Verónica era la mujer encargada de mi casting. Aquella instancia sería algo así como la segunda o tercera fase, una especie de eliminatoria.
Debía viajar a Estados Unidos, ya que había sido una adquisición de último momento.
La verdad es que tenía muchísimas ganas de protagonizar un papel en una película de este nivel. Era en lo que quería esforzarme más que en nada, porque, en cierta parte, por más que me guste, también era lo que mis padres querían. Y siento que todavía les debo algo.
Me encargué de que todo saliera lo mejor posible.
Sé que muchas veces me planteé dejarlo. Pero toda mi vida giró en torno a esto.
Y si lo cumplía, si por fin lo lograba... ¿podría ser libre?
¿Podría disfrutar de la vida en todos sus aspectos y no vivir solo para actuar?
Reitero: me gusta, es lo que quiero y siempre quise para mi futuro.
Pero también quiero vivir. Porque tuve la oportunidad y siento que la desaproveché.
Y además, después del incidente, creo que de cierta manera... ¿es una señal?
Sé inglés desde que soy pequeña. Además de abrirme más puertas, me serviría para futuros trabajos. Antes de lo de las costillas, iba a presentarme a un casting importante en ese mismo país, así que me esforcé mucho por mejorar el idioma.
Creí que había sido en vano, porque pasé meses en una cama de hospital, sin más compañía que Gerard, Logan, algún que otro amigo, la televisión... y un monitor que no servía de nada, porque no tenía ningún problema cardíaco. Pero bueno, mejor ni opino.
Como decía, todo ese esfuerzo con el inglés ahora podía servirme para este papel —si lo conseguía—.
♡♡♡♡
De camino al aeropuerto, Gerard —a quien quiero muchísimo, aunque sea un poco pesado— pasó varias horas repitiéndome lo mismo una y otra vez. Decía que debía saberlo para actuar bien y no comportarme como una niñita que no sabe aceptar un no como respuesta.
(Palabras de Ger, tan cariñoso como siempre).
—Cuando tengas hijos me vas a dejar de lado.
—¿Qué? ¿Elara, qué tiene que ver eso?
—Respondeme.
—Creo que contigo ya tuve demasiado.
—Hablo en serio, no quiero que me apartes.
—Descuida, cielo —se estiró por sobre el cinturón para abrazarme—. Te quiero, ¿sabés?
—Y yo a vos.
—Sos como mi hermana.
—Lo sé. Y vos para mí. Y si algún día tengo hijos, juro que los mantendré alejados de vos... no vaya a ser que salgan mini Elaras.
—¡Oye! —le pegué suavemente en el costado de la cintura, cubierta por su traje color crema—. ¿Por qué tan formal?
—Lo siento, no todos podemos venir vestidos en pijama. Eso nos diferencia. Yo sí tengo sentido de la moda.
—Ay, amor, si tan solo supieras lo que es la moda...
—Esa no te la perdono —dijo, revolviéndome el pelo y desarmando los rulos que tanto me costaron hacer—.
—Te odio.
—¿Cómo decís? Si recién me querías. ¿Ya no somos amigos?
—No, ya no —me corrí en el asiento acomodándome el pelo—. Dame el iPad durante el vuelo.
—Imposible. Voy a ver la última temporada de Bridgerton o el final de alguna película de Boltangk.
—Comprate uno.
—Ya tengo el tuyo.
—No se vale, tenés la iMac.
—Bueno, te doy el iPad. ¿Qué vas a hacer?
—Leer un libro.
—¿Cómo? ¿Vos?
—Sí, yo. ¿Y qué?
—Nada... solo que nunca lo hacías.
—Quiero adentrarme en la lectura.
—Me gusta. ¿Cuál vas a leer?
—Tengo una lista, pero no sé todavía.
—¿Cuáles?
—Sangre de dragón, Un amor caótico y bonito, Hijos del hielo, Nuestro primer verano o Nada ocurre por error.
—Uhh, Nada ocurre por error lo leí. Te va a encantar.
—Entonces ese.
—Bien, pero dormí. El vuelo es largo.
♡♡♡♡
Cuando llegamos al aeropuerto Charles de Gaulle, el taxista nos ayudó a bajar el equipaje. No era mucho, pero fue un lindo gesto. Gerard pagó el viaje y dejó una buena propina.
Agarré mi carry-on color crema y mi bolso de mano bordó encima. Entré directo a uno de los cafés del aeropuerto. Eran las 18:35 y necesitaba una bebida. O una chocolatada grande. Muy grande. Amo la chocolatada.
—Hola.
—Hola, ¿qué va a ordenar?
—Una chocolatada súper grande y una cookie red velvet.
—¿No me esperás, eh? —dijo Gerard.
—Ah, vos. ¿Qué querés?
—Un ice coffee con un roll de canela.
—Perfecto, ¿efectivo o tarjeta?
Gerard me miró.
—Todo tuyo —le di una palmada en el hombro y fui a sentarme.
Compré el libro que me recomendó y esperé. Disfruté tanto la chocolatada que pedí otra. Mala idea: tuve que ir al baño varias veces, y una fue justo cuando estaban abordando. Gerard me obligó a esperar hasta estar dentro del avión.
Como viajábamos en primera clase, tuvimos que esperar a todos. No me quejo, pero la vejiga no entiende de privilegios. Así que me levanté, ignoré lo que Gerard decía y caminé entre la gente hasta el baño del fondo.
Cuando salí, había aún más personas acomodando equipaje. Pedí permiso, me disculpé, recibí miradas poco amables... pero sobreviví.
Confundí dos veces mi asiento. ¿Qué probabilidad había de que otro rubio muy parecido a Gerard estuviera en la misma fila? Él estaba con lentes, mirando el celular.
—Debiste esperar —dijo sin mirarme, sonriendo de costado.
—No podía. Y no elijas más el tamaño súper —me miró—. Ni vuelvas a pedir otra.
—No ataques a mi chocolatada.
—Sabés que me crucé a un chico súper lindo —dije, ganando su atención—. Me dijo su asiento... quizás luego hablamos.
—No. No vas a hablar con nadie, Elara.
—Qué amargado.
♡♡♡♡
Leí, escuché música, dormí cinco horas, desperté, volví a dormir. Cuando faltaban dos horas, seguí leyendo. Me había encantado el libro. Ni recuerdo cuándo me dormí.
♡♡♡♡
Al aterrizar en Los Ángeles, pasamos primero por migraciones y aduana, donde revisaron nuestros pasaportes.
Después salimos del aeropuerto. Un hombre nos esperaba para llevarnos al hotel.