Libro Il: El Susurro De La Montaña ​el Camino Primitivo

Capítulo 4: La Fortaleza de los Sentidos y el Sabor de la Tierra

​I. El Amanecer en Grado: El Regreso del Ritmo

​Luis y Marc despertaron en el piso de Manuel con el sonido de la lluvia golpeando suavemente los cristales. Tras desayunar en un pequeño bar de la plaza, donde el café caliente parecía devolverles la humanidad, se encontraron en la salida del pueblo con Elena y Beatriz.

​—¿Listos para el ascenso? —preguntó Elena, ajustándose una cinta en el pelo. Hoy su aroma no era solo a romero; olía a café y a esa determinación que solo tienen los que aman la montaña.

​—Las piernas protestan, pero el ánimo empuja —respondió Marc, que ya no miraba su reloj, sino el color de las nubes sobre los picos.

​II. El Bosque Mágico hacia Salas

​La etapa hacia Salas es un ascenso constante y sugerente. A medida que el grupo se internaba en los bosques de castaños y robles, la implicación de las mujeres con Luis y Marc se volvió más profunda. Ya no eran dos grupos que caminaban juntos; eran una unidad.

​Beatriz, la fotógrafa, obligó a Luis a detenerse frente a un viejo muro cubierto de líquenes cerca del río Nonaya.

—Mira esto, Luis. Tú eres arquitecto, ¿verdad? Pues aquí tienes la arquitectura más perfecta del mundo. El musgo no destruye la piedra, la protege. Aprende de él: no intentes dominar el Camino, deja que te cubra.

​Luis se quedó mirando el verde vibrante sobre el gris del granito. Por primera vez en meses, su mente no buscó una solución estructural, sino que simplemente aceptó la belleza del equilibrio. Elena, por su parte, caminaba al lado de Marc, ayudándole a identificar el canto de los pájaros.

​—Ese es un petirrojo —decía ella—. Y ese murmullo es el agua avisándote de que la pendiente se acaba. Escucha, Marc. La naturaleza no grita, pero siempre te dice dónde estás.

​III. Salas: El Reposo del Guerrero

​Llegaron a Salas bajo una luz dorada que se filtraba entre las nubes al atardecer. La villa, presidida por la imponente Torre de los Valdés y la Colegiata, les recibió con su aire medieval y solemne.

​Se dirigieron al Albergue Municipal de Salas, situado en una de las zonas más auténticas del pueblo. Al entrar, el olor a piedra antigua y madera de castaño les envolvió. Esta vez había plazas. El hospitalero les selló las credenciales mientras Elena bromeaba con él sobre el estado de los caminos tras la lluvia.

​IV. La Cena en Casa Pachón: El Sello de la Amistad

​Tras la ducha y un breve descanso, el hambre de la montaña se hizo presente. Manuel, el dueño del piso de Grado, les había recomendado un lugar que era el corazón de la villa: Casa Pachón.

​Al cruzar la puerta de este bar típico, el calor de la cocina de leña y el murmullo de los paisanos les hicieron sentir en casa. Se sentaron en una mesa de madera gastada, rodeados de botellas de sidra y el aroma embriagador de la fabada y el pote asturiano.

​—Aquí es donde el Camino se hace carne —dijo Marc, mientras el camarero les servía el primer culín de sidra.

​Cenaron de forma comunitaria, compartiendo fuentes de embutidos de la zona y un cachopo que parecía desafiar las leyes de la física. Elena y Beatriz se implicaron aún más en el grupo, compartiendo anécdotas de sus vidas que hasta ahora habían guardado en silencio.

​—En la ciudad —dijo Elena, alzando su vaso—, comemos para seguir trabajando. Aquí, en Casa Pachón, comemos para celebrar que estamos vivos. Luis, deja de pensar en los planos de Asia por una hora. Prueba este queso de Afuega'l Pitu y dime si no es el puente más perfecto que has cruzado hoy.

​Luis rió, relajando por fin los músculos de la cara. El sabor picante del queso y el calor del ambiente le devolvieron a la realidad del presente.

​V. La Vivencia de la Tarde

​De regreso al albergue, caminando bajo las estrellas de Salas, Luis sacó su cuaderno y escribió:

"Salas. El Primitivo me está desarmando. En Casa Pachón he entendido que la evolución no siempre es ascética; a veces es una fabada compartida y una risa que espanta los fantasmas del estrés. Elena y Beatriz ya no son compañeras de ruta, son el espejo de los sentidos que tenía dormidos. El 'Constructor de Puentes' hoy ha levantado un arco de alegría entre cuatro personas que, hace tres días, eran desconocidas."

​Antes de dormir en la litera, Luis sintió que la opresión en su pecho había desaparecido por completo. Mañana les esperaba el alto de La Espina, pero con el estómago lleno y el alma ligera, cualquier cima parecía alcanzable.



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En el texto hay: camino santiago, camino primitivo

Editado: 11.01.2026

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