Llegamos a casa antes de que la noche cubra por completo el pueblo; mi hermano se va directo a su habitación mientras yo subo al segundo piso, voy directo al balcón.
—¿Pensé que realmente te irías? Estaba a punto de ir por ti personalmente—me dice de espaldas mirando hacia el bosque.
—Siempre regresare a ti, como lo prometí— me acerco lentamente a él.
Me cubro con el reboso negro, protegiéndome del frio. El aroma que deprende el bosque es adictiva, a pinos y tierra húmeda.
Él está de espaldas, veo su cabello miel se moverse con el viento.
—¿Por fin vendrás a mi lado?—pregunta.
No respondo inmediatamente, no estoy lista para irme a su lado.
—Tú sabes la respuesta— respondo lentamente.
—No puedo esperar más tiempo—dice impaciente—las muertes aumentan cada semana y seguirán aumentando.
—¿Tu sabes quién las está provocando?—le pregunto mientras me acerco a él.
No responde inmediatamente, se voltea a mirarme sus ojos brillan de diversión como si hubiera chico algo divertido.
—Está muy cerca de ti, cuidado Lila—me pone sus nudillos pálidos acariciándome la mejilla.
—¿Me amas?—Le pregunto de la nada.
—Tu sabes la respuesta—me responde burlándose de mí.
Claro que no me ama, el solo esta obsesionado conmigo. Él jamás me ha dicho que me ama y nunca lo hará.
—Es hora que te vayas—le digo—mi hermano no puede encontrarte aquí.
—Ya te dijo ¿Por qué regreso por ti?
—No me ha dicho, pero eso no te importa a ti—me irrita que tenga el derecho de hablar de mi hermano como si lo conociera.
—Todo lo que te rodea me importa—me agarra del cuello apretándolo suavemente.
—Suéltame—ordeno molesta, lo miro a esos ojos color miel.
—Esta vez te hare caso, pero no habrá próxima vez —me sujeta un poco más fuerte acercando sus labios a los míos, rozándolos despacio. —Adiós Lila.
Lo veo separarse bruscamente de mí, se acomoda su cabello color miel y me guiña un ojo antes de bajar por las escaleras traseras que dan al bosque.
Me quedo viendo como desaparece entre el bosque. El tiempo empeoro dejando caer una pequeña llovizna.
Mis sentimientos por él son extraños, no sé qué realmente siento, me gusta pero no puedo confiar completamente en él; de alguna forma me amenazado con no dejarme ir de aquí y quiere que vaya con él.
No lo haré. No puedo, no puedo dejar a mi hermano.
Me voy directamente a mi habitación, me siento frente al espejo y comienzo a deshacer la trenza, mi cabello ondulado me cae más debajo de la cintura; tomo las tijeras frente a mí y quiero hacerlo, pero me da miedo, sé que mi madre ya no está aquí para castigarme.
Quiero un cambio para mí y este puede ser pequeño pero lo hare, me corto el cabello dejándolo un poco más arriba de la cintura.
Me doy un largo baño, tratando de descasar y no pensar en nada de lo que hoy paso.
El crujido de la puerta de mi habitación me hace sobresaltarme en la bañera, me quedo quieta escuchando; los pasos crujen en la madera.
Mi corazón late de prisa, me quedo paralizada en la bañara sintiendo como si el agua estuviera completamente helada, erizándome la piel.
—¿Gabriel?—Pregunto desde la bañera.
No hay respuesta, solo un silencio aterrador.
Pasan algunos minutos y no se escucha nada más.
Me armo de valor, saliendo de la bañera y colocándome la bata. Con el corazón retumbado en mi pecho, abro la puerta del baño cuidadosamente, me asomo pero no hay nadie, mi habitación está vacía.
Salgo inspeccionado todo, solo veo la puerta de mi habitación entreabierta.
Dejando ver una sombra que se desaparece hacia el balcón, me dirijo rápido para alcanzar a ver quién se metió en mi habitación, cuando llego no nadie, el pasillo está solo, la puerta de cristal que abre hacia el balcón está cerrada.
Me encierro en mi habitación, tratando de tranquilizarme. ¿Quizás fueron imaginaciones mías? O ¿quizás él regreso? Pero jamás había hecho algo así.
Me cambio rápido, bajando a la cocina donde se encuentra Gabriel cocinando.
—¿Cómo te sientes?—Me pregunta al verme.
—Tengo miedo—Le confieso—Hace algunos momentos alguien se metió a la casa, no pude ver quiera pero estaba dentro de mi habitación.
—¿Qué? Y ¿Por qué no me gritaste?—Se encamina hacia a mí preocupado.
—No sé, me paralice en el momento, no supe que hacer— confieso.
—Ven—me abraza—Voy a revisar la casa en este momento. Todo va a estar bien.
—Gracias. Gracias por estar aquí —lo abrazo.
—Perdón, por irme—me dice.
Se separa de mí, dejándome sola en la cocina, mientras él se va a revisar la parte de arriba de la casa, en la parte de abajo también la revisa. Tarda para regresar a la cocina.
—No hay nada, todo parece estar bien—se sienta alrededor de la mesa—Por el momento es mejor que te duermas en una de las habitaciones de los huéspedes, así estas en el piso de abajo y cierra tu puerta con llave.
Asiento, mientras nos quedamos en silencio los dos.
Gabriel parece tener miedo pero no quiere demostrarlo frente a mí, quiere ser fuerte cuando estoy con él.
—Vi el pronóstico del clima, empeorara esta semana, no podremos salir—informa—esperemos que mejore lo más pronto posible.
Sabemos que si el clima empeora aquí no es muy viable irnos, los accidentes son muy comunes por estas zonas montañosas y lejos de la cuidad.
—Estaremos bien. Le aseguro—saldremos cuando el clima mejore.