Light.

Capítulo 5: Ángeles y demonios.

Sintiendo los párpados tremendamente pesados hago mi mejor esfuerzo por abrir los ojos, a medida que la confusión y un punzante dolor de cabeza me sobrevienen. Examinando el entorno hago pequeñas afirmaciones a la espera de recuperar del todo la lucidez. En primer lugar reconozco la habitación y la cama en la que estoy recostada. La cálida luz que se cuela por la ventana me da a entender que está atardeciendo, aunque es imposible averiguar cuántas horas llevo dormida.
Entonces descubro asombrada al inesperado intruso que ha acercado la mecedora para situarse junto a mí, y que probablemente agotado de sus largas horas de vigilancia ha caído rendido por el sueño. Con sus enmarañados cabellos rubios y la misma ropa que vestía durante la fiesta, presenta un ceño fruncido que muestra como la preocupación no lo deja libre ni cuando descansa. Está tan cerca que estirándome un poco podría llegar a tocar su mano, que reposa entumecida sobre el brazo de la silla.
Pero imponiéndome a dichos deseos me siento en la cama, mientras todo lo sucedido se arremolina a mi alrededor. La visualizo a ella, hermosa a la par que despiadada, arrebatándome la vida. A este joven salvándome y cuidando de mis heridas, esperando el instante en el que finalmente despertase. Quiero confesarle lo que siento, lo agradecida que estoy con él, pero la mente se impone y antes necesito respuestas.
Mi vida ha sido puesta en riesgo, aún rememoro el dolor agudo que experimenté cuando los dientes del animal penetraron el gemelo, los gritos irrumpiendo a través de la neblinosa noche. Me llevo la mano al labio inferior esperando encontrar una virulenta herida, sin embargo bajo las yemas de mis dedos solo hallo carnosa y suave piel. Apartando las mantas descubro que un elaborado vendaje envuelve la pierna, lo cual me lleva a discutir conmigo misma la lógica de lo que estoy a punto de hacer.
La nívea gasa presenta una mancha rojiza que atestigua la gran cantidad de sangre que he perdido, y la falta de dolor o siquiera una leve incomodidad puede justificarse con el suministro de un fuerte calmante. Pero mi psique continúa incitándome, y a pesar de tener que soportar la visión de una extremidad desgarrada, es mayor la necesidad de asegurar que no estoy volviéndome loca.
Así que me pongo manos a la obra para deshacer la cura, cada vez más cerca de donde deberían estar las marcas de los colmillos del can, incapaz de encontrar una explicación cuando encuentro una pierna sana y sin mácula. Rauda acudo al espejo examinando mi rostro, el cuello, las muñecas, cada área que debería encontrarse lesionada de algún modo tras lo sucedido y que misteriosamente no presentan siquiera un pequeño moratón.
Quizás haya sido el sonido de mi jadeante respiración o que el entorno se encuentra cargado con el miedo que me consume, pero al escuchar el chirrido de la mecedora, sé que ya no soy la única persona consciente en la habitación. Tratando de esconder mi vulnerabilidad lo contemplo aún somnoliento hasta que se percata de mi presencia fuera de la cama, de la ausencia del vendaje y sobre todo de mi expresión, que para él siempre resulta un libro abierto. Su rostro se inunda del alivio que siente, mientras yo me aprovisionó con desconfianza.
—¿Cuánto tiempo llevo dormida? —pregunto con una voz sin rastro de las consecuencias de haber sido brutalmente estrangulada, sintiendo un fuerte escalofrío ante lo que aquello puede significar. Sé que mi pregunta no es la más relevante, pero es un modo de ganar tiempo antes de embarcarnos en una conversación que no sé si podré soportar.
—Toda la noche y al parecer parte de la mañana —responde acomodándose mejor en su asiento, como si se preparase para todas las dudas que están a punto de venírsele encima. Aunque tengo la sensación de que previó que esto sucedería y aun así, escogió mantenerse a mi lado.
—¿Qué respuesta puedes darme? —digo señalando la pierna completamente sana, al igual que me paso la mano por el cuello y muestro los brazos, desesperada por hacerle entender que lo que sucede no es normal.
—Jessica… —súplica en un susurro, con una expresión cargada de culpa y frustración. Sus manos se aferran a los brazos de la mecedora con fuerza, como si las palabras que desea compartir conmigo bullesen en su interior y a pesar del dolor que le causa continúa luchando para contenerlas.
—¿Estoy perdiendo la cabeza? —me atrevo a preguntar, temiendo su respuesta ante la duda que he estado repitiendo desde el día del asesinato de mama—. Necesito que me digas si lo que ocurrió anoche fue real, por favor —suplico al borde de las lágrimas producto de la incertidumbre que genera su silencio.
—Todo lo que sucedió anoche pasó realmente. Tú no estás loca —sentencia, pronunciando sus últimas palabras con absoluta decisión, intentando que penetren en mi ser con la misma intensidad.
A medida que un enorme alivio me sobreviene Ethan se acerca prudente, dejando en claro que también vio a ese ser pelirrojo y que a pesar de no tener marcas, ella intentó asesinarme.
—Merezco saber la verdad —pido deseando mostrarme más exigente, pero soy incapaz cuando lo único que interpretó en su comportamiento es que no encontraré un enemigo en él, sino un apoyo—. Escuché a Mark hablando con tu madre en la oficina antes de irme, sé que habéis estado escondiéndome algo y que por ello esa mujer quiere acabar conmigo —me sincero necesitando compartir con alguien mis sospechas y espero no tener que arrepentirme de nuevo.
—Tendrás tus respuestas, pero yo no soy quien para dártelas —aclara buscando infundirme algo de tranquilidad—. Debes prometer que no volverás a huir de esa manera —menciona sin pudor alguno, obligándome a darle la espalda ante su petición.
—No te debo nada —le advierto llevada por la rabia, bajo la que los veo a todos como enemigos. 
—Te salvé la vida —decreta mostrando cierta incomodidad—. Me duele hacer uso de ello, pero juré que te protegería siempre, sin importar el costo —añade provocándome un nudo en la garganta ante su franqueza.
—Lo prometo —claudico aterrorizada, pues cuan horrible debe ser ese secreto, como para tener que asegurarse de que no podré volver a escapar.
Por un instante nos examinamos el uno al otro, siendo curioso que externamente no lucimos diferentes a cuando nos conocimos, pero parece que ha pasado una eternidad. Las cosas están cambiando y lo único que pido es no perderme dentro de esta espiral.
Como reaccionando a nuestro repentino silencio, unos suaves golpes en la puerta nos fuerzan a regresar al presente, donde Mark aparece con aspecto fatigado y actitud nerviosa. Como si cargara el peso del mundo sobre sus hombros y estuviera preparado para cualquier reacción por mi parte.
—Me alegra mucho ver que por fin has despertado —asegura en un pobre intento de aparentar algo de sosiego, midiendo cuidadosamente sus palabras—. Sé que tienes muchas dudas y estoy dispuesto a ofrecerte todas las explicaciones que necesites.
Consciente de que mi primera impresión ha sido errada, contempló que por suerte Mark es demasiado honesto para actuar como si nada hubiera sucedido. Aunque el instinto me advierte de que no por ello, he de ser menos escéptica con lo que diga.
—Si gustas acompañarme, creo que hablaremos mejor en el despacho —dice dedicando una breve mirada cargada de incertidumbre a Ethan, antes de abandonar la habitación, ofreciendo algo de tiempo para prepararme.
Cubriendo con una bata larga el pantalón de pijama y la camiseta de tirantes que visto, acudo a la planta baja dispuesta a no perder ni un segundo. Durante el camino Ethan me sigue hasta que alcanzó el despacho y por un instante no estoy segura de poder enfrentarme a esto. Mark se encuentra cabizbajo en un lado de la sala, sin ser consciente aún de mi presencia, mesa sus cabellos con expresión funesta. Carmen sentada en uno de los sillones enfrente del escritorio, es observada con detenimiento por Alex que se apoya erguido en una de las estanterías.
El aire solemne y cargado de preocupación me inquieta hasta el punto de plantearme incumplir la promesa a Ethan y correr. Sin embargo escojo avanzar, alertando a todos de mi llegada y frustrando cualquier intento de huida.
—Jessica por favor, ven y siéntate a mi lado —ofrece Carmen con dulzura, mientras me deleita con una sonrisa que espera calmar la incertidumbre que reflejo.
—Agradezco que cuides de ella, pero ahora tu deber es mantenerte al margen —susurra la voz de Mark. Se trata de un resignado Ethan seguido por Ricky quien toma la mano de su hermana, como si pudiera llevarse parte de su nerviosismo. Pero antes de que la puerta se cierre en sus narices, Ethan me dirige una última mirada cargada de significado mascullando un claro mensaje «Recuerda tu promesa». 
Con detenimiento exhaló un suspiro antes de tomar asiento junto a Carmen, cuya necesidad de protegerme es tan evidente que ayuda a no sentirme tan sola. Mark nos acompaña en su silla frotándose las manos con expresión contrariada hasta que encuentra el valor para enfrentarse a la situación, y adopta una actitud decidida dando comienzo a la reunión.
—Creo que si queremos que comprendas lo que está sucediendo, he de comenzar por el principio —dice dirigiendo una última mirada cómplice a Carmen.
—Soy toda oídos —afirmó deseando sentirme la mitad de segura de lo que refleja mi tono.
—¿Qué crees que era esa mujer que te atacó anoche? —pregunta con un semblante serio, como si la simple mención de la pelirroja despertara en él tenebrosos deseos. Me retrotraigo al instante en el que ella supuestamente confesó su origen y aunque supe desde el principio que no era humana, en pro de mi estabilidad, no puedo dar crédito a dicha confesión.
—No lo sé —miento, escondiendo esa palabra en lo más profundo de mi ser.
—¿Quién piensas que asesinó a Julianne? ¿O qué era la sombra que viste en tu ventana aquella noche? —cuestiona quitándome el aliento y mientras trato de comprender cómo conoce mis sospechas, el ambiente se torna casi insostenible. Noqueada solo presencio lo que sucede, sin atreverme a intervenir a pesar de que se está discutiendo sobre mi vida.
—Ojalá no tuviera que hacerte partícipe de todo esto —susurra con un profundo pesar, perdido en sus pensamientos. Acercándose a la ventana como si necesitara unos segundos de aire fresco antes de continuar por este asfixiante sendero.
Entonces reina el silencio en la habitación e incapaz de soportarlo contemplo a Carmen en busca de respuestas, pero esta me pide un poco de paciencia observando a Mark con preocupación. Como si esto fuera lo único a lo que a pesar de su fortaleza, no puede enfrentarse por sí solo.
—El mundo se ha regido por dos poderosas fuerzas que han viajado juntas desde el principio de los tiempos, la luz y la oscuridad —narra Carmen, incitándome a poner atención en su discurso a pesar de parecer una absurda fantasía—. La oscuridad es la fuerza destructora, quien celosa de las creaciones de la luz se las ingenio para dar lugar a seres que denominamos demonios —finaliza mentando con naturalidad esa palabra que hierve en mi pensamiento, desde el instante en que fue pronunciado por la mujer. Probando que después de la confianza que he depositado en Carmen, solo busca engañarme.
—Todos los seres que se han cruzado en tu camino estos días Jessica, son demonios —insiste entonces Mark, atreviendo a pronunciarse. Incapaz de percibir que lo único que logra con su valerosa intervención es acrecentar la desesperación por escuchar algo en lo que realmente pueda creer.
Las fuerzas de las que me hablan, esos seres, son propios de los cuentos de terror. No sé como explicar lo que ha sucedido desde que llegué a esta casa, pero no por ello he de aceptar cualquier tipo de respuesta con el afán de acallar mi desconcierto. Mientras cuestiono que si es cierto que la pelirroja es un demonio, ¿Qué quiere de mí?
—Esto es una locura —pienso sin recaer en que he pronunciado las palabras en voz alta, pues en medio de este embrollo resulta cada vez más difícil distinguir la realidad de la ficción. En especial cuando hablan sobre cosas que me han impuesto como imposibles toda la vida, no obstante ahora adoptan un tinte realista aterrador.
—Sé que la lógica te grita que no debes creernos. Pero al menos te pido que nos escuches y juzgues por ti misma —dice Mark volviendo a acercarse a nosotras, quizás dispuesto a enfrentar su responsabilidad para conmigo—. La mujer que te atacó anoche es Angelique, un demonio con la habilidad de transmutarse en lo que desee. Ella es una de las siervas más fieles de la oscuridad y de Dominik —relata pronunciando cada frase con mesura, esperando que sirva para ayudarme a asimilar toda la información.
—¿Quién es Dominik? —pregunto de inmediato sospechando que se trata de alguien relevante, ya que nada más mencionarlo un deje de rechazo impregna su tono. Al mismo tiempo las expresiones de Carmen y Alex se retuercen presas de un inmenso odio.
—Es tu padre —sentencia con brusquedad. Siendo consciente demasiado tarde de la manera tan insensible en la que acaba de compartir semejante revelación, la cual se asienta en el ambiente como si hubiera caído una bomba. De inmediato el arrepentimiento se apodera de él, mostrando que sería capaz de darlo todo con tal de regresar unos instantes atrás para enmendar su error.
—Eso es imposible, mi padre falleció en un accidente de coche… —aseguro con un tono débil que detesto, pero estoy demasiado asustada como para mostrarme firme en este tema—. Mi madre me lo dijo —atestiguo en shock, empleando con seguridad la única alianza que jamás me traicionará.
—Ninguno de nosotros crecimos en este mundo Jessica, no somos humanos —relata aludiendo a la que fue su hermana y señalando a Carmen y Alex, embarcándonos en un peligroso viaje al pasado—. Tu madre era muy joven cuando conoció a Dominik y él por aquel entonces, no daba indicios de convertirse en el horrible monstruo que es hoy —narra con un profundo deje apenado, como si deseara regresar a dicha época para enmendar tantos errores. Ensimismada soy incapaz de interrumpirle, pero al mismo tiempo me siento como una niña inocente que escucha un cuento de hadas. Disfrutándolo sin comprender el trasfondo de la historia, pues en realidad es solo fantasía y carece de importancia.
—Dominik fue una divinidad, uno de los primeros siete ángeles creados por la luz para que protegieran la raza. Se conocieron cuando él era un serafín y eso les dificultó entablar una relación, aunque cuando se atrevieron parecían hechos el uno para el otro —continúa Carmen atisbando como a medida que habla la ira aumenta en Mark y Alex, quienes permanecen sumidos en sus propios recuerdos a punto de estallar en cualquier instante—. Al principio era un hombre maravilloso y un excelente guerrero. Pero poco a poco la envidia hizo mella en su alma y comenzó a jugar con fuerzas oscuras con la esperanza de alcanzar el estatus que creía merecer, confiando en que podría manejarlas a su antojo —dice con una expresión que atestigua cuan ingenua fue esa idea y cuánto sufrimiento desató dicha cruzada.
—Se obsesionó con ciertos ideales, actuaba de manera extraña y desaparecía durante meses. Cuando tu madre quedó embarazada, ella esperó su regreso confiando en que aquello podría ayudarlo a cambiar. Pero por suerte antes de confesarle su estado, la verdad salió a relucir —dice Mark a medida que sus palabras toman un curso cada vez más tenebroso e irreal, quizás porque comienzan a incluirme—. Dominik se posicionó como líder de los demonios, el descendiente de la oscuridad. Traicionó a Julianne, a nuestra raza y a la luz —finaliza con absoluta repugnancia.
—¿Exactamente qué tiene que ver todo eso conmigo? —pregunto incapaz de continuar pasiva cuando soy apabullada por su narrativa, deseosa de comprenderla y al mismo tiempo aterrorizada de que sea real.
—Ella pensó quedarse y enfrentarlo, se sentía culpable por no haberlo detenido. Pero sintió algo en ti, supo desde el primer instante que el bebé que portaba en su vientre era especial, así que huyó —responde con una sinceridad escalofriante sin despegar la mirada de mí ni un segundo, incitándome a poner a prueba cualquier duda. Algunos hechos parecen alinearse silenciosamente, gritando que olvide todo lo que creo saber a cambio de abrir los ojos y el corazón. Las mudanzas constantes, su reticencia a hablar del pasado, no poseer una sola foto de mi padre, crecer sin familiares…
—Prendimos fuego a la casa en la que convivíamos por aquel entonces aquí en la Tierra, y empleamos el cuerpo de una pobre mujer para fingir que Julianne había fallecido —interviene Alex por primera vez, mostrando que no se sienten orgullosos del engaño, pero que fue necesario para protegernos—. Cambió su apellido, camuflo su aroma con hierbas, se ocultó en verdaderos cuchitriles alrededor del mundo con tal de cubrir cualquier rastro que pudiera conducir a Dominik hasta vosotras.
—Ella debía marchar a pesar de lo doloroso que resultó para todos, porque su inocente bebé nonata, era un ángel de luz —confiesa Carmen contemplándome con una ternura inusitada.
—Es imposible —sentenció levantándome de la silla como si quemara y comienzo a caminar por el despacho dando la apariencia de un animal enjaulado.
—El día anterior a su muerte Julianne se reunió con Mark después de todos estos años, porque sabía que la oscuridad ha adquirido mayor fuerza, temía por tu seguridad y creyó que era el momento de contarte la verdad. Logró esconderos durante mucho tiempo, pero la esencia de un ángel en plena madurez es un aroma demasiado atrayente para los demonios —continúa escogiendo sus palabras a fin de no sobrecargar más mis sentidos.
—Pero alguno de los espías de la oscuridad debió seguirme a pesar de mis precauciones, advirtió a Dominik y así logró dar con vuestra casa. Habíamos quedado esa noche para hablar sobre cómo manejaríamos la situación contigo, pero al ver que no aparecía, espere lo peor…—admite Mark dejándo ver como la culpa lo carcome, e imagino que a pesar de lo que digamos, continuará persiguiéndole mientras viva—. No estamos seguros de si lo hizo por venganza, pero creemos que fue una estrategia. Sabía que sin tu madre yo me haría cargo de ti y él podría tenerte cerca. Posees un don inimaginable, tu luz te convierte en el ángel más poderoso que jamás ha existido y por ello Dominik, desea asesinarte.
Ellos creen que soy un ángel. Repito la palabra hasta que me genera una dolorosa punzada y entonces detengo mi caminar nervioso para contemplar el suelo del despacho como si contuviera las respuestas del universo. Aunque en realidad eso es lo que quería, una contesta a mi incertidumbre y sin embargo ahora que la tengo, soy incapaz de digerir tantos secretos. Deseo gritarles que detengan esto, clamar a la vida por ponerme en semejante tesitura, en cambio contengo la respiración y las lágrimas, para enfrentar esta nueva prueba del destino.
—Necesito tiempo —pido con una calma que me gustaría poseer en realidad y sin mediar más palabras o esperar alguna respuesta, abandonó el frío entorno necesitando regresar a la intimidad de mi cuarto.
De camino a las escaleras soy incapaz de seguir conteniendo las lagrimas y antes de olvidar el mundo para sumirme en la autocompasión encuentro a Erika, Ricky y Ethan quienes me observan preocupados y ansiosos. Como si fuera un ser indefenso que ha sido arrastrado a una existencia injusta de la que no podrá escapar por mucho que lo intente.
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