Lila

Capítulo 5

En mis planes anteriores antes de que llegara mi hermano al pueblo, me iba a escapar, irme de aquí antes de que él se enterara yo ya estaría lejos de aquí.

Pero Gabriel insistió en quedarse un año aquí mientras arreglaba situaciones antes de irnos, se tardó al menos un año en eso. Nunca lo vi socializar en el pueblo, siempre parecía estar trabajando en su habitación. Y algunas veces el salía por las mañanas.

Me prohibió seguir yendo a la iglesia, me compraba lo necesario para que no saliera al pueblo a exponerme demasiado.

Y cuando por fin nos íbamos a ir, él me vino a visitar después de no verlo como un mes. Me prohibió salir del pueblo, nunca le agrado Gabriel, decía que él no era la persona que yo pensaba que era.

No le creí. Él diría cualquier cosa con tal de que no me fuera del pueblo, poniéndome en contra de Gabriel.

Pero a veces quizás tenga razón, no sé por dónde estoy caminando; estoy en un camino a oscuras tratando de descifrar el camino correcto sin caerme, nadie me dice nada. Me tienen con una venda en los ojos, cegada, sin poder ver nada.

No puedo dejar que nadie siga tomando decisiones por mí. Pero vuelvo a caer en ese círculo vicioso de doblegarme ante los demás, sin poder replicar.

Al otro día Gabriel no se encuentra en casa, sus amigos se fueron con él. Anoche los vi salir a todos dirigiéndose al pueblo.

Termino de desayunar, me doy un baño largo y me pongo un vestido gris; me arreglo el cabello trenzándolo de lado.

Bajo a la sala, esperando a mi hermano; pasan algunas horas y no aparece. Me comienzo a preocupar por que la noche esta por caer y no ha llegado. No me quiero imaginar cosas horribles, trato de pensar positivo.

Los nervios siguen en aumento al ver que es la media noche. No ha llegado. Estoy sola en casa. Mi terror aumenta.

Subo la segunda planta para asegurarme de poner los seguros de las ventanas y puertas. Lo hago con cada rincón de la casa.

Al entrar a la habitación de Gabriel, me doy cuenta de papeles esparcidos por toda la habitación, tomo uno, pero parecen ser cartas.

Noviembre O.R.I.

Solo un año. Un año tendrás para entregarme lo que prometiste.

Febrero O.R.I.

Necesito una respuesta. Te estoy esperando ansioso.

Mayo O.R.I

Llevas medio año en ese maldito pueblo. ¿Cómo no has podido encontrar lo que buscamos?

Septiembre O.R.I

Voy a enviarte ayuda. No te deshagas de Lila, tráela conmigo.

Octubre O.R.I

Tendré que presentarme personalmente. No salgas del pueblo.

Y una tras otra voy leyendo con el corazón acelerado, las manos me sudan terrible. Mis ojos se llenan de lágrimas. Cuando veo una última carta.

Octubre P.W

Lila confía completamente en mí, ella piensa que soy hermano. Su madre la tuvo encerrada durante toda su vida como lo investigamos, no sabe nada sobre el pueblo. Esta loca. Tiene una obsesión con la iglesia igual que Amelia Celis M.

Su hermano estaría muy decepcionado cuando la vea personalmente. Pero se le pasara cuando encontremos lo que busca. Solo le interesa lo que su madre dejo en ese testamento para Lila Celis.
Nos vemos reuniremos en el bar del pueblo, al terminar el mes.

Att. Paolo W.

No puede ser. Deje entrar a mi casa un extraño, estaba tan feliz de que mi hermano hubiera regresado por mí, Gabriel que no es Gabriel, nunca mostro actitudes extrañas, siempre parecía estar para mí en cualquier momento. Por eso nunca dude de irme con él.

Aparte tiene cierto parecido a mi madre, como podría dudar de alguien así.

Las lágrimas corren por mis mejillas, pero el miedo sigue presente.

Más personas vienen, no sé qué buscan. Me tengo que ir cuanto antes de aquí. Paul no se puede enterar que me entere de esto.

Pero no tengo a nadie, estoy sola.

Salgo de la habitación para asegurarme que toda la casa esté cerrada. Busco en la habitación que era de mi madre algo que me dijera diera alguna respuesta de todo esto.

No hay nada. Desde que murió me encargue de guardar sus cosas, no encontré nada fuera de lo normal.

Amelia Celis era mi madre, una mujer cerrada con todas las personas hasta con su propia hija. A pesar tan devota a la iglesia jamás mantenía una conversación conmigo que no fuera más de cinco minutos.

Me siento destrozada, perdida conmigo misma. No que hacer, no sé qué ritmo tomar en mi vida y por si fuera poco estoy en peligro en mi propia casa.

El reloj da la una de la mañana. Estoy en una de las habitaciones de abajo, escondida, bajo las sabanas de seda.

El teléfono de la casa suena en la sala. No contesto, jamás habían llamado en la madrugada. No quiero contestar.

La casa se queda en un silencio tenebroso, el teléfono vuelve a sonar.

Con miedo salgo de la habitación, me dirijo a la sala. El teléfono sigue sonando, descuelgo.

—¿Hola?— Contesto quedando de pie frente a la ventana de la sala.

—¿Lila?— responde una voz de un hombre, no reconozco su voz.

—¿Quién habla?

—Vete lejos de esa casa, ellos van por ti— Su voz parece un susurro.

—¿De qué habla? ¿Quién eres?— el miedo se comienza apoderarse de mí en segundos.

—Ellos te quieren muerta, como lo hicieron con tu madre— se escuchan voces de fondo— tu madre escondió lo que ellos buscan.

—Yo no tengo lo que buscan… no sé qué buscan— mi voz se atraganta.

—Vete. Ahora. Están a punto de llegar— Cuelga.

Me voy rápido a mi habitación a guardar algunas pertenecías en mi mochila, la mayoría estaban en el auto, pero mi herm… Paul se lo llevo, solo tengo algunas prendas.

Pero y si es una trampa para que salga de casa, pero que tal si no es una trampa y entran por mí.




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