga larga color blanco, que va debajo de un tabardo color verde opaco; en las piernas se dejan ver parte de unos pantalones cafés, los cuales combinan con sus botas mágicas.
Utilizando la misma ruta de los últimos días, Jensen y su compañero equino Víctor llegan al campamento romaní, siendo recibido por el mismo gitano mayor. En esta ocasión, los dos colegas prefieren platicar unos minutos en el campamento romaní, antes de ir a visitar a los habitantes del bosque místico. En medio del segundo relato, un guardia romaní entra sin avisar a la carpa del patriarca, interrumpiendo la anécdota.
—Jefe, dos amigos suyos quieren verlo. Dicen que es un asunto demasiado urgente —expresa el guardia con mucha seriedad.
—Que esperen afuera. Emil y yo saldremos para atenderlos —expresa el patriarca, sereno.
El guardia sale rápido de la casa del líder; no mucho después Emil y Grigore también ya están afuera, listos por si hay que viajar hacia otros lares. Lo primero que observan los dos hombres son dos corceles.
Uno es blanco, con una tela rojiza y una armadura de placas cubriéndole medio cuerpo; justo a un lado hay otro caballo café claro, con su silla de montar y una correa extra alrededor del cuerpo (un poco antes de la cruz), donde carga con dos alforjas medianas de cuero.
Arriba, montado en cada equino, hay un nuevo personaje que se une al repertorio que ya presenté en los capítulos anteriores. Son el caballero andante del Sur y la hechicera de la pradera de las cien flores, mejor conocidos como el guerrero Declan y la hechicera Míriam. Dos valientes que apenas comienzan su vida de héroes errantes.
Los rasgos faciales más distintivos del caballero (y únicos visibles debido al yelmo que usa), son sus ojos color castaños, una barbilla partida y una gran melena negra que le llega hasta la espalda media. Tiene veinticuatro años y es un poco más fornido que el capitán primero de «Los guerreros olvidados del Este».
Los rasgos físicos de la hechicera son: cabello corto (hasta los hombros) alborotado y pelirrojo, ojos color miel, nariz griega y labios delgados. Ella tiene diecinueve años. Todo su cuerpo lo cubre una larga capa simple con capucha, la cual se ajusta en sus hombros gracias a una cuerda. El gran accesorio es de seda y de color verde turquesa claro.
Los dos nuevos héroes se acercan al gitano líder, sin bajar de sus caballos.
—Hola amigos —saluda el gitano mayor, indagando al final—. ¿Cuál es la novedad tan importante?
—Una muy grave —responde la hechicera, bajándose la capucha.
—Demasiado grave —coincide el caballero del Sur, algo apurado y ansioso.
—Caray —expresa Grigore consternado, agregando—. Los problemas me están empezando a perseguir con demasiada frecuencia.
—El mago Ymn {Imn} ha capturado a la princesa ninfa hace unos momentos. Ella se encontraba en la orilla Estenordeste del bosque, cuando unos secuaces del mago la capturaron —explica el caballero.
—Estábamos de visita con los reyes del bosque en el claro real, justo cuando ocurrió el rapto. Ellos mismos nos pidieron rescatarla —termina de dar el informe Míriam.
Jensen se sorprende al escuchar las novedades desastrosas acerca del dichoso mago.
—¿El mago Ymn? Creí que estaba encerrado —manifiesta él, perplejo, dirigiéndose con la pareja de héroes.
El caballero y la hechicera bajan la cabeza para ver al enano.
—¿Quién es este pequeñín? ¿Acaso es el famoso Emil? —inquiere Declan, al parecer feliz.
—¿Famoso Emil? Es muy querido en la comunidad, mas llamarlo famoso es mucho. ¿Cómo es que saben su nombre? Yo todavía no les he platicado sobre él en este mes de conocerlos —comenta el gitano mayor.
—La que nos dio la noticia fue la reina Zelinda hace unos minutos, antes de enterarnos sobre el secuestro de Idaira. Nos estaba relatando la batalla reciente que tuvieron contra los dragones de Arth-Lizz, cuando un flamenco llegó con la triste noticia —explica Míriam, tranquila.
Un instante después, los héroes novatos desmontan de sus corceles, acercándose al enano con renombre en aumento, estudiándolo a detalle.
—Supongo que esas son las botas mágicas de los reyes de las hadas y duendes —comenta la hechicera, señalando el calzado de Jensen.
—En efecto, y también he traído los guantes mágicos que me regalaron Rur y Neri —confirma y asegura Emil, alzando un tanto su abrigo sin mangas, mostrando los guantes que están apretujados debajo del cinturón para evitar que caigan.
—Interesante —comenta el guerrero del Sur con una mano en su barbilla y viendo al pequeño; al terminar de analizarlo dirige la palabra al zíngaro líder—. Regresemos a nuestro asunto.
—Bien, aunque Emil tiene razón. Los hechiceros del bosque y los mismos reyes de Piim-Asud se enfrentaron al malvado mago Ymn hace más de un año, cuando ese maldito secuestró a la reina Zelinda. Ymn se encuentra preso en una cueva subterránea en el desierto del Este.
—Así era, pero tal parece que alguien invocó a seres extraños para ayudarlo a escapar —informa la hechicera.
—¿A qué te refieres con «alguien»? —pregunta el jefe gitano.
—Estamos seguros de que otra persona...
—Más bien dicho, otro mago —interrumpe Declan.
—Exacto. Otro hechicero ha llegado a Ítkelor —coincide su amiga.
—Has dicho que unas criaturas han participado en el secuestro, ¿qué clase de seres?
—Sombras malignas.
—¿Cómo es que obtuvieron esa información?
—Varios animalillos y hadas fueron testigos del suceso. Ellos fueron los que nos alertaron, avisándonos que un hombre con cabello rojo y tatuajes raros acompañado de sombras negras, había raptado a la princesa —detalla Declan.
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Editado: 12.09.2026