Libro 3: Una guerra debe prevenirse

Capítulo 43 “Los últimos retoques del plan y la trampa”

Notando que ya no tienen nada más por hacer en la guarida principal de los leales dingos roñosos, los cinco visitantes deciden marcharse. Antes de hacerlo, el hacker experto y «mano derecha» Ócnum Antonio le entrega al protector Ricardo un teléfono celular, el cual tiene guardado varios contactos especiales, incluyendo el número personal de la líder Alexandra. David agradece el regalo y se despide del joven.

A la hora de irse, los cinco forasteros no son forzados a vendarse los ojos, descubriendo el lugar exacto dónde está la fachada falsa de la guarida secreta. Una camioneta se aleja un tanto de la ciudad, antes de dejar bajar a los nuevos cinco aliados; es el mejor lugar desolado para no generar sospechas.

Apenas son las primeras horas de la tarde, por lo que Ricardo y compañía pueden distraerse unos momentos; no sin antes reunirse con la alcaldesa para mentirle y darle las malas noticias. Albert Cathal, Lindalë y Ariadna usan sus habilidades de vuelo, ayudando a sus compañeros, cargándolos todo el trayecto. La faípfem Kelly acepta las noticias de los cinco investigadores que no han encontrado nada; ninguna pista o integrante de la pandilla peligrosa. Ricardo promete ayudarla, después de acabar el asunto importante en el país de Wisune.

Un poco cansados por los recientes descubrimientos inexplicables, el grupo se reúne nuevamente con los ayudantes y compañeros en el hotel de lujo; ellos se han estado divirtiendo y han aprendido un poco más de este mundo, especialmente Akuris y Ricardito. Hace poco que acaban de comer. Francisco descubre que su hija acaba de dormirse, siendo cuidada por la faípfem Nila.

Los cinco que apenas llegaron están hambrientos, por lo que deciden pasar al restaurante para comer algo. Akuris Gaels y Nila Oleim acompañan en todo momento a sus compañeras Lindalë y Sérim; ellas se sientan en una mesa aparte, donde la princesa les comparte la noticia de su nuevo nombre: Ariadna Berenice. Con mucho cuidado y tratando de no hablar en voz muy alta, relatan su reciente encuentro con la líder Alexandra, evitando decir ubicaciones exactas u otro nombre.

En otra mesa se sientan los dos guardianes, los dos compadres (Francisco y Friedrich) y los dos consejeros. Los cuatro integrantes faltantes del grupo se han quedado vigilando a la pequeña Quetzalzin.   

—Doctor Manuel, necesito que investigue más a fondo esta ciudad y a esa alcaldesa faípfem Kelly —le ordena Ricardo seriamente a su ayudante sentado cerca de él, haciendo una pausa en sus masticadas.

—Pero Ricardo, necesito equipo especial —le responde el hombre, susurrando.

—En unos momentos te lo daré, pero de verdad necesito que me hagas ese favor —le dice él.

Luego de haber comido una parte de la porción de su plato, le dirige la palabra a su consejero diestro, sentado a su derecha.

—¿Sabías que Alexandra era tan poderosa? ¿Por qué me detuviste cuando estaba por salvar a Berenice, después de que esa mujer le enterrara la punta de lanza? —le pregunta seriamente David a Édznah.

—Yo y mi compañero Yev-Lirn, pero no fue solamente con usted, jefe; también les hablamos mentalmente a Francisco y a Cathal. Lo bueno que nos escucharon y no hicieron nada —comenta el éphimit, agregando—. En el momento en que Alexandra hirió gravemente a Bere, mi compañero jócsolfu y yo nos dimos cuenta de la verdadera naturaleza de esa átbermin; pero no es tan poderosa como aparenta.  

—¿Qué tan poderosa es? —inquiere Ricardo.

—Es igual de poderosa que mi antiguo amo Kijuxe; una tercera parte de toda la fuerza total de usted, jefe —explica Abihu seriamente.

—¿Posee una tercera parte de todo mi poder? ¿Cómo es posible? ¿Es otra guardiana sagrada? —inquiere David, tratando de no mostrar mucha sorpresa.

—Ne dubito fortemente, capo. Hemos tratado de resolver esa duda con nuestros ex dioses regentes, però ellos dicen que es una lídjoib que tuvo un entrenamiento especial. Tenemos que investigar más a esta tal Alexandra —comenta el consejero siniestro Fiorello.

Al finalizar la comida y las pláticas, todos se retiran a descansar. En el cuarto donde dormirá Friedrich, Ricardo hace uso de sus poderes, transmutando su hielo y arena especial en una computadora personal y otros dispositivos, para que el doctor Manuel empiece la investigación de la ciudad de Arvtess. Poco tiempo después, llegan los militares y expertos encubiertos miembros de la FESEDERM, acomodándose en los pisos que les ha reservado el hotel; ellos también han traído equipamiento táctico para esta operación ultra secreta. Rápidamente todo se pone en su lugar y se conectan los aparatos y otras computadoras.

Antes de que caiga la noche, todos los altos mandos y el gran grupo del protector se reúnen en una de las amplias suites, dejando que Enmaru, Desmond y Quetzalzin se distraigan con sus juegos en otro cuarto igual.

Se empieza a trazar la táctica adecuada.

—No podremos usar a las mascotas de ustedes dos; llamarían demasiado la atención —comenta el comandante Francisco, señalando a Ricardo y a Édznah.

—Lo más conveniente es abrir un portal, pero igualmente no podremos usar uno solo. Somos demasiados y eso también atraerá la atención. No solo me estoy refiriendo a nosotros quince, contando a Quetzalzin; estoy contando a los soldados y técnicos que nos acompañarán —expresa Nhómn Beleg.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.