Mis labios se sellan en ese momento, no quiero hablar sobre eso con él. Aun no confió completamente en él.
—Tranquila, si no quieres. No pasa nada—. Me dice al ver que me he quedado callada.
Conduce por un largo rato, el cielo se comienza a aclarar. La neblina es ligera, no es tan pesada como la del pueblo.
La entrada de este pueblo es muy distinta a donde vivía. Este pueblo no parece tener casas enormes estilo victorianas, si no más comunes pero hermosas.
Nos detenemos en una casa, bajamos del coche.
—Esta es casa de Hanna—. Me aclara al ver mi duda al entrar.
—¿Qué hacemos aquí?
—Adentro te contare todo. Créeme que jamás haría algo para lastimarte—. Me promete.
Camino dentro de la casa, es acogedora, muy linda con colores alegres y no tristes como la casa de madre. Tiene muchas plantas adentro en diferentes lugares de su sala.
—Es muy linda—. Alago su casa a Hanna.
—Enserio. Mi madre decía que era horrible tener muchas plantas dentro—. Observa su casa.
—No, es muy linda. Me gusta—. Le doy una pequeña sonrisa.
Los chicos entran a la cocina a traer té para el frio.
Me siento en uno de los sillones color ocre.
—Te vez pálida, ¿estas bien?—. Pregunta Hanna, tomando asiento a un lado de mí.
—Sí, solo un poco mareada.
—Entraste en una crisis de pánico—. Afirma tomándome de la mano.
—Sí, creo que fue demasiado estrés, estos últimos días.
—Puedes quedarte aquí, el tiempo que quieras—. Me ofrece su casa.
Los chicos entran con tazas de té. Las dejan sobre la mesa de madera al centro de la sala.
—Por fin me dirás todo—. Le pregunto directamente a Caleb.
—Lila, yo no sé toda la historia. Solo te diré lo que sé—. Se sienta en el sillón individual—. Hace algún tiempo hubo un robo de piedras preciosas, las personas que robaron las piedras se escondieron por años entre estos pueblos. Todos se obsesionaron con ese tesoro, al ver al pueblo con más dinero lo vigilaron por algún tiempo, pero las personas que fueron investigadas murieron de la forma más extraña.
—¿Y eso que tiene que ver conmigo? ¿Piensan acaso que yo tengo esas piedras?
—Tu no, pero tu madre era la última sobreviviente que sabía dónde estaba ese mapa.
—¿Mi madre que tiene que ver esto?—. No entiendo nada.
—Tu madre fue una de las cómplices en robar esas piedras. Pero supo esconderse bien y desviar la atención- le toma un sorbo a su té.
—Ella siempre estuvo a mi lado, nunca la vi actuar de forma extraña.
—Tu madre no robo las piedras estando contigo. Las robo cuando era más joven. Tu madre era una ladrona experta—. Habla por primera vez el chico castaño, viéndome desde el otro extremo de la sala.
—¿Tu como sabes eso?—. Lo miro.
—La investigamos. Nuestra madre fue su amiga en esos tiempos, nuestra madre fue cómplice también—. Dice Hanna a mi lado.
—¿Y ellos quieren esas piedras? Si no me equivoco—. Los miro a todos detenidamente.
—Sí, ellos piensan que tu madre te dejo la ubicación de ese mapa.
—Yo no tengo nada, a mí no me dejo nada—. Me siento un poco perdida con todo lo que dicen, como si fuera alguna broma irreal.
No puedo pensar en solo la idea de que mi madre fue una ladrona y robo algo tan valioso como diamantes.
Pero jamás me hablo sobre de donde salía tanto dinero para vivir cómodamente en un pueblo misterioso pero con mucho lujo.
Y acaso mi padre sabia sobre esto, ¿Por qué abandono a mi madre? ¿Por qué dejo que se llevara a mi hermano? No hay respuestas, solo sigo con muchas dudas.
—No sé, todo esto parece irreal. Ni siquiera sé si les creo—. Confieso.
—Sabemos que esto no parece real, pero es muy real—. Me extiende un periódico viejo—. Es un boletín de tu madre donde era la persona más buscada, junto a otros cómplices.
Tomo el periódico, miro la imagen de mi madre más joven. Si antes de morir era hermosa, aquí refleja la belleza que era antes. Solo que con el cabello más cortó, su ropa parecía revelar más de lo debido, en otra de las fotos sale con el rostro tapado, solo mostrando sus ojos con heterocromía.
En las siguientes fotos es ella junto a otros cinco chicos, entre estos; tres chicas y una de ellas tiene mucho parecido a estos dos hermanos que están viéndome.
La nota dice ser que los buscan por robos pequeños y robos grandes, pero a ninguno los atraparon, de hecho cada uno murió de casi la misma forma, casi todos murieron en dos años.
—Ahora nos crees—. Me dice Caleb.
—No sé qué decir, creo que sí—. Dudo al responder.
Después de un rato ellos me brindan una habitación para descansar un rato.
No puedo dormir. No puedo creer que hace algunos días estaba en casa empacando para comenzar una nueva vida lejos de aquí.
Y ahora estoy aquí escondida con el miedo que me atrapen y no sé qué me hagan.