Los dos dejamos el tema y comemos platicando de algunas cosas banales de su trabajo. Gabriel se va a su habitación a seguir trabajando; siempre ha trabajado desde casa cuando llego aquí.
Me voy a mi habitación para tomar una pijama y bajar al piso de abajo. Llego a una de las habitaciones vacías, acomodando mi cama para dormir.
Me acuesto recordando lo que dijo él, ¿Quién está ocasionando las muertes? Dijo que alguien cercano, pero no tengo a nadie más, solo a Gabriel y él. En la iglesia también tenía conocidos pero no lo suficiente para que fueran muy cercanos a mí.
Y si es la misma persona que se metió a mi habitación.
Me da terror solo de pensar que nos quiere hacer daño. Nunca hemos destacado en este pueblo, al menos yo no, pero madre sí.
Madre era una mujer hermosa, a pesar de que siempre vestía con vestidos que tapaban todo su cuerpo, el cabello amarrado y sin ninguna gota de maquillaje. Era llamativa a los ojos de las demás personas y mi hermano saco su belleza de mi madre.
Me quedo dormida después de unos momentos.
Al otro día mi hermano salió temprano por algunas cosas, me quedo en casa estudiando los libros que me dio. Estoy en la terraza escuchando la lluvia caer.
La hora llega, las campanas empiezan a repicar.
—Veo que aun eres devota a la iglesia— habla detrás de mí.
—Es la costumbre— respondo sin girar la cabeza hacia a él.
—Aún recuerdo cuando esos ojos tuyos me miraron por primera vez en esa iglesia, cuando por fin después de tanto tiempo notaste mi presencia.
—Te acercaste a nosotros a presentarte, como no querías que notara tu presencia.
Se ríe, mientras lo escucho acercarse y posicionarse cerca de mí.
—Nunca mirabas a nadie, siempre parecías estar en otro mundo, sin mirar a nadie, solo eras tú en tu pequeño mundo retorcido.
—No me importa lo que ocurre alrededor de mí.
—¿Eso crees?— pone sus manos encada lado de la silla, encerrándome.
—Claro, ¿crees que me importa lo que la gente hace o deje de hacer?—Lo miro a esos ojos bonitos.
—No me refiero a eso, ¿no te importa lo que le pase a tu hermano?
—¿A qué te refieres? — mi voz suena un poco temblorosa.
—A nada, solo comentaba.
—¿Tú sabes por qué mi hermano regreso?— Le pregunto de repente.
No responde, solo ríe como si fuera lo obvio.
La lluvia se intensifica más, mis ojos no pueden dejarlo de ver. Nunca le confesé que me importaba lo suficiente como para alejarme de él. Siempre tuve miedo de mis sentimientos hacia él. Lo mejor para mí era alejarme y olvidarme de esto.
—¿Ya lo pensaste? ¿Por fin, te iras conmigo?— me pregunta.
Solo le sonrió como si fuera lo obvio.
—Sabes, siempre te he admirado— confiesa de repente— jamás muestras tus emociones frente a los demás, siempre eres fría. Mirando a los demás como si nadie mereciera estar a tu lado.
Me sorprendo por sus palabras. Nunca lo había visto de esa forma, pero él siempre me dice cosas de ese tipo.
—Y los demás solo les queda mirar desde lejos tu belleza— continua— eso me llamó la atención de ti.
Roza su nariz con la mía, cierro mis ojos sintiendo la cercanía de sus labios con los míos, sentir su cuerpo muy cerca de mío.
—Sabía que no eras como las demás chicas del pueblo. Y cuando lo comprobé, ahí supe que serias mía y nunca dejaría ir de mi lado.
Mi corazón esta acelerado, siento mi piel arder con esas palabras que salen de su boca.
Sin pensarlo, lo tomo del cuello metiendo mis dedos entre su cabello suave nuestros labios se rozan por la cercanía, mis labios le dan un pequeño beso antes de que ese beso se vuelva intenso entre los dos. Su lengua juega con la mía, muerdo un poco su labio volviendo al beso.
Es como si todo alrededor de nosotros desapareciera, solo estamos nosotros dos; el sonido de la lluvia se mezcla con los jadeos del beso.
Cuando nos separamos, dejo un pequeño beso sombre sus labios.
Si antes mi piel ardía, ahora siento un fuego propagarse por zonas que no estoy dispuesta a darle atención.
—Hoy pregúntale a tu hermano a donde fue— me dice después de separarse de mí.
Lo miro sin entender, pidiendo más información pero ya sé que con él siempre es así; información a medias.
Cuando lo veo alejarse para irse.
—¿Ayer regresaste, después de que te fueras?—Le pregunto antes de que se vaya.
—No. ¿Por qué?
—Me pareció ver alguien en el balcón— solo me limito a decir eso.
Su mirada regresa a la mía frunciendo el ceño, regresa a mí.
—¿Cómo a qué hora sucedió eso?
—No lo sé, quizás una hora después que te fueras.
—Escucha lila, no salgas de noche, cierra bien la puerta de tu habitación— ordena molesto.
—¿Por qué? Hay algo que no sepa.
—Lila, por favor. No preguntes. Solo haz caso— me mira molesto.
—Tú no puedes venir a ordenarme a mi casa— le digo enojada- tú y yo no somos nada.
—¿Estas segura de tus palabras?
—Sí, nunca me escuchado decirte que somos algo, menos a ti. El que vengas por unos minutos a verme y solo a decirme que me vaya contigo, no quiere decir que seamos algo.
—Sabes que, no importa.
Si hace unos momentos me sentía bien con su cercanía, ahora la quiero lejos de mí.
—Bien, quiero te vayas en este momento.
—Me iré, antes de que me prometas que harás lo que te dije.
Tardó en responder, no quiero darle el gusto, pero sé que tiene razón. Y me da terror solo de pensar que él no era quien estaba aquí.
—Bien, lo prometo.
—Muy bien, adiós Lila— No contesto, solo lo escucho irse.
Mis manos empiezan con un ligero temblor, trato de no dejar que las emociones negativas me invadan.
Mis ojos se llenan de lágrimas, pero me niego a llorar. Siento el nudo en la garganta, solo trato de respirar una vez y otra vez más hasta que por fin me relajo.
Mi hermano llega después de unas horas, estoy sentada en el sillón leyendo un libro, cuando lo veo entrar. Llega con un ligero olor a cigarro, se me hace un poco extraño ya que nunca lo he visto fumar.