Lies In Oakridge

Capitulo 9

Seguía enojada.

Que me hicieran anotarme en un high school porque soy menor y es parte del contrato.

No podían esperar más ni podían enseñarme en el set. Me enojé, y mucho. Yo venía a actuar, no a estudiar. Se suponía que pondría mi cien por ciento en la actuación, no en la escuela.

Además, sería menos ágil de esta manera. Tener que ir de un lado a otro y esforzarme en partes iguales en cada cosa iba a complicarlo mucho. Porque no estaría en el set viendo qué me enseñaban. Tal vez hasta era mas complicado.

Qué contrato horrible. Ojalá lo saquen para los próximos actores. Tal vez me lo hicieron solo a mí.

Gerard alquiló un auto y lo condujo hasta Oakridge High School. Todo esto es muy cliché.

Además, como no podía decir que estaba en una película, la mentira sería que era una estudiante de intercambio y que Gerard era mi tío, o, en lo más extraño, mi host dad. Debía decidir qué mentira usaría y avisarle a el.

En vez de protagonizar una película, estaba viviendo una.

—Oye, no debes enojarte. Esto es una gran oportunidad, y estoy de acuerdo. Yo iba a buscar una alternativa para que pudieses hacer todo.—Jódanse tú, Hunter y Boltank —abrí la puerta y salí.—Ey —se adelantó y llegó a mi lado—. Nuevo comienzo, ¿okey? Sé feliz, Elara. Viniste a serlo, ¿no? Necesito que lo hagas. Y si tienes un problema, vienes y me dices.—No. Me mantendré lo más invisible que pueda, ¿okey? Vine a actuar, ¿sí? No a compartir aula con gente rica que tiene un futuro asegurado y ni siquiera le hace falta venir aquí.—Sí, pero esto también es importante. Y no hables así de ellos. Tú estás formando tu futuro. Si ellos no quieren hacerlo, que no lo hagan.

Nos fuimos adentrando en la escuela. No era muy diferente a las demás, pero era hermosa. Parecía de esas escuelas en las que vives dentro de habitaciones, con bibliotecas llenas de miles de libros, antiguas pero con una belleza especial.Era grande, muy grande. Me perdería. Eso era seguro.

Era de un color naranja rojizo y tenía muchas ventanas. También había un caminito de piedra para entrar. Parecía de esas películas en las que la niña pobre, cuya madre se casa con el más prestigioso de la ciudad, debe ir a una escuela del mismo rango.

Qué clasistas. Todo por apariencias.

A esta me mandó el director. Seguramente debía ser de las mejores de la ciudad, ya que éramos pequeñas estrellas del espectáculo. O simplemente conoce al dueño o a alguien de jerarquía aquí, para poder faltar o hacer lo que queramos.

Eso tiene cierto gusto dulce en mi paladar.

Lo que pienso es que es raro que no nos manden a una escuela de teatro o algo por el estilo.

¿Será que no existen?

Sin darme cuenta, llegamos a la entrada. Gerard abrió la puerta para mí. Yo pasé y luego entró él, cerrándola detrás. Prácticamente nos sumergimos en un silencio puro. No sabíamos a dónde ir, pero el rubio se adelantó, por lo cual lo seguí. No sabía a dónde iba, pero tampoco parecía que no lo supiera.

Caminamos, no lo sé, dos pasillos llenos de casilleros. Me preguntaba cuál sería el mío y cómo haría para no perderme.

Había muchas salas y cuadros. Al final del pasillo divisé una escalera; seguro que no era la única.

Cuando llegamos a una parte del pasillo donde había como una segunda sala, Gerard se asomó para revisar. Yo me quedé fuera, observando de brazos cruzados el interior de la escuela, y de pronto empecé a escuchar ruidos, los cuales llegue a la conclusion, de que eran pasos.

Pensé que tal vez ya habían terminado las horas, pero eran pocos. Era solo una persona.

O tal vez algún compañero de actuación que buscaba lo mismo que nosotros o ya lo encontró. Pensé que podría ayudarnos, pero la verdad me importó poco. Si quería ayuda, que preguntara Gerard; yo no lo haría.

Entonces bajé la mirada del techo y me encontré con unos ojos marrones que pertenecían a un chico de pelo marrón, como el chocolate. Parecía de mi misma edad, o un año más. Bajó los ojos a mi cuerpo y no me inmuté. Si quería mirarme, que lo hiciera. Yo hice lo mismo y lo miré.

Ahí fue cuando caí en cuenta de que llevaba uniforme.

O sea que yo también debería usar eso. El de chicas. No podía ser, era muy incómodo.

Tenía un pantalón de vestir negro ajustado con cinturón, zapatos negros clásicos como de abuelo. Parecidos a los que Gerard usa. Una camisa blanca, una corbata negra con dos rayas bordó y un saco bordó con el escudo del colegio bordado en dorado.

Lo que noté después fue que la calefacción estaba alta, porque no se explicaría cómo aguantaba el frío.

Antes de volver a mirarlo a los ojos, me fijé en su mano. Tenía un soporte negro, de esos que se usan después de una fractura. En la otra sostenía un fajo de papeles.Cuando lo miré otra vez, ya había terminado su repaso y estaba más cerca de mí. Coincidimos.

Me sonrió de costado con un guiño engreído.

Qué engreído. Qué creído.

Dios, esos eran los típicos chicos que vería todos los días a partir de ahora.

Al recordar su mano, me puse a pensar: ¿será que aquí ocurre todo ese cliché de ricos que juegan al rugby o solo es ficción?

Espero que no sean ficcion

Ojalá que no fuera real, porque entonces ya tenía la respuesta para ese imbécil.

—Ela —Gerard me llamó, sacándome de mis pensamientos.—Ah, sí. Voy.—¿En qué piensas?—Tonterías.

La última hora, el director Rossi nos explicó todo sobre la escuela, incluso parte de la historia que no le importaba a nadie, pero asentíamos como si sí. Aunque asentía, pensaba en ese chico del pasillo y en lo mala que fue mi primera interacción. No quería tener más. Esa era una de las razones por las cuales no quería venir a un high school.

Nunca fui de las que les importa estar sola en una escuela, pero no sé... en las películas siempre pinta todo mal aquí, en este tipo de lugares.

Solo debía enfocarme en la película. Pero qué mal empezó todo. Ya llegué y odio a un chico. Lo que se resume en que odio a todos los chicos así. Es un efecto en cadena.




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