Life Eternal

CAPITULO 7: Square Hammer

>>Desde los ojos de Fiore<<

     Naheca se dispone a arreglar todo lo que está fuera de lugar, todo lo que usó para ayudarme a sanar, por un momento me quedo en el borde de la cama y volteo a ver la zona donde estaba mi herida, la piel está como si nada hubiera pasado, ¿qué clase de curación fue la que hizo este ángel? simplemente estoy sorprendida por los conocimientos que tienen estas personas. Escucho los pasos de alguien, volteo y es Hariel quien se queda con brazos cruzados viendome fijamente. 

-Gracias por traerme...- Le digo demostrando mi sinceridad, no quiero malos entendidos y menos con él, parece que vamos a trabajar un largo tiempo juntos.

-No tienes que agradecer... - Sonríe tranquilo, parece relajado. Me levanto de la cama y me acerco hacia él. Soy consciente de que las cosas no han terminado.

-Tenemos que hablar con Asmodeus... necesito esos recuerdos...- Entiendo que el tiempo camina de forma diferente aquí y en la tierra, y aún más en el infierno, no podemos tardar, si no ese demonio terminará perdiendo toda la memoria.

-No es que no quiera... pero... no es tán fácil que entremos al infierno, es un lugar hostil... - Suspira y pone sus manos en la cintura, parece que intenta buscar la forma de lograr nuestro objetivo. 

-Tal vez mi padre pueda ayudarnos...- Me ánimo a decirle, después de todo sé que puedo contar con él, pero parece que la idea le molesta un poco a Hariel, pone los ojos en blanco y camina hacia la salida del lugar. Lo veo fijamente contrariada con su actitud, entiendo que mi padre no es el ejemplo de rectitud, pero... ¿cuál es su problema?. Me quedo absorta intentado comprenderlo hasta que Zanza camina hasta ponerse a mi lado. 

-Tenle paciencia... no le cae muy bien Lucifer...- Se cruza de brazos y ve hacia el mismo lugar que yo, la puerta que atravesó Hariel. 

-¿Por qué?..- Es lo único que me ánimo a preguntar, tal vez ella pueda aclararmelo, pero empieza a reír y voltea a verme como si fuera muy inocente como para saberlo.

-Querida... en primera son polos opuestos...  pero creo que los motivos personales se los deberías preguntar a él en especial...- Me guiña un ojo y camina hacia Naheca, me dejó igual que como estaba.

-Gracias... por todo... en serio...- Les digo con una sonrisa y ellos asienten y me sonríen mientras yo salgo corriendo por la puerta, veo hacia todos lados buscando a ese grandulón, pero no lo alcanzo a ver. Camino por los pasillos estrechos, el piso es tierra mojada y me conduzco con cuidado para no resbalar. Los ángeles que aún quedan me ven con curiosidad, me siento algo incómoda, pero trato de no prestarles atención, me concentro en encontrar a ese ángel de casi dos metros, arrogante y guapo. 

     Veo a lo lejos su silueta, se interna entre los árboles sin voltear atrás, que descuidado al dejarme aquí sola, como si ya supiera como moverme en este lugar. Camino con paso rápido tratando de alcanzarlo, pero sin demostrar que estoy bastante molesta. Sigo su rastro dejando atrás la ciudad, la noche se apodera de todo, apenas y puedo ver más allá de mi nariz y eso solo me hace molestar más, por un momento me quedo de pie, valorando si lo mejor sería regresar a la ciudad donde por lo menos hay luz y no estar persiguiendo a un ángel neurótico y molesto, parece una elección fácil. Doy media vuelta y veo las luces que alumbran el lugar, una pequeña guía de qué camino tomar. Suspiro y me dispongo a regresar cuando una mano me toma de la muñeca y me jala hacia atrás, no es un movimiento abrupto ni violento, pero no puedo evitar lanzar un golpe con mi otra mano, es la forma en la que he aprendido a responder a todo estímulo ajeno y sorpresivo. Mi puño choca contra una palma la cual se cierra con cuidado rodeando mi mano, el individuo en cuestión que me está molestando, claro, tenía que ser, es Hariel. Se acerca aún más y logro ver sus ojos azules y su sonrisa, parece que está muy divertido con mis ganas de romperle la cara.

-Tranquila soldado...- Escucho su voz, intenta contener sus risas. Retiro mis manos de las suyas y me cruzo de brazos mientras lo veo fijamente. 

-¿Quién te dio permiso de irte así?- Le digo a modo de reclamo, siento que, si a veces nuestro temperamentos chocan, es por que en cierta forma somos algo parecidos. 

-No sabía que tenía que pedir permiso...- Aparenta estar ofendido, pero esa sonrisa que se hace cada vez más grande no le ayuda mucho. 

-Pues si... te recuerdo que no estás trabajando solo...- Le digo molesta mientras espero su mejor respuesta. 

-Perdone mi... hmmm... ¿qué rango tienes?- Me pregunta con la burla anticipada, claramente al ser sargento y él líder serafico es como poner al presidente contra el más alto rango dentro de la milicia. Suspiro apesandumbrada mientras vuelvo a caminar hacia la ciudad.

-Sargento...- Digo con molestia, creo que sé que se agarrará de eso para molestarme. En cuanto le doy la espalda siento su mano en mi brazo, de nuevo deteniendome, me invita a girar hacia él. Me ve con una sonrisa y una mirada gentil que desconocía en él. 

-Me disculpo Sargento... pero... quería privacidad...- Vaya, la burla se la guardó bastante bien, o tal vez es una nueva forma de molestarme y no la estoy entendiendo bien. 

-Bien... si quieres privacidad está perfecto...-Lo veo fijamente esperando en cualquier momento algún atizbo de sarcásmo o ironía, pero parece que no es el caso. - Regresaré a la ciudad hasta que este listo... Líder serafico...- Pronuncio su rango como dando a enteder que yo si estoy consciente de la diferencia en la jerarquía.




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