Libro Il: El Susurro De La Montaña ​el Camino Primitivo

Capítulo 14: El Bosque de las Sombras y el Umbral de Santiago

I. La Partida de Boente: El Peso de la Realidad

​El grupo abandonó Boente con el eco del conxuro todavía resonando en sus mentes. El aire de la mañana era espeso y cargado de una humedad que hacía que el camino pareciera suspendido en el tiempo. Aunque el Camino Francés rugía a su alrededor con el paso constante de peregrinos, Luis, Elena, Marc y Beatriz caminaban en una burbuja de serenidad.

​La casona hallada el día anterior —"A Casa do Río"— ya no era una idea. Era una presencia física que Luis sentía en la base de su columna vertebral. Cada paso hacia Santiago era ahora un paso hacia la responsabilidad de dar vida a esa piedra.

​II. El Suceso Mágico: El Anciano y el Plano de Aire

​A mitad de camino entre Arzúa y O Pedrouzo, en un tramo donde el bosque de eucaliptos se vuelve tan denso que la luz solo cae en hilos plateados, ocurrió algo que desafió la lógica del arquitecto.

​Un anciano, vestido con una chaqueta de lana que parecía tejida con la propia niebla, estaba sentado en una piedra junto a un cruce de caminos. No pedía dinero, ni vendía sellos. Simplemente sostenía un trozo de corteza de abedul en blanco. Al pasar Luis, el anciano alzó la mano.

​—Tú eres el que mide el viento —dijo el hombre con una voz que sonaba como el crujir de las hojas secas.

​Luis se detuvo, impresionado por la mirada del viejo, que parecía ver a través de él. Elena se acercó, reconociendo en el hombre la misma energía de la tierra que ella cultivaba.

​—He encontrado una casa —dijo Luis, casi como una confesión.

​El anciano sonrió y, con un dedo sarmentoso, empezó a dibujar en el aire, frente a los ojos de Luis. Lo asombroso fue que, por un segundo, Luis no vio solo aire; vio líneas de luz dorada que trazaban exactamente la estructura que él había imaginado en el Albergue de Boente. Un círculo de piedra, un jardín de plantas medicinales y un ventanal orientado al sol de invierno.

​—La piedra tiene memoria, pero solo obedece a quien sabe escuchar su silencio —sentenció el anciano. Luego, le entregó a Luis la corteza de abedul. Al tocarla, Luis sintió una descarga de calor. Cuando volvió a mirar, el hombre se había levantado y caminaba hacia la espesura del bosque con una agilidad imposible.

​—¿Lo habéis visto? —preguntó Marc, con los ojos como platos.

—Yo solo he visto luz —susurró Beatriz, que por primera vez en el viaje no había sido capaz de disparar su cámara.

​Luis guardó el trozo de corteza como si fuera un plano sagrado. La magia del Camino acababa de darle el visto bueno a su proyecto.

​III. O Pedrouzo: El Último Aliento

​Llegaron a O Pedrouzo cuando la tarde empezaba a caer. Este es el lugar donde se respira la mezcla de euforia y tristeza del final. Miles de personas se preparan para el último asalto al Monte do Gozo y la entrada en la Catedral.

​Se instalaron en el albergue, pero el bullicio ya no les afectaba. Estaban en un estado de gracia.

​IV. La Noche antes de la Meta

​Se reunieron para cenar en un pequeño rincón del pueblo. La conversación ya no era sobre lo que dejaban atrás en Madrid o Londres, sino sobre los materiales que usarían para rehabilitar la casona.

​—Usaremos cal —decía Luis, dibujando sobre la corteza de abedul (que ahora parecía tener marcas invisibles que solo él entendía)—. Y madera de castaño recuperada. Nada de acero moderno que no tenga alma.

​Elena le miraba con una mezcla de admiración y deseo.

—Y yo plantaré el jardín de la espiral que dibujamos en Fonsagrada. El romero, la lavanda y la caléndula serán los que reciban a los peregrinos antes incluso de que crucen la puerta.

La vivencia de la noche:

Luis abrió su cuaderno de bitácora por última vez antes de Santiago.

"O Pedrouzo. Mañana entraremos en la Plaza del Obradoiro. El año pasado, llegar allí fue un alivio. Este año, es solo la firma de un contrato con mi propio destino. El suceso del bosque no ha sido una alucinación; ha sido el Camino entregándome las llaves de 'A Casa do Río'. Ya no tengo que ir a Asia a buscar la iluminación. La luz estaba aquí, en una corteza de abedul y en los ojos de un anciano que sabía mi nombre sin conocerme. Mañana daremos gracias al Apóstol, pero mi verdadera oración será por las piedras que esperan en el Primitivo."

​Marc brindó con una última copa de vino.

—Mañana se acaba el Camino de Santiago, pero empieza el Camino de Luis y Elena. Y yo quiero estar ahí para verlo.

​Se durmieron bajo el sonido del viento en los eucaliptos, sabiendo que mañana, cuando vean las torres de la Catedral, no verán un final, sino el primer día del resto de sus vidas como guardianes del Camino.



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En el texto hay: camino santiago, camino primitivo

Editado: 11.01.2026

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