Libro 3: Una guerra debe prevenirse

Capítulo 30 “Mensaje en medio de la pesadilla”

—¿A que te refieres con hechicería de otro universo? —inquiere Friedrich con mucho interés.

—Eso es lo que estoy creyendo —comenta Cathal, recordando parte de las pláticas que ha tenido con Nhómn en todo este tiempo—. Una antigua amiga de mi planeta natal tenía poderes mágicos. Entre uno de los tantos de su repertorio de hechizos, tenía uno que le permitía a los habitantes comunes y corrientes convivir con los seres feéricos, o divinos en este caso; pero su efecto era temporal, como les ocurrió a esas demonios. No sé si los hechiceros de este universo tienen conocimiento de ese mismo conjuro —comenta Albert, volteando con todos los presentes en la junta.

—No. Ningún lídjoib puede lograr eso; hay tecnología que permite a los seres mortales convivir con los seres divinos, pero no hay poder sobrenatural en este universo que provoque ese efecto temporal; los dioses regentes pueden regalarle esa habilidad a un habitante común, pero será permanente —explica el éphimit Abihu.

Todos se quedan callados por unos momentos.

—Tal parece que ya sabemos a lo que se refería Kijuxe, solo falta encontrar a esos terroristas y salvar a esa ciudad —menciona Francisco seriamente.

—Pero él dijo que planeaban destruir una ciudad, no que planeaban soltar una plaga —recuerda Fiorello en voz alta.

—Tal vez se refería a que destruirían a la población; aparte, es mejor deshacerse de solo los estorbos para dejar intactas las construcciones, así te ahorras el trabajo de reconstruir el lugar —opina Akuris en voz alta, provocando que todos volteen con ella.

Desde que fue desterrada de los reinos de Madogis, hay ocasiones en que la pu-naisvu muestra su lado maligno; una faceta que pocos conocen de ella, incluyendo su novio Fiorello.

—Tiene razón —comenta Nhómn seriamente.

—Pero aún así será un poco difícil de lograr la misión; tenemos que revisar todo el astro para encontrar a esos terroristas —expresa el comandante Francisco.

El silencio general vuelve por unos segundos, dirigiéndose las primeras miradas con David Ricardo; esperan a que el protector diga algo, pero inmediatamente notan que está demasiado meditativo. No ha puesto nada de atención a los recientes puntos de vista.

—Ricardo, ¿en qué estás pensando? —le pregunta Sérim.

—Esto cuadra con una de las palabras que escuché, ¿pero que significan las demás? —inquiere Ricardo en voz alta.

—¿Las demás? ¿Cuáles demás? —pregunta Lindalë, quien está sentada cerca, justo al lado de Nhómn.

Antes de responder, Ricardo da una respiración profunda; al hacerlo, sus ojos dejan de soltar vapor y vuelven a la normalidad. Alza la vista, dirigiéndose a todos en general.

—Después de que soñé con Albert Cathal tuve una pesadilla. Me encontraba en una ciudad abandonada; varios desastres ocurrieron después, y al final el forajido negro apareció en frente de mí y me atacó. Ese fue el momento en que desperté —relata David nervioso; respira para calmarse y para terminar de dar los detalles—. Antes de despertarme, escuché una voz desconocida en mi cabeza, me dijo varias palabras; una de ellas la desconozco por completo. No sé que es. Esas palabras fueron: pandemia, estado fallido, crimen organizado y kerklu.

—¿Kerklu? ¿Qué es un kerklu? —pregunta Cathal muy confundido.

—Los kerklus son los responsables de crear desastres naturales. En Pérsua Ifpabe son gigantes compuestos por cualquiera de los seis elementos fundamentales de la naturaleza; esos seres enormes controlan esos mismos elementos fundamentales y los secundarios. Ni siquiera los dioses regentes pueden detenerlos —explica Nhómn Beleg.

—Aquí en Sepnaru son invisibles al ojo mortal, pero igualmente son los responsables de esas calamidades. Terremotos, huracanes, erupciones volcánicas, tsunamis, tornados, avalanchas y otros desastres más; todos son provocados por esos entes poderosos. En realidad, la comunidad científica nunca pudo explicar estos fenómenos, por eso inventaron los términos de placas tectónicas, presión atmosférica y los mantos del planeta, entre otros términos meteorológicos —complementa el doctor Friedrich.       

La nueva información genera nuevas dudas acerca de la noticia reciente.

—Puede ser, que el verdadero objetivo del forajido no sea Europa —reflexiona Nila, volteando con varios compañeros.

—Pero ese demonio no puede controlar a un kerklu; nadie puede —comenta Sérim.

—Te olvidas de la mujer que lo acompaña, una tal reina Ókinam. Ella es más poderosa que él; tal vez, ella sí tiene la habilidad de dirigirlos —menciona Yev-Lirn volteando a verla, agregando al final—. Un kerklu puede destruir una ciudad entera y a los habitantes al mismo tiempo.

—Abihu, ¿no puedes buscar al forajido negro o a esa tal Ókinam? ¿Sentir sus poderes o energías? —le pregunta Ricardo a su consejero diestro.

—No puedo jefe. Percibí cuando el forajido realizó el viaje a este planeta; pero, sus auras desaparecieron misteriosamente de todo el universo. No los puedo localizar —revela Abihu, apenado. Yev-Lirn y Fiorello también comentan que no pueden percibir las energías de los enemigos.

—¿Qué hay de las otras dos opciones, el estado fallido y el crimen organizado? Esos dos factores los podemos encontrar en un solo continente y país —expresa el doctor Friedrich, volteando con su compadre.




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