Life Eternal

CAPITULO 36: Heart Shaped Box

>>Desde los ojos de Fiore<<

   Voy a toda velocidad por las calles, acelerando lo más que puedo, no tengo tiempo que perder, esquivo carros, ignoro los semáforos y entro por callejones angostos con tal de reducir el tiempo, mientras en los tejados se mueven siluetas, en cuanto me ven desparecen vertiginosamente, van hacia mi misma dirección, parece que darán el mensaje de que voy en camino. El sol está cerca de salir, pero la noche aún domina el cielo y solo Dios sabe si lo veré cuando todo esto termine. Siento esos retortijones en el estómago proporcionados por el nerviosismo que se empieza a poderar de mí, voy sola ante un ejército para derribar a la tirana que planea apoderarse de todo y sinceramente me se en desventaja, inicien sus apuestas que esto será divertido.

     Freno frente a la construcción a punto de caer, dejo mi motocicleta sin cuidado en la acera, me retiro el casco y veo hacia todos lados, las sombras parecen esperarme, me ven desde lo más alto y cuando me ven acercarme se meten por los recovecos como alimañas entrando por los orificios de las paredes. Dejo tirado el casco junto a mi moto y mi mano viaja de inmediato hacia la pistola que tengo contra mi muslo, se siente pesada y fría, con cada paso golpea contra mi piel gritando que aquí está, tan lista como yo para el enfrentamiento. Me paro frente a la puerta y la empujo, pero claro, lo que veo dentro es solo desastre, paredes derruidas, llenas de rayones de colores, basura en los rincones y ratas corriendo para esconderse, se me había olvidado que ya no soy una integrante del Covenant, no puedo entrar sin que alguien me lo permita. Cierro de nuevo la entrada y retrocedo un par de pasos, pensando en como es que lo voy a lograr. ¿Cómo entro? ¿Cómo evado la magia que protege este lugar?.

-¿Te has perdido?- Volteo hacia mi derecha y veo a Leo que camina con paso vacilante hacia mí, parece indeciso y muy reflexivo.

-Necesito entrar...- El favor está implicito, mi hermano se acerca y pone su mano en la puerta con indesición.

-Sabes que no podré ayudarte allá adentro... ¿por qué has venido sola?- Aprieta la mandíbula, parece desesperado e inseguro de abrir la puerta, entre más lo piense menos me hará el favor.

-No tenía tiempo para formar un ejército... ahora abre la puerta y vete...- Pongo mi mano sobre la suya, motivandolo a que termine lo que empezó.

-Si él abre la puerta se volverá tu complice... eso no será nada grato ante los ojos de los demás...- Esa voz se me hace desconocida, ambos volteamos hacia atrás y vemos a Baruch recargado en mi motocicleta dandole vueltas al casco una y otra vez, jugando con él. -Si hay alguien por encima de Diana que venga a poner orden... no solo tu serás sancionada, Leo también... además, está a merced de las órdenes de la profeta- Se separa de mi moto y deja el casco bien acomodado en el asiento. Tanto Leo como yo estamos con desconfianza, ¿a qué ha venido?, no parece que tenga intenciones de detenernos.

     Camina hacia nosotros y quita la mano de Leo de la puerta, me voltea a ver con confianza y me guiña un ojo, es tan alto que me siento cubierta por su sombra, su cuerpo impide que la luz de la luna llegue a mí. Retrocedo un par de pasos sin quitar mi mano del arma, esperando que haga el primer movimiento, pero lo único que se digna a hacer es empujar la puerta, la abre y retrocede dandome espacio. Cuando me asomo noto que ya no están los escombros y la basura, ahora es el interior del Covenant, frío y oscuro, una presencia hostil opaca todo el brillo y la gloria del lugar. Regreso la mirada hacia él y noto como de un solo movimiento golpea a Leo haciendo que se desvanesca, lo carga sobre su hombro y voltea de nuevo a verme.

-Lo tenía que hacer... si no te seguiría, poniendo en riesgo su vida... - Me quedo sin palabras, Baruch solo sonríe y deja a Leo en la acera a unos pasos. -Es una misión suicida... no creo que quieras arriesgar a tu hermano o ¿si?- Voltea hacia mí mientras yo intento entender lo que está pasando. 

-¿Por qué me ayudas?- Desabrocho la funda de mi pistola, lista para disparar si es necesario.

-Por que si sobrevives necesito que saques a Altair de su encierro... soy su compañero, me infiltré con el fin de facilitar las cosas... ahora es tu turno terminar con esto... el futuro de todos depende de tu éxito allá adentro... así que no la cagues...- Me guiña de nuevo un ojo, da media vuelta y empieza a caminar por la calle, confiando de que no le acertaré un tiro en la espalda, dejo la pistola en su funda, veo a Leo en el piso y de nueva cuenta volteo hacia la puerta, la oscuridad parece querer salir y atraparme.

     Respiro profundamente, desenfundo mi arma y empujo la puerta con el pie, entro lentamente, no hay ninguna luz que pueda hacerme ver la situación de adentro, doy un par de pasos que hacen eco por el enorme recinto, intento agudizar la vista, pero soy incapaz de ver algo más, la puerta se cierra tras de mí de forma abrupta y después de eso el silencio se hace profundo, solo escucho mi respiración, pero también las respiraciones de otros tantos más. Antes de que de el siguiente paso las luces se encienden y con ellas mi temor más grande se hace presente.

-Hermanita... has llegado por fin...- Escucho la voz de Aradia hasta el fondo de la habitación, estoy rodeada de ángeles y demonios como los que atacaron el cielo aquella vez, en un limbo entre la vida y la muerte, tienen una armadura que cubre su cuerpo y su rostro, pero el olor a carne podrída es inconfundible. -Sabía que no me ibas a defraudar cariño... ¿cómo está nuestro padre? ¿sumiendose en la agonía del desamor?- Me mantengo con los brazos relajados a mis lados, ninguno de sus hombres parece dispuesto a abalanzarse sobre mí, por lo menos no aún. 




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