Aleksei no tarda en llegar al huerto cercado, a solo pocos metros del hogar de la joven campesina. Hay varios trabajadores por todas partes arando la tierra o cosechando las verduras, entre otras actividades. En esos momentos Dagna sale de la cabaña para dirigirse con los animales de granja. De inmediato se da cuenta que se aproxima un extraño; espera en la puerta del vallado de madera, hasta que el visitante se le acerca.
—Buenos días —saluda Aleksei mientras se quita su sombrero.
—Buenos… días —responde la joven, extrañada por la visita inesperada; segundos después formula una pregunta—. ¿Se encuentra bien?
Aleksei, confundido, responde con otra indagación.
—¿Por qué no he de estarlo?
—No trae consigo su caballo de viaje. ¿Le acaban de asaltar?
Aleksei recuerda las pláticas que ha tenido con los gitanos y algunos animales del bosque acerca de los habitantes de los reinos y pueblecillos de Ítkelor. La mayoría se transporta sobre caballos de viaje, con más razón los nobles. Debido a las ropas que ahora posee, es imprescindible que tenga uno. Por suerte Aleksei piensa rápido en una respuesta.
—Eeemnh… para mi mala fortuna… así pasó. Salí del reino del Norte para visitar a unos amigos en el reino del Oeste. A medio camino unos bandidos salieron del bosque y me lo quitaron; también me despojaron de todas mis monedas.
—¿Cómo salió con vida? —inquiere ella llevándose una mano al pecho, tratando de calmar su corazón asustado por tan mala noticia.
Ha escuchado muchos rumores iguales, pero es la primera vez que conoce en persona a una víctima de aquellos bandoleros tan populares.
—Bueno… cuando revisaban las alforjas de mi caballo, corrí lo más rápido que pude, adentrándome en el bosque. Los perdí de vista muy pronto.
—¿Y no tiene alguna espada o daga?
—Por desgracia dejé la daga en mi vivienda; no esperaba que me pasara de día —comenta Aleksei, rascándose atrás de su cabeza y mirando a un lado, un tanto sonrojado por la pena que siente.
—Espere unos momentos.
La joven campesina se adentra en su casa, momentos después sale con un pequeño tarro y pan. La acompaña su madre.
—Mi hija me acaba de contar lo que le ha pasado. Es muy afortunado de seguir con vida; en ese bosque viven unos ladrones muy peligrosos. Acepte esta poca de perada y una hogaza de pan.
—Muchas gracias por su atención —agradece Aleksei entre que coge los regalos.
—No hay problema —menciona la joven campesina.
—Aleksei, mi nombre es Aleksei —aclara el desconocido.
Justo en esos momentos aparece el padre desde atrás de la casa, acompañado de un muchacho que jala las riendas de un caballo de viaje color blanco ya preparado con su silla de montar.
—Sí que ha tenido un mal día. Le obsequio uno de nuestros caballos, así podrá llegar a su destino más rápido —comenta el granjero.
El mismo hombre abre la puerta del vallado para que pueda salir el equino.
—Muchas gracias, señor. Pronto se lo repondré —promete Aleksei, sujetando las riendas del caballo.
—Fue un placer ayudarle, joven Aleksei. Ahora tenga más cuidado y siempre lleve consigo su daga; esos ladrones atacan a cualquier hora —le recuerda la esposa del granjero.
Antes de irse el joven devuelve el tarro de metal.
Caminando un poco y despidiéndose de la familia de campesinos, Aleksei monta el caballo y empieza a cabalgar. Trabajoso al principio. Ya conoce la teoría de cómo dar órdenes a un caballo con las riendas, dominándolo en poco tiempo. Aprovecha el resto del día para visitar la ciudad de Güíldnah y unos cuantos caminos terrosos del mismo reino.
Cuando el sol se empieza a ocultar se dirige al bosque Piud, entrando por la sección Estenordeste. Deja al caballo atado a un árbol cercano al riachuelo; el que conecta el estanque Áglod con el río Ulrron. A la hora que había indicado la reina, el hechizo de Aleksei deja de surtir efecto y vuelve a su forma de pavo real. Se reúne con sus familiares y amigos para dormir.
En la madrugada siguiente, antes de que salga el sol por el horizonte, Aleksei se dirige a un punto solitario. En pocos minutos los primeros rayos del gran astro aparecen, convirtiendo al pavo real en humano.
Ya en su nueva forma va a visitar a los hechiceros del bosque, pidiéndoles una daga y algo de monedas prestadas; por suerte Bárem y Sibisse tienen un par de armas de sobra y algo de dinero ahorrado. Aleksei se compromete a regresarles el estilete y las monedas lo más pronto posible. Ellos le dicen que no hay problema, le regalan todo.
Luego de llegar con su caballo de viaje visita por segunda vez a los campesinos. Se encuentra con la hija del granjero, quien cuida los gansos de la familia en un corral grande, ubicado en el lado izquierdo de la casa.
—Hola, buenos días —saluda Aleksei desde el caballo de viaje.
—Hola, señor Aleksei.
—Por favor llámame solo Aleksei, así no me siento tan viejo. Ayer me fui muy apresurado y no pregunté por tu nombre, ¿cuál es?
—Dagna.
—Bonito nombre.
Aleksei baja de su caballo, recargándose en el alto vallado de zarzo.
—Quisiera comprar el caballo de tu padre. Pensaba regresárselo, pero creo que se ha encariñado conmigo.
—No creo que haya problema; mi padre tiene varios.
—¿Crees que con esto será suficiente? —pregunta Aleksei, entregándole una pequeña bolsa de tela amarrada con un hilo.
Dagna la abre, vaciando el contenido en su mano.
—Sí. Es lo suficiente por el caballo. Gracias —dice ella después de contar las monedas.
—Gracias a ti.
—¿Ahora a donde se dirige?
—Me dirigía a revisar algunas tierras mías, antes quería pasar y darles las gracias.
Ella lo invita a pasar al interior de la cabaña junto con su familia. La esposa del granjero de nueva cuenta le invita un pequeño tentempié de quesos y sidra. Aleksei les agradece a los granjeros por la atención dada, para después tener una corta plática con Dagna. En poco tiempo toda la familia se despide de él.