Me salgo de esa casa sin mirar a nadie.
Ni siquiera Caleb replico para nada, solo observaba la escena sentado.
No sé por qué razón estoy aquí. Ellos no son nada mío, ni siquiera los conozco.
Debería irme yo sola. No necesito de su ayuda.
Camino alejándome de la casa fea, veo a la gente vestirse diferente a lo que yo soy.
Las chicas de mi edad llevan ropa bonita, seguras de ellas mismas y son bonitas. Mientras tanto yo soy miedosa, me importa la opinión de los demás, me da miedo ser juzgada.
Camino a un pequeño parque casi vacío a no ser por unos cuantos niños jugando.
Me siento en unas de las banquetas de madera. Veo la gente comerciante pasar con diversas flores, frutas, comida.
Solo quiero disfrutar un poco de libertad, antes de volver. Solo quiero unos minutos de paz; pensar en que voy hacer antes de regresar.
Todos ellos mienten. Tengo una extraña sensación acerca de ellos. No me han dicho la mitad de la verdad.
Pero ¿Qué puedo hacer?
Regresar a casa de mi madre, buscar los papeles de las propiedades e ir a vivir por un tiempo ahí. Mientras se calma esto, pero... no quiero ir sola.
De mi bolsa saco un teléfono que hace mucho era de mi madre, casi nunca la vi ocuparlo.
Lo prendo y ahí veo dos llamadas perdidas y un mensaje de un número no registrado.
No confíes en nadie, todos te mentirán, todos quieren algo, todos te vigilan.
Releo el mensaje, una y otra vez.
Fue escrito hace algunas horas, es reciente.
Camino sin rumbo fijo por el pueblo.
Veo a dos personas caminando hacia a mí, cuando pasan a un lado de mí, me empujan brevemente. No les tomo importancia, llego a un pequeño local de artesanías antiguas.
Un señor con canas y un bigote, me mira con atención cuando me acerco a ver algunas de las figuras extrañas que vende.
—¿Te gusta algo?—se acerca mientras veo él alhajero de joyas hecho de una madera bonita.
—Solo veo, gracias.
—¿No eres de por aquí, verdad?— me pregunta curioso.
—Solo visito a unos familiares.
—Con razón, nunca te había visto. Se nota que eres del pueblo vecino—. Me examina de arriba abajo.
—He si, muchas gracias—. Me alejo, pero el señor me dice antes de irme.
—Ten cuidado, no andes sola por estas calles. Es peligroso, para una jovencita de tu clase.
Me pone nerviosa cuando me dice eso. Me alejo del lugar sin llamar la atención. Camino entre las calles, no me había dado cuenta que la mayoría de las personas me voltean a ver curiosas.
Quizás es por tipo de vestimenta que llevo que destaca en el lugar, todos los pueblerinos llevan ropa más colorida y bonita. Mientras la mía es un vestido casi blanco simple y que tapa todo mi cuerpo.
Llegó go a el mismo lugar de donde inicie la caminata al principio; el parque.
Alguien toca mi hombro por detrás, volteo y veo a Oliver con las manos metidas en sus bolsos del jens negro. Sus ojos marrones me miran curioso.
—Te estábamos buscando, ¿Dónde estabas?—. Pregunta con calma.
—Solo camine un poco para distraerme—. Mis ojos detallan sus facciones de este chico castaño.
—¿Estas bien?
—Sí, estoy bien—sonrío.— Solo necesitaba un poco de tiempo para pensar.
—No le prestes atención a Olivia, es una mujer un poco difícil de tratar.
—Ella no me interesa, solo quiero salir de aquí.
—¿Eso es lo que quieres?
—Sí, no quiero saber nada más sobre los pueblos.
—Eso es lo que haremos, saldremos de este pueblo—. Asegura sonriente—. Los demás se quedaron planeando todo.
—Creí escuchar que Keith no quiere ayudarme—. Observo fruncir el ceño y comienza se lleva una de sus manos a la barbilla, hace la simulación de rascarse disimuladamente.
—Él te ayudara, lo prometo—. Dice después de unos segundos de silencio.
—¿Por qué quieren ayudarme? ¿Ustedes en que se benefician con todo esto, con sacarme del pueblo?
—¿Crees que nosotros tenemos un interés especial?
—No lo creo, es un hecho—. Su mirada se desvía hacia otro lugar.
—Solamente tratamos de ayudarte. Pero si no quieres esta bien. Tampoco vamos a perder el tiempo con alguien que piensa que le haremos daño después de ir ayudarla cuando huía—. Se da la vuelta para comenzar a caminar por donde venía.
—Espera—. Lo detengo—. ¿me prometes que me ayudaran?
—Ya te dije que sí.
Los dos nos encaminamos hacia la casa de Keith. El camino se vuelve silencioso a lado de Oliver, el parece estar perdido en sus pensamientos.
No me molesta estar en silencio al caminar con él. Estoy acostumbrada a los silencios.
Tiene cierto parecido a su hermana, en el cabello castaño y el color de ojos. Pero él parece ser más serio y ella más sociable.
Pero ambos parecen ser muy cercanos a Caleb.
—¿Cómo era tu madre?— su pregunta me toma por sorpresa.
—Ella era una mujer de pocas palabras— respondo, pensado que quizás esa respuesta es como definiría a mi madre.
—¿Ella era feliz?—. Camina a mi lado, pero solamente se detiene por un minuto para verme.
—Si. Ella era feliz—. Dudo de mi respuesta.
Claro que se perfectamente la respuesta. Mi madre no era feliz, solamente era una mujer vacía que se refugió en la iglesia donde llenaban ese vacío que alguna vez fue llenado.
Ni siquiera recuerdo algún momento de ella sonriendo. Ni siquiera con mi padre era una mujer feliz.
— Dalila Kand; ella era mi madre—. Comenta con amargura, como si estuviera recordando algo—. Una mujer insegura de sus acciones, solo hablaba de como autodestruirse sin importarle que nosotros estuviéramos escuchando cada vez que ella decía que se quería morir o prefería morir antes de seguir sufriendo.
Guardo silencio, soy muy mala dando palabras de aliento. Creo que los dos estamos jodidos de alguna manera.
—Verla morir frente a nosotros fue un golpe muy duro, pero Hanna y yo tratamos de sobrevivir a este proceso muy duro— sonríe con burla— como si fuera poco nos enteremos de que ella era una ladrona muy buscada por todo el país y que ahora nosotros tenemos que lidiar con aquellos que piensan que nosotros tenemos algo que no tenemos.