Libro 1 Historias de un bosque y un gitano (2)

I

Hola a todos.

Me presento. Soy Doña Agripina Petronila Gervasia, esposa de Don Pancracio Teodosio Tercero. Narradora omnisciente, guardiana de secretos arcanos, consejera del amor y maga de la armonía.

Don Pancracio Teodosio Tercero: ¡Ah caray! Óyeme óyeme Agri, ¿desde cuándo tienes esos títulos?

Doña Agripina Petronila Gervasia (Entre risas): Los acabo de inventar; estoy tratando de agregar más ambiente fantástico a la historia.

Don Pancracio Teodosio Tercero (Dirigiendo la palabra hacia Técpatl Cecetlallikatl): Oiga patrón, ¿por qué no me avisó que también podía inventar mis propios títulos fantásticos?

Técpatl Cecetlallikatl: Ay Don Pancracio. Pensé que lo deduciría cuando le dije que tenía total libertad para narrar las historias a su manera, lo que incluye inventarse sus propios títulos fantásticos. Ahora deje a su esposa seguir con el relato.

Yo, Doña Agripina, seré su guía durante las siguientes tres historias. Empecemos.

La primera historia la escucharon Emil y Joseph durante el día que visitaron a los habitantes de Piim-Asud, un día después de la guerra contra los dragones de la montaña Arth-Lizz.

I

Habita en el bosque Piim-Asud un grupo de veinte pavos reales.

Entre ellos se encuentra uno joven llamado Aleksei. Muy conocido por todos: amable, social y atento. Para él, lo que le interesa con pasión es el mundo alejado de Piud. Siempre se pasea por las orillas del bosque, observando los alrededores, contemplando la pradera verde y los otros bosques más alejados, preguntándose qué hay más allá del horizonte.

Un día Aleksei descubre a un grupo de personas que ha llegado a establecerse a varios metros lejos de la arboleda y cerca del río Ódnirlk. Con ayuda de otras gentes los nuevos vecinos ocupan los días siguientes para construir una cabaña grande, utilizando piedras grises y vigas de madera, protegida con un vallado alto de zarzo. El ave observa con suma atención cómo trabajan de manera ardua los humanos, quienes necesitan de varias semanas para terminar de construir el nuevo hogar.

Más tarde el joven pavo real oye de un gitano visitante que los nuevos vecinos son campesinos. Acaban de mudarse para probar mejor suerte, debido a que en su antigua localidad la tierra no era muy fértil para cultivar. Interesado por saber la vida de aquellos humanos, Aleksei empieza a observar atento la rutina diaria de los granjeros, desde que sale el sol hasta que se retiran a dormir. En una ocasión la atención del pavo real es atraída por la joven hija del granjero, quien tiene diecinueve años y cuyo nombre es Dagna. Ella tiene el cabello ondulado y largo hasta la espalda alta de color rubio claro, de ojos color castaño oscuro.

El pavo real se sorprende por la belleza de la joven, enamorándose de ella. Por varios días observa su rutina diaria: plantando el huerto, dándole de comer a los animales o solo paseando por la pradera.

«Debo intentar conocerla», se dice el ave a sí misma en una mañana temprana.

Decidido a acercarse a Dagna, el pavo real visita al rey del bosque, Kírill, quien se encuentra relajándose a las orillas del río Ulrron, sentado en un tronco caído. El clima es espléndido para un día libre de las preocupaciones de la realeza. Aleksei sale de entre la arboleda y unos arbustos, justo al lado del tronco donde se ha sentado el rey, quien ahora tiene veintisiete años gracias a su magia.

—Buenas tardes, su majestad.

—Hola Aleksei, ¿cómo has estado?

—Bien su majestad. Gracias por preguntar.

—¿Has venido a beber un poco de agua o a bañarte?

—En realidad quería pedirle un favor, gran rey.

—Te escucho —expresa él, agachándose para poner más atención a las palabras del pavo real.

—Quisiera que me transformara en un humano.

—¿Con qué propósito?

—Sucede que me he enamorado de una campesina humana que…

El monarca del bosque lo interrumpe de golpe.

—¡¿Amor hacia otra especie?! ¡¿No has escuchado de la historia del petirrojo que se enamoró del hada verde?! —pregunta enojado el rey.

—Sí la he escuchado, pero mi situación no es la misma.

—Eso es lo que tú crees —asevera Kírill con tono de enfado, agregando después con el mismo sentimiento—. Lo siento Aleksei, la respuesta es un rotundo no. Será mejor que saques esa idea de tu cabeza; los romances entre los seres feéricos y los mortales comunes siempre acaban en desastres. Regresa al bosque a ocupar tus pensamientos en otros asuntos.

El pavo real se aleja muy triste, regresando al mar de árboles; no se aleja mucho cuando escucha la voz de la reina ninfa atrás de él.

—Aleksei. Ven, sígueme —dice en voz baja la reina Zelinda, quien se esconde atrás de unos árboles.

Él así lo hace, hasta que ambos personajes llegan a una piedra grande donde Zelinda se sienta. Esperando en el mismo lugar se encuentra su hija de dieciséis años, la princesa Idaira, quien se queda de pie al lado de su madre.

—Entonces, quieres conocer a alguien, ¿no? —indaga Zelinda con una leve sonrisa.




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