Lies In Oakridge

Capitulo 2

Volví a ver ese destello de luz, el mismo del otro día. Horas... o no sé cuánto.
Y en ese momento recordé todo: el hospital, las costillas rotas, Valerie, mi manager, el tan esperado casting y mi obra interrumpida por reposo y analgésicos.
Ja. Qué sueño... ¿o qué pesadilla?
Soñar que me había roto las costillas por un reflector era horrible, porque se llevaba puesto todo mi futuro. Pero gracioso. ¿Por un reflector? Ni que eso hiciera tanto daño.

—Está murmurando cosas —escuché decir a lo lejos—. ¿Y si le agarró una convulsión cerebral o algo así?
—Creo que fue el sedante —dijo otra voz.
—No digan eso —respondió otra, más cerca de mí—. Seguramente es sonámbula.
—Que no, chicos —dijo una voz muy familiar—. Solo está despertando y la están agobiando, gritando así.
—Que no, ni nos escucha.
—Yo creo que sí...

Abrí los ojos un poco.

—Mirá cómo los ve.
—Llamá al doctor.
—Voy yo —se apresuró a decir una.

❤❤❤❤

—Hola, Ela.

Cuando logré recomponerme, me levanté de un salto, sintiendo ese ardor colarse dentro de mí otra vez y golpeando, sin querer, a quienes un rato después deduje que eran mis amigos.

—Es mentira, ¿no? —dije sollozando, no era una pesadilla, ni un sueño—. Esto no es verdad. No puede serlo. Debería estar en la obra, en el teatro, ensayando.

—Elara, calmate...

—¿Que me calme? ¿Estás de broma? Me acaban de decir, si es que es verdad, que se me rompieron cuatro costillas, que otras dos están fisuradas y que tengo una maldita contusión torácica que me agobia cada vez que trato de moverme o respirar.
¿Cómo mierda voy a hacer un puto casting e interpretar una obra?

Dije esto último sentándome otra vez en la cama.

—Elara, es posible que no puedas hacerlos...

Cuando terminó esa frase, recibió un codazo de mi amigo Félix.

—Lo importante es que te relajes y tomes tu tiempo para mejorar lo antes posible.

Suspiré fuerte. Cada vez me costaba un poco más respirar.
Pero no podía concentrarme en eso. Solo pensaba en mi obra. En la que iba a ser protagonista. En esa en la que opacaba a muchos al subirme al escenario. En la que dejé mi alma para ser elegida... solo para que me lo quitaran después.
¿Qué clase de juego horrible era este?

—¿Qué día es? —pregunté.
—15 de septiembre.
—15 de septiembre... —susurré, tratando de recordar fechas—. La obra se estrena en seis días. ¿Estaré bien para entonces, no?

—Ela, es probable que te quedes acá más de un mes.

Cuando dijo eso, recordé al médico y su tiempo de recuperación.

—¡Vamos! ¿Quién necesita tanto tiempo?

En ese momento pensé en Valerie, pero antes de que pudiera preguntar, me interrumpieron:

—Tú —respondieron al unísono Félix y Marc.

—Esperen. Kiara, ven —llamé a mi amiga del teatro—. ¿Quién va a tomar mi papel?

—Ela, creo que es mejor que te recuperes para que puedas...

—¿Quién, Kia?

—Valerie.

—No. No, no. Ella no puede interpretar a mi personaje. Maldita sea.

Solté un par de lágrimas, pero tuve que parar porque mis amigos dijeron que no era buena idea, que cada vez me dolería más. Wow, qué manera de ayudar.

Solo tenía una forma de irme.
Para todos era recuperarse.
Para mí, no. Eso no existía.

Tenía que justificarme con algo. Que esas costillitas ya estaban bien. Que no estaban tan mal. Para eso tendría que falsificar firmas, radiografías... todo eso que hacen los médicos.
Además, tenía una ventaja: era actriz.

—¿Mi madre no vino?
—No. Dijo que no hay vuelos hasta dentro de seis dias.

Genial. Con costillas rotas o no, mi madre no iba a venir a verme. No sé por qué me sorprende. Creo que notaron mi cara porque Marc dijo:

—Gerard está afuera.

Siempre envía a Gerard. No es que me moleste su presencia. De hecho, él fue más que los reales. Y eso que lo conozco hace poco.
Creo que él demuestra que no importa el tiempo que pasás con alguien, sino la calidad. Y Gerard, para mí, era muy importante.
Mi mejor amigo, mi manager, mi hermano, mi psicólogo y, a veces, un intento de mamá y hasta de papá.

Mi padre es el más presente de la relación, pero aun así no se siente como una familia. En cambio, Gerard nunca dudó en estar para mí o protegerme. Y eso que solo tiene 24 años.
Lo conozco desde los diez, y no recuerdo una sola vez en que me haya fallado. Nunca.

Tal vez tenían razón. Tal vez debía recuperarme, como él decía.
Pero no podía.
Esta era mi vida.

Y sabía que iba a defraudarlo. Por eso no quería verlo.

Así que fingí llorar, para que me dejaran sola.

Si no me iba antes, lo perdería todo. Esta oportunidad no volvería. Gerard podía conseguir millones de audiciones más, pero esta... esta era única.
Estados Unidos. Ser actriz. Mi sueño de toda la vida.

Me esforcé tanto. Dejé mi vida por esto.
Nunca hice un deporte. Todos mis recuerdos son en un escenario o practicando caras frente a un espejo.
Nunca una Navidad normal. Nunca una infancia común.

Estaba pintada de rosa, sí. Pero no lo era. Ahora me daba cuenta. Y no quería echarlo a perder.

Las lágrimas ya no eran fingidas.

—Ela, ¿qué pasa?

—Vamos, Gerard —dije entre sollozos—. ¿No lo ves?

—Vamos a estar bien

—¿Vamos a estar bien?

—Sí, así es.

—Gerard... yo soy la maldita máquina. Conectada a miles de cables, recibiendo ayuda para respirar.

—Está bien, lo entiendo. Pero estoy acá y voy a ayudarte. No pasa nada. Vas a estar bien y vas a volver a brillar.

—No. Esta vez no. Ya estaba brillando, Gerard. Sacrifiqué mucho por todo esto y no lo puedo perder. No ahora.

—Elara, tenés que quedarte porque...

Tres golpes en la puerta lo interrumpieron.

—Tengo que comunicar algo —dijo el médico, con la carpeta en el pecho—. Tendrás que ser transferida a otro hospital por acumulación aquí. Probablemente tengas un mejor trato.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.