Lila

Capítulo 8

Alguien toca la puerta de la habitación con suaves golpes; le digo que puede pasar, levantándome de la cama.

—¿Cómo sigues, estas mejor? — Caleb entra despacio.

—Si estoy un poco mejor.

—¿Qué harás ahora, te iras o te quedarás?

—Me iré, no tengo nada que hacer en este pueblo.

—Ellos no se casaran de seguirte. Te encontraran en donde estés.

—Lo sé, pero les diré que yo no tengo lo que ellos buscan.

Él me mira incrédulo.

—Enserio, crees que ellos aceptaran tu respuesta como si nada. Ellos serían capaz de hacerte cosas que no quiero ni pensar.

—¿Tu como sabes eso? ¿Cómo sabes tanto de ellos?

—Porque, esas mismas personas asesinaron a mi padre—. Camina despacio a la ventana en donde los primeros rayos de sol se cuelan por la ventana—. Mi padre me dejo una carta, en donde me confeso la mayoría de cosas. Vine aquí, conocí a los mellizos y después nos enteramos de las muertes que hubo en tu pueblo, así que fuimos a investigar y fue como te conocí, como conocí a tu madre.

—Su madre de los mellizos, también ¿murió?

—Sí, ella murió antes de que yo llegara a este pueblo.

Nos quedamos en silencio, no quiero seguir preguntando más, sería involucrarme en sus vidas y no quiero.

Solo escuchamos el sonido utensilios en la cocina y escuchando como mueven de un lado a otro los sartenes.

—Ven, te estamos esperando para desayunar.

Salgo de la habitación, un poco desaliñada con el cabello hecho un estropajo; sigo en pijama, mis ojeras resaltan mucho.

Saludo a Hanna que está sentada en la mesa con su celular, Oliver es el hermano mellizo de Hanna, él esta entretenido cocinando.

—¿Te gustan los huevos con tocino?—. Me pregunta Oliver.

—Sí, claro. ¿Quieres que te ayude?

—No. Ya está todo listo. Siéntate y disfruta este desayuno.

Me siento frente a la mesa de cristal con flores anaranjadas al centro. Todos parecen fingir que nada está pasando. Como si fuera lo normal de cada día.

—Vamos a salir a ver a alguien, ¿quieres ir?—. Pregunta Hanna, tomando un sorbo de su jugo de naranja.

—Sí, claro.

Terminamos desayunar, me dan permiso de usar su baño, me aseo y me pongo un vestido color crema al igual que los demás simples. Y me trenzo el cabello.

Afuera el clima es más cálido que en el pueblo donde vivía, hay personas paseando afuera. Caminamos por el centro del pequeño pueblo, el olor a frutas y flores que ofrecen los mercaderes son hermosas.

Niños jugando sin tenerse que preocupar por el peligro que corren.

Llegamos a una casa alejada del pueblo. Tiene una tinta de estar abandonada por el aspecto que tiene por fuera.

—Aquí, ¿Qué es?— Pregunto inspeccionando la casa con desconfianza.

—Es la casa de Keith es un amigo de nuestra familia, él no va a ayudar a escapar de este pueblo.

—¿Espera? Ustedes se quieren ir de pueblo —. La miro sorprendida.

—Sí, nosotros no queremos saber nada del pasado de nuestra madre, pero no es tan fácil salir de aquí.

—¿Por qué?

—Porque ellos no dejaran que nos escapemos—. Hace una pausa—. No antes de que les demos lo que buscan.

—¿También los buscan a ustedes?

—Si, por razones distintas pero a todos nos buscan.

No comentó nada al respecto, cuando la puerta se abre. Dejándome ver a una mujer pelinegra, con una vestimenta un poco extravagante, un top negro demasiado corto solo cubriendo sus pechos y la falda negra que está más arriba del muslo.

Nos mira a todos con fastidio.

—¿Qué quieren?, ya les dije que no lo vengan a buscar—. Se para de brazos cruzados en la puerta, moviendo su cabello negro de un lado a otro.

—Tu quien eres para decidir eso—. Le responde Hanna—. No venimos a verte a ti.

—Él no quiere verlos—. Nos mira, deteniéndose en mí— sobre todo con la nueva inquilina que trajeron.

La observo atenta a cualquier cosa que haga, es bonita. Pero hay algo en ella que me deja una sensación de desconfianza. Sus ojos marrones mi miran de arriba abajo inspeccionándome.

—Quítate Olivia—. La hace a un lado Oliver pasando.

—¡¿Quién te crees?!— grita—. No me toques. Ustedes no tienen derecho de estar aquí.

—Basta Olivia— habla una voz bajando las escaleras—. ¿Qué está pasando aquí?

Veo a un chico bajando las escaleras, viene con el torso denudo solamente con los pantalones de la pijama. Nunca había visto a un hombre semi desnudo.

Lo admito me quedo detallándolo, sus cabello negro desordenado, su piel pálida, alto, tiene el abdomen bien formado.

Mis mejillas se sonrojan. Volteo a otro lado que no sea él.

Estoy pecando con el pensamiento. No debo. No puedo.

Me doy cuenta que la tal Olivia se da cuenta, se acerca a él para besarlo con intensidad. Sin importarle la incomodad que genera ese momento.

Keith se separa de ella, se da cuenta de mi presencia y me mira con intensidad. Me hace sentir rara.

—Amor les dije que se fueran, que no era momento—. Le dice haciendo una voz distinta a la que hizo hace un momento.

—¿Qué los trae, por aquí?—. Mira a los demás alejándose de Olivia.

—Sabes a que vinimos. Necesitamos salir del pueblo, sin que ellos se enteren—. Habla Oliver.

—Humm—. Solo dice eso. Mientras se sienta en unos de los sillones negros—. ¿Por qué la trajeron?

—No podíamos dejarla. Esta sola—. Habla Hanna.

—Ella no puede irse de aquí—. Saca un cigarro, lo enciende y da la primera calada.

—Eso tu no lo decides—. Habla Caleb, mientras se sienta frente a él.

Keith da una sonrisa torcida y deja salir el humo.

—Yo no lo decido—. Hace una pausa—. Lo decide su hermano.

Me tenso cuando menciona a mi hermano. Ni siquiera lo conozco y ya toma decisiones por mí.

No puede ser, una vez más todos están tomando decisiones por mí. Como si yo no estuviera aquí. Como si voz no tuviera voto aquí.

Lo peor es que así lo he decidido yo. No se cómo replicar ordenes de los demás. He sido criada para obedecer para no romper reglas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.