Lies In Oakridge

Capitulo 4

Me estaban trasladando al hospital y yo sentía un dolor en el estómago. No sé si por miedo, por dolor o solo nervios. Tal vez la charla con Gerard me afectó un poco y no tenerlo ahora más. ¿Y si tenía dependencia de él? Da igual, estaba puesta y mucho.

Cuando llegué me hicieron algunos estudios, pero la verdad es que ni recuerdo. Pasó un día de eso, me quedé dormida y no sé qué pasó. Pero Gerard estaba junto a mí. Y cuando se levantó esperó a que me despabilara para poder darme una noticia.

—Hola, ¿cómo estás?
—Mejor. ¿Hace cuánto llegamos?
—Menos de un día.
—Dormí demasiado.
—Sí, así es.
—¿Estás bien tú?
—Sí, todo bien. Solo quería decirte que mañana por la noche debo ir a un viaje de negocios. Lamento mucho tener que irme, pero lo había estado retrasando para asistir, ya sabes, a la obra. Pero ahora creo que mejor.
—Está bien. Lo entiendo. No pasa nada, Ger.
—Lo siento, Ela.
—No importa.

De pronto el médico entró.

—Bueno, ¿cómo están? ¿Todo bien, Elara?
—Sí, todo bien.
—Bien, tengo noticias buenas.
—¿Me podré ir de aquí al fin? —pregunté casi sarcástica.
—Elara —advirtió Gerard.
—De hecho, sí —mi esperanza volvió—. Según los exámenes está todo correcto. Así que mañana por la noche se te dará de alta. Pero necesitamos ayuda de tu parte.
—Sí, lo que sea —dije mientras trataba de ponerme recta junto con la ayuda de Gerard.
—Reposo al menos una semana, sin fuerza o cualquier cosa que pueda alterarte, y seguir con los analgésicos. Y necesito que vuelvan en tres semanas.
—Está perfecto, muchas gracias.

—Pero... —quiso cuestionar Gerard, pero no lo dejé.
—Pero nada, Ger. Estoy lista.
—Pero, Ela, eran casi dos meses.
—Todo se encuentra bien —dice el médico.
—Vamos, Gerard —me acerqué a él para darle un abrazo y sentí un poco ese ardor, pero lo dejé estar. Él me devolvió el abrazo.
—Pero no estaré.
—Ya. Llamaré a algún amigo. No te preocupes por todo, Ciz.
—Bien. Estoy feliz por ti, Ela.
—Por los dos, Ger. Por ambos. El día que triunfe y sea todo aquello que aspire, será por ti y nadie más.
—Y por ti.
—Sí, claro. Ambos.

Esa noche me cuestioné mucho todo, y si ese ardor perduraba, ¿significaba algo? ¿Y si algo en los estudios falló? ¿Qué pasaba si yo fallaba? ¿Debería asistir a la obra?
Todo giró en mi cabeza por un largo tiempo, cada pregunta con diferentes escenarios ficticios, distintos finales, buenos y malos. No sabía cuál era la decisión que debería tomar, y hablar esto con Gerard no era la solución. No lo era con nadie. Solo era un tema mío, nadie lo entendería: ni Gerard, ni Marc, ni Félix, ni Kia. NADIE.

Cuando abrí los ojos, vislumbré tres cuerpos: Gerard, Logan y Valerie. ¿Qué hacía ella allí? Realmente no entiendo cómo la dejan pasar.

—Oh, por Dios, Elara —dijo esta última mientras se acercaba—. Te encuentras súper. ¿Ya te dieron de alta, no?
—Por suerte, sí.

Respondió Gerard, que por haber permitido que esta entrara, siento que entiendo la incomodidad que siento.

—Eso es muy bueno —Logan interrumpe. Él es una persona buena, demasiado, para ser realistas. Logan se parece mucho a Gerard, siempre dispuesto para los demás, como si no importara si eso lo puede lastimar, arruinar. Siempre pondrá a los demás por encima de sí mismo. Y creo que eso, a veces, está un poco mal. Logan tendría que ver por sí mismo. Pero, sin embargo, es él quien está aquí conmigo, una simple niña con la que no tiene un lazo, más que su mejor amigo, que simplemente es mi manager.

A lo que quiero llegar es que siento que los sentimientos de los demás se interponen en los de Logan, y eso lo lastima. Porque lo sé, lo veo y hasta hay veces que puedo sentirlo. Logan no parece roto, pero siento que de cierta manera lo está. Pero, de igual manera, siento que "roto" no es la palabra. Él solamente está solo, o tiene aquel miedo. Lo percibo en su mirada: trata de mantener la calma, pero siempre veo vulnerabilidad. Quizá por eso trata siempre de poner a los demás por sobre sí mismo.

—¿Podrías salir un momento? —se dirigió mi manager a Valerie—. Por favor.
—Claro —asintiendo, se corrió de mi lado y caminó hacia la puerta.

Una vez fuera, Gerard volvió hacia mí.

—Así que, ¿cómo va todo, Ela?
—Súper, ya me voy de aquí.
—Sí, pero recuerda mantener el cuidado.
—Obvio, Cizzy. No te preocupes por mí.
—En serio, Ela.
—Sí, Ger, que sí. Además, Logan estará ahí.
—Sí, pero no quiero que trates de sobornarlo, amenazarlo o intentes irte, con o sin él.
—Todo irá bien, Gerard —dije mientras imitaba el saludo militar. Eso hizo que Logan sonriera tímidamente.
—Ahora iremos a comprar tus medicamentos y algunas cosas necesarias.

A todo esto, nunca recibí ni una llamada ni visita por parte de mis padres, lo cual sí me entristece un poco. Nunca fueron de estar allí para mí, no mucho por lo menos. Pero con el estreno de la obra pensé que asistirían. Pero con el accidente creo que me dejaron claro que no les importó, ni siquiera mis logros. Porque hay familias a las que les gusta eso, pero a la mía no, nada.

A veces me pregunto qué hubiera pasado si yo no hubiese nacido. Si mis padres siempre fueron así o yo los cambié. Si la vida de ellos sería mejor. Si fui un error. Porque siempre lo dejaban a Gerard, él no debía hacerse cargo. Si había algo detrás de todo.
Eso siempre me atormenta: la culpa, la incertidumbre y la soledad.

—¿Alguna noticia de mis padres? —como no tenía mi celular, no lo sabía, ni tampoco podía revisar. Tampoco esperaba algo, pero yo creo que siempre pensamos que hay una pizca de esperanza en todo, aunque sabemos que lo que nace torcido difícilmente se endereza.
—No, Ela. Lo siento...
—No lo sientas, Ger. Es su problema al fin y al cabo, aunque creo que el problema soy yo.
—No, Ela. Ellos lo son —se removió un poco incómodo—. Eres increíble, y no sé por qué no se toman el tiempo de estar contigo, Ela. Se aprende mucho a tu lado.
—Quizá porque realmente no lo valgo, o estoy apegada al escenario.
—Ela, eso es el sueño de tu vida.
—O quizá me obligaron a que lo fuera.
—Puede ser, pero por cómo actúas se nota que te importa, y demasiado.
—No es que no lo haga, simplemente me lo cuestiono. Lo hago con todo, Ger. Realmente no me soporto. Siento que mi mente juega en mi contra y no lo aguanto. No sé qué hacer.
—Oye, puede pasar —agarró mi mano y continuó—. Pero sabes que puedes contar conmigo siempre, y es mejor eso a que te lo guardes. Suéltalo, Ela, hazlo siempre —se levantó de la silla y se acercó para abrazarme—. Eres mi AMARA, no lo olvides.
—¿Qué es eso?
—Averígualo, pequeña —se separó de mí—. Bueno, vamos a comprar, Logan. Te esperan unos días con esta cosita.
—Ten cuidado, que tal vez me convierto en su favorito.
—Ni lo sueñes —dijo Gerard.
—Chicos, no peleen. Ninguno lo es ni lo será.
—¿Cómo así, pequeña?
—Supéralo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.