¿Qué hago? ¿A dónde iré en la noche?
No tengo dinero en efectivo.
Mi madre se encargó de dejarme toda su herencia a mí, como heredera universal. No sé de donde tenía bastante dinero mi madre, si nunca la vi trabajar, pero ella tenía muchas propiedades en este pueblo y fuera de este.
A mi verdadero hermano no le dejo nada. Solo a mí.
Ni a mí padre lo menciono en su testamento.
Y yo jamás he conocido las demás propiedades, nunca las menciono.
No me da tiempo cambiarme, solo me pongo un abrigo azul cielo, unas botas para el frio. Me quedo escondida en el armario de la habitación de mi madre, solamente con una mochila. No quiero salir, solo me escapare si escucho ruidos afuera.
El tiempo parece ser eterno, mis manos están sudando frio.
Pasan algunas horas más. Mi sueño comienza aparecer, pero afuera se escuchan voces, la madera cruje bajo varios pasos caminando por el pasillo.
Abajo se escucha como si movieran cosas de un lado a otro. Mis brazos se aferran a la mochila, salgo del armario para dirigirme a la ventana que da al bosque.
La abro con cuidado, sin hacer ningún ruido posible.
Todavía esta oscuro, aún faltan algunas horas para que amanezca. Dejo de llover hace algunas horas atrás. Salgo tratando de no resbalar en el techo inclinado del primer piso.
Cierro la ventana con cuidado, mis pies se resbalan cayendo de espaldas en el césped. Mi cabeza me comienza a pulsar del golpe.
Me levanto lo más rápido que puedo. Mi pie se me lastimo en la caída, pero aun puedo correr, con un leve dolor.
—¡Ahí esta!— escucho que alguien grita desde adentro de la casa.
Empiezo a correr adentrándome en el bosque. No busco a ninguno de mis vecinos, ellos nunca me ayudarían. Odiaban a mi madre y ninguno del pueblo te ayuda, ellos temen a las mismas personas del pueblo.
Sigo corriendo sin mirar atrás, trato de no tropezar con las piedras mojadas. Escucho detrás de mis pasos, el miedo se comienza apoderar de mí, las palpitaciones se hacen más frecuentes, la respiración empieza a faltarme, siento que en ese momento voy a morir.
Mi vista se desenfoca, haciéndome caer de rodillas. Las voces se escuchan a lo lejos, no las puedo distinguir.
—¡Ayúdenla!— gritan.
Alguien me toma de los hombros haciéndome voltearlo a ver, es él, es Caleb. Veo el cabello rubio caerle al rostro.
—¡LILA!— me toma del rostro— ¡Todo va a estar bien! Respira… respira. Todo está bien.
Escucho su voy a lo lejos, respiro poco a poco. Después de unos largos minutos. Tardo en enfocarme donde estoy, veo su rostro preocupado de Caleb.
Comienzo a llorar sin ninguna razón, siento sus brazos rodearme.
—Estas a salvo, tranquila— me dice al oído.
No puedo dejar de llorar.
—¿Ella está bien?— Alguien pregunta a su espalda de Caleb.
—Sí, está bien.— se separa de mí, dándome un beso en la frente— Ven debemos irnos. No podemos quedarnos aquí.
No digo nada. Me ayuda a levantarme. Veo que hay dos personas más con él, una mujer y un hombre.
No pregunto quiénes son, solo camino dejándome guiar por él. No me siento con la suficiente fuerza para preguntar a donde me llevan. Caminamos entre el bosque oscuro, ellos parecen saberse el camino de memoria por que se mueven entre bosque como expertos.
Mi mano se aferra a la de Caleb, que no la ha soltado desde que me encontró.
Caminamos en silencio, escuchando moverse los arboles con el viento, la hojas mojadas bajo nuestros pies.
Llegamos a la carretera hay un auto negro estacionado en la orilla.
—Vamos sube— Me sube Caleb atrás con una chica castaña.
Caleb y el otro chico se suben adelante. Comienza a conducir entre el bosque, adentrándose a la zona donde no podemos ingresar o eso es lo que decían los pueblerinos que entraban y no salían jamás.
—¿A dónde nos dirigimos?— pregunto sin despegar la vista del bosque oscuro.
—Vamos al siguiente pueblo—me responde la chica castaña.
—¿Ustedes que hacían en el bosque? ¿Cómo supieron que estaba ahí?
—Íbamos para tu casa a buscarte, cuando te vimos caer del segundo piso y comenzaste a correr— voltea Caleb a verme.
—¿Por qué me buscaban?— lo volteo a ver.
—Alguien me llamo, que estabas en peligro— su ceño se frunce— así que vine lo más rápido que pudimos.
—Alguien me llamo diciéndome que ellos venían por mí.
—¿Dónde está tu hermano?